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Teólogo y filósofo José Ignacio González Faus: Más calidad que cantidad, la Iglesia en el cambio de época

Conoce y ha estado en casi todo los países de América Latina, solo le han faltado dos, Chile entre ellos. Pese a su pensamiento progresista y ser un gran entendido en temas como la idolatría del dinero o el rostro de Dios, él se considera solo “un puente” entre la teología latinoamericana y la teología política europea. En esta entrevista, aborda los grandes temas de la iglesia y el mundo moderno.
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José Ignacio González Faus, es un jesuita, nacido hace 87 años en Valencia (España). Hoy vive a 12 kilómetros de Barcelona, en un pueblito que se llama Sant Cugat del Vallés. “Sant Cugat, traducido al castellano, es San Cucufato, un santo poco conocido, no se sabe mucho de quién era, pero cuentan que es un mártir, que murió ahí, que venía de África a cristianizar España, y al desembarcar lo mataron”, nos cuenta al iniciar.

Añade que mientras realizaba su tesis doctoral en Alemania, se ganaba su sustento siendo capellán de los migrantes de aquella época, y en la misma ciudad donde estaba de profesor de dogmática de entonces, Joseph Ratzinger, quien al iniciar este siglo fue elegido papa y se convirtió en Benedicto XVI.

Acota que ser capellán de inmigrantes muchas veces implica ser intérprete, “porque eso es lo que más necesitan los migrantes”. Al concluir su tesis, dice que quiso dedicarse a la pastoral de migraciones “pero una emigrante española, una gran mujer, que ya murió y que había migrado por razones económicas y afectivas, me dijo: ‘no, no, no, José Ignacio, tú vuelve a casa y ayúdanos con tu palabra’. Y volví a casa”.

Desde entonces, su palabra es orientadora para miles cristianos y cristianas que le siguen en todo el mundo.

González Faus es Licenciado en filosofía (Barcelona, 1960), fue ordenado sacerdote el 28 de julio de 1963 y posteriormente se doctoró en Teología en la universidad austríaca de Innsbruck en 1968. Anteriormente cursó estudios en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma (1965-66) y desde 1968 es profesor de Teología Sistemática en la Facultat de Teologia de Catalunya, (Barcelona). Además, desde 1980 ofrece regularmente clases en la Universidad Centroamericana (UCA) en San Salvador y ha viajado como profesor invitado a distintos países de América Latina (México, Brasil, Uruguay, etc.). De 1968 a 1977 fue director de la revista Selecciones de Teología, y desde 1981 al 2005, responsable académico del área centro de estudios sociales y teológicos Cristianisme i Justícia de Barcelona. En la actualidad continúa siendo miembro del Área Teológica de dicho centro. Ahí lo encontramos y accedió gentilmente a esta entrevista telemática.

Nueva época

— Estamos viviendo un cambio de época que va generando no solo templos vacíos sino que almas vacías. ¿Qué reflexión le genera esta realidad?

— Primero hay que definir un poco en qué consiste el cambio de época, porque hay dos campos distintos. Por un lado, la sociedad ha pasado de ser una sociedad más religiosa a una sociedad más secular, más laica. Con esto, corre el peligro de que, en vez de laicidad, caigamos en un laicismo. Eso es innegable. Por otro lado, por la razón que sea, a mí me parece que la Iglesia ha entrado en una crisis seria, por lo menos en lo que era el occidente cristiano. Eso no me perturba mucho, porque, como otras muchas crisis, puede servir para pasar de la cantidad a la calidad.

En la España, que es el país que yo conozco, cuando era niño todo el mundo era católico, todo el mundo era cristiano. Era una religiosidad impuesta, que a algunos les puede ayudar, a muchos les rebotó.

Ahora, con la mala imagen que los medios presentan de la Iglesia y con los pecados que tiene la Iglesia, también, yo he dicho algunas veces, que hay jóvenes cristianos hoy, que son mucho más cristianos de lo que era yo cuando tenía su edad. A pesar de que yo antes era jesuita y, a lo mejor, ellos ahora tienen novio o están casados o lo que sea. Creo que donde nos puede llevar el Espíritu es a esto, pasar de un cristianismo de cantidad a un cristianismo de calidad. Eso sería lo primero.

Lo segundo, cosa que puede ser preocupante, es que la crisis es sobre todo típica de lo que era, o lo que podemos llamar, el occidente cristiano. En oriente, el cristianismo no está crisis. Yo soy jesuita, ya lo sabes, bueno, en España si tenemos siete vocaciones, en toda España, de jesuitas, ya aplaudimos. En Vietnam, el año pasado admitimos 47. En un país como Vietnam. Y después de que los solicitantes pasaban de 100. Porque ahí se les examina mucho. ¿Qué quiero decir con esto? La crisis de Europa puede favorecer el crecimiento del cristianismo en Asia y África, que será muy bueno, pero el cristianismo occidental ha adquirido los derechos humanos y el sentido social, que a lo mejor estas iglesias que vienen del oriente, no lo tienen tan desarrollado ni es para ellas tan importante.

Por ello, el pasar de la cantidad a la calidad, implica ver también cómo transmitimos, que está dado por lo que a mí me parece que son grandes valores, adquiridos gracias al progreso de la Iglesia, a la modernidad, y a muchas cosas que se han ido recuperando, que pueden estar simbolizadas en el sentido social del papa Francisco”.

¿Y sobre las consecuencias espirituales de este cambio de época?

— Una expresión que antes has dicho, que me gustó: “los templos vacíos y las almas vacías”. Los templos están vacíos, en parte, por culpa nuestra. Yo no sé en Chile cómo irá, pero puedo decir que, en España, por lo menos hace unos años, nuestra predicación era espantosa. Cuando yo era más joven, y un domingo me tocaba estar en Sevilla, en Madrid, en Zaragoza, por algún viaje, en lugar de celebrar misa en domingo, me iba a una iglesia cualquiera y oía misa allí. Y muchas veces salí pensando: “qué paciencia tienen estos cristianos, que aguantan estas homilías”. No sé si esto ha cambiado, porque hablo de… hace veinte años.

Pero, así como los templos vacíos pueden ser culpa nuestra, las almas vacías son culpa de esta sociedad. Y eso me parece muy importante. La sociedad de consumo que hemos creado no ofrece más meta para la vida que consumir.

A veces he parodiado a San Ignacio de Loyola, que dice: el hombre es creado para alabar y servir a Dios. La sociedad de hoy, dice: el hombre es creado para consumir y que de esta manera le aprecien los demás, algo así.

Llega un momento en occidente donde el consumo ya no satisface. Deja el alma vacía. Y eso es lo que hace que haya tantas búsquedas, desgraciadamente, equivocadas o perdidas, que se van a buscar al oriente, a buscar el radicalismo como la Yihad o cosas de ese género, que conquistan porque ofrecen una meta para vivir. La sociedad de consumo no ofrece ninguna meta”.

Mujeres e Iglesia

— Como usted sabe, el lenguaje construye realidad y en el proceso de empoderamiento de las mujeres en la iglesia hablamos de Dios, Padre y Madre. ¿Qué opina de esto?

— Todo este proceso de igualdad entre mujeres y hombres es algo muy cristiano. Sin embargo, no hay un parto que no esté acompañado de suciedades y, de peligro.

«A mí me ha ayudado estudiar, un poco, históricamente, algo de este tema de la mujer, la historia de la iglesia primitiva. Entonces, te das cuenta de algunas cosas que son importantes.

«Primera, en contra de lo que dicen muchas feministas, no fue el cristianismo el que creó la desigualdad. La sociedad griega era muy desigual en esto. Platón, con toda su sabiduría, dice que la mujer ha sido hecha sólo para la casa y el varón para la política. Incluso, parece mentira que lo diga alguien como Platón, solo se puede tener amistad con hombres, porque con los hombres puedes hablar de cosas serias, con las mujeres no puedes hablar de nada serio. Claro, esto solamente se puede entender cuando se conoce cómo estaba la mujer hace 25 siglos, en la Grecia de entonces. Aquí, el cristianismo fue realmente una auténtica revolución. Tanto que, de lo poco que se conserva de críticos, paganos o cristianos, una de las cosas que parece que escandalizó, es que corrompe a las mujeres.

San Pablo, que tiene algún texto muy discutible, dice que las mujeres vayan de lana, dice también que las mujeres que profetizan, vayan con velo. El velo es secundario, lo que importa es que la mujer puede profetizar. Y la profecía era, en la carta a los Corintios, por ejemplo, después del apostolado, el segundo gran carisma.

Este y otros indicios, permiten comprender que, en el cristianismo primitivo, hubo una situación de la mujer más sobria de lo que quisiéramos ver, pero escandalosa para aquella sociedad. Entonces, Pablo retrocede ante eso, porque a Pablo le parece que la meta primera es borrar la división entre paganos y judíos, antes que la división entre hombres y mujeres. Y es curioso que, una vez, en Gálatas 3:28, dice que en Cristo Jesús no hay varón ni mujer, señor y esclavo, judío ni griego; sin embargo, en otra cita, ha quitado lo de varón y mujer. Dice con Cristo Jesús no hay señor ni esclavo, judío ni griego. Porque para Pablo, la universalización del cristianismo era fundamental.

Luego, van surgiendo otras cosas, a lo largo de la historia.

Tengamos en cuenta, que la sociedad primitiva, un detalle que a mí me parece muy importante, aparte de que, en sociedades mucho más guerreras, como eran entonces, la fuerza física se sobrevaloraba, y el varón tiene más fuerza física, aparte de eso, en la antigüedad no se conocía el óvulo. Se creía que la única célula germinal era el semen del varón, con lo cual la mujer quedaba desvalorizada. Era como una tierra, como la tierra donde yo planto la semilla, pero la tierra no es fecunda, la fecunda era la semilla. Esta era la mentalidad.

Esto dio origen a una concesión de la superioridad del hombre, que la historia nos ha ido eliminando y tenemos que aceptar, porque la historia evoluciona para algo. Y cuando evoluciona bien, pues hay que aceptarlo. Esto me parece que es importante para todos los casos de violencia, por ejemplo, pero esta situación en que el varón se creía superior, era fundamental para la mentalidad de entonces, y esto en la Biblia lo podrás ver muchas veces en Salmos, la perpetuidad, perpetuarse, tener hijos, que mi apellido no se pierda. Y esto sólo podía dárselo la mujer, con lo cual, con todo su sentido de superioridad, el varón tenía una dependencia de la mujer, aparte del atractivo sexual del cuerpo de la mujer; pero, aparte de eso, que sin la mujer no podía procrearse. Y esto generaba una relación que era, a la vez, de admiración y de odio.

He hablado mucho de esto, por un lado, se diviniza a la mujer, ahí tiene las grandes estatuas, pero, por otro lado, al divinizarla, se la objetiva. Y esto, yo creo que se prolonga bastante en mucha literatura nuestra.

En algún sitio he citado la literatura, más bien pornográfica, de Henry Miller, que por un lado la mujer está altísima, pero es un objeto. Puedes tener una relación de posesión, pero no de igualdad. Y me acuerdo, alguna vez, hablando de esto, cité uno de esos corridos mexicanos, que a mí me gustan mucho, que empieza: ‘Qué voy a hacer si de veras te quiero, ya te adoré y olvidarte no puedo. Y aunque no tenga fortuna, me querrás poquito a poco”, pero luego termina: ‘Porque yo he de ser tu dueño’. O sea, mucha humildad me hace querer, pero yo he de ser tu dueño. Esta ambivalencia de la relación se ha dado mucho. Y esto es lo primero que tiene que disolverse. Y en esto deben de colaborar en ello las mujeres también. Porque a veces, muchas feministas se preocupan más de decir ellos y ellas y padre y madre, que, de la enorme esclavitud de muchas muchachas sometidas al trato de prostitución, que clama al cielo.

“Esto es lo primero que tiene que hacer el feminismo, luego diremos, como decimos en España, los vascos y las vascas o los chilenos y las chilenas. Esto tiene mucha más continuidad, luego ya se concretarán diversos puntos. Quiero añadir una cosa, que en Chile habrá pasado seguramente lo mismo, mucha gente católica, poco instruida, de aquellos que en España decíamos que tienen la fe del carbonero, bueno, la tenían muy introyectada.

“Hace sesenta años, yo tenía una tía muy conservadora, muy católica. La primera vez que fue a una iglesia donde salió una mujer a leer volvió a casa diciendo: ‘ya no vuelvo más a misa a esa iglesia, porque ha salido a leer una mujer, y quizá con quién se habrá acostado anoche’. Y su hermana pequeña le dijo: “¡animal! si sale un hombre no se habrá acostado con nadie” (Risas). Esta escena yo la viví… Es muy importante que todo este cristianismo conservador, por ignorancia, también sepamos darle paz, quitarle el escrúpulo, no hacerle creer que está haciendo ninguna barbaridad. Y para esto es muy importante, también, el ejemplo de Jesús, que en su tiempo escandalizó, porque hay una oración judía, que se conserva, ‘Señor, te doy gracias, porque no me has criado animal, ni pagano, ni mujer’. Sabemos que cuando la mujer salía a la calle, iba siempre detrás del marido, ni siquiera al lado. Y cuando el marido se encontraba con un amigo y empezaban a hablar, la mujer se quedaba ahí, calladita. En este contexto, cuando Jesús conversa con las mujeres, era un verdadero escándalo».

Patriarcado

Me parece muy interesante su reflexión pero nos pegamos un salto desde la iglesia primitiva al hoy, y resulta que desde hace 500 años al menos las mujeres eran echadas a la hoguera, y hoy por hoy, a distintas hogueras modernas e institucionales, como la mantención de una estructura eclesial patriarcal.

—  Sí, han pasado muchos años. Has citado lo de las brujas. Las brujas eran el epíteto femenino de los herejes. Porque las mujeres eran tan inferiores, que no podían ser ni herejes. Entonces, las llamaban brujas y bueno, todas terminaban en la hoguera. Pero mira, no me quisiera equivocar de santo, pero hay varios como Fray Luis de Granada o San Juan de Ávila, que dijeron que la gente que muere en la hoguera son mártires. Ya entonces había cristianos que intuían que eso no era evangélico. Eran silenciados, eran castigados, pero a la larga lo que queda es la palabra de San Juan de Ávila y no la de los inquisidores.

“Yo he tenido la paciencia de leerme, por amistad con las Carmelitas, todas las acusaciones contra Teresa de Ávila, luego de muerta, por un inquisidor que, además, las basaba en las palabras de un delator. Este les decía a los inquisidores: ‘es que yo me estoy jugando mi salvación eterna, si no les denuncio a Santa Teresa y si ustedes no la condenan’. Hoy en día, me gustaría saber en ese más allá, qué pensará ese pobre delator, que aquella Teresa hereje es doctora de la Iglesia.

“Hemos de saber una cosa que la misma Teresa decía, que es muy bonita: ‘la verdad padece, mas no perece’. Y si de veras tenemos la verdad, poquito a poco se irá abriendo camino. Eso supondrá mártires, supondrá perseguidos, pero a la larga… Fíjate en otro contexto, ahora muy distinto, todos los teólogos que Pío XII condenó, fueron los teólogos invitados por Juan XXIII a participar en el Concilio Vaticano II como asesores de los obispos”.

La sinodalidad y el proceso de escucha

Volvamos al presente. El papa Bergoglio, jesuita como usted, nos ha invitado a realizar la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que tiene en forma previa, un importante “Proceso de Escucha” de lo que dice el Pueblo de Dios hoy. ¿Qué significa escuchar hoy en el actual contexto? ¿Con qué y cómo debemos escuchar?

Buena pregunta y con difícil respuesta. En primer lugar, escuchar no significa solamente oír, porque yo puedo estar distraído mientras oigo. Significa oír sin ningún prejuicio previo. Porque cuántas veces le pasará a usted, me pasará a mí, cuando vemos al otro y lo medimos. Este es de esta corriente, este es de aquel, este no sabe de esto, este no sabe de aquello. Y todo lo que oímos lo vamos ya etiquetando de una manera. Por lo tanto, oír sin poner etiquetas.

“Luego, se trata de oír a todos. Nos daremos cuenta de que hasta el más distante de nosotros puede tener algo de verdad. Eso es una cosa importante. Se escucha para dialogar. Pero ¿qué significa diálogo? Diálogo es una palabra griega, día-, que significa atravesar, y -logos es la palabra. Por lo tanto, que la palabra del otro me atraviese y la reciba y que algo de ella se quede en mí. Será el 1%, el 5% o será el 90%… no sé. Pero dejarse atravesar por la palabra del otro. Y, por lo tanto, ver qué puede haber de verdad en todo aquello que me parece condenable.

“Por otro lado, si escuchamos a todos, nos daremos cuenta de la existencia de pluralidad de opciones. Como la realidad es muy plural, cada uno se fija en un aspecto o en en otro y eso lo convertimos en toda la verdad. La gran tarea de la verdad, y por eso no la poseemos nunca, es que quepan en ella todos los aspectos de la realidad.

“A mí me gusta decir que una media verdad, hace más daño que una mentira. Porque la media verdad se expone como verdad y allá vamos. Cito muchas veces al gran Pascal, el gran pensador francés, que dice una cosa que a mí me gusta mucho: ‘Las herejías no fueron herejías por lo que decían, sino porque no daban espacio en su verdad a otras verdades’. Que Jesús era Dios, y no se daba espacio para la humanidad. Que Jesús era hombre, y no se daba espacio para la divinidad, dicho de una manera más global. Pero siempre es verdad. Cada verdad ha de ser completada, matizada, suavizada, por otras verdades, por otros aspectos de la realidad. Esto es lo fundamental de la escucha, el dejarse atravesar y el que se escuche a todos”.

Democracia en la iglesia

Esta Asamblea Eclesial de América Latina es parte del proyecto la sinodalidad del papa Francisco. ¿Qué valor le atribuye usted a este proceso sinodal? ¿Para dónde vamos? ¿Cree usted que en un corto tiempo logremos la sinodalidad en la iglesia con todo el pueblo de Dios?

Buena pregunta. De entrada ¿qué valor le atribuyo? Mucho. ¿A dónde podemos llegar? No lo sé.

—  Buena respuesta pero en el fondo… ¿qué relación hay entre sinodalidad y democracia?

En la Iglesia se ha dicho muchas veces, una cosa que es a la vez, una gran verdad y una gran herejía: la Iglesia no es una democracia. ¿Por qué no es la Iglesia una democracia? Porque no se escribe ella a sí misma una constitución política, porque se la da el evangelio. La iglesia depende de la Palabra de Dios, no de lo que ella quiera de sí misma. ¿Por qué todas esas preguntas y afirmaciones son una gran mentira? Porque la Iglesia es mucho más que una democracia, es una koinonía, otra palabra que es fundamental, koinonía, comunión, de donde viene la palabra comunismo, que tanto odiamos (risas). Pues, es lo que más veces pide el Nuevo Testamento de la Iglesia, estar en comunión. Y si eso es el estar, el obrar en comunión es la sinodalidad. Estamos juntos y obramos juntos, las dos cosas.

“En este momento, después del Concilio Vaticano II, se insistió mucho en la Iglesia como comunión, como koinonía, pero no se insistió tanto en lo que ahora se dice, hemos de caminar juntos.

“Pienso que cuando Bergoglio, o Francisco, dice eso, quiere probablemente retomar muchas cosas de lo que a mí me parece, porque esto lo conozco menos, que se dio en la Asamblea de Aparecida. Entonces, caminar juntos, pero caminar juntos.. todos. Y esto es lo difícil. Porque cuando vemos que somos una mayoría, los más fuertes, andamos más deprisa, los dejamos atrás. Hay que procurar que la realidad cristiana sea para todos, según la medida de cada uno, pero para todos. Entonces, yo creo que la sinodalidad es un camino abierto. Y me gustaría que funcionase bien. Por eso pediría a los que trabajan o a las que trabajan, que no sean impacientes. Que procuren hacer como Jesús. Cuando venía todos corrían detrás de él. No, paremos, paremos la comitiva, para escuchar, porque si no se pueden deformar las cosas”.

El caminar juntos sufre barreras cuando no se admite que las mujeres accedan a ciertos ministerios que permitirían mejor eso, caminar juntos y juntas. ¿No cree usted?

— Eso dependerá de los temas en los que se vaya pidiendo el caminar. Por supuesto, supongo que en Chile también, pero en Europa uno de los puntos hoy fundamentales en las reivindicaciones femeninas es el ministerio de la mujer. Digo ministerio, no sacerdocio, porque ni yo soy sacerdote. El sacerdote es Cristo. Yo soy un miembro de la Iglesia, un seguidor de la Iglesia, un presbítero, un cura, pero yo no me considero sacerdote. En todo caso, tengo el sacerdocio de todos los cristianos. Fíjate, el Nuevo Testamento nunca usa la palabra sacerdote para los ministros de la Iglesia, nunca. Nos llama presbíteros, servidores, los que trabajan por vosotros. Y las únicas veces en que aparece la palabra sacerdote, es para el pueblo sacerdotal, es todo el pueblo. Esto que quede claro.

Pero vamos, hecha esta aclaración, el ministerio de la mujer. No soy yo especialista, porque hoy todas las cosas tienen tantas especialidades, que uno ya no se atreve a hablar. A pesar de todo, la sensación que tengo es la siguiente:

Bíblicamente no hay obstáculos para el ministerio presbiterial de la mujer. Sobre todo, si tratamos de hacer lo que hicieron los evangelistas al escribir los evangelios, que no es solamente qué dijo Cristo entonces, sino qué diría Cristo ahora. Y ahí, algunos evangelios se permiten añadir alguna palabra que Cristo no dijo, pero que piensan que la diría ahora. Por tanto, la pregunta es, en el caso del ministerio de la mujer, la pregunta no es qué hizo Jesús entonces, sino qué haría Jesús ahora. Me parece que en esto no hay duda.

«Por otro lado, veo que el Papa tiene las manos atadas. Porque Juan Pablo II, que en esto cometió un gran error, quiso hacer una definición dogmática de esto, que Ratzinger parece que se lo impidió, pero sacó aquel documento en 1994, que decía que esto era una cosa ya decidida, significada, acabada. Y esto, con solo veintipocos años, creo que todavía le ata las manos a Bergoglio.

«Por tanto, me atrevería a pedir un poco de paciencia, mucho estudio, y sobre todo, lo que he dicho algunas veces: ojalá el Papa convocara a todas las iglesias a un año, a dos, de oración, para que cumplamos la voluntad de Dios en este punto. Hay una petición que suele cumplirse siempre, que es cuando pedimos al Señor, que yo cumpla su voluntad».

Dios sin Rostro

— El tema del rostro de Dios para usted es un eje clave en su pensamiento. Puebla habló de los rostros sufrientes de Cristo, y Aparecida la misma línea. En la Asamblea Eclesial se habla de nuevos rostros generados por la pandemia y el capitalismo.

— A ver, en primer lugar, Dios no tiene rostro.

— Bueno, lo dice usted, que es un gran estudioso de este tema.

— Sí, tengo un libro que se llama El rostro humano de Dios. Y en la segunda o tercera edición, le añadí un epílogo que se titulaba El Dios sin rostro. Si tienes la primera edición y la tercera, ahí está esta diferencia. ¿Por qué lo digo? Porque si te fijas, la biblia habla de Dios, sobre todo de las actitudes de Dios hacia los otros. Eso es lo fundamental. Claro, a la actitud se le puede llamar rostro de Dios, vale, pero sobre todo es cómo se comporta Dios conmigo.

Si hiciéramos un pequeño catálogo de los atributos de Dios, lo único que nos puede decir es que Dios es infinito. No más. Y cuando entramos en el infinito, ya no sabemos nada, nos tenemos que callar, porque todo lo que digamos tendrá más mentira que verdad. De pronto hay que salvar la mentira más chiquita de la mentira más grande.

Las experiencias religiosas nos hablan de Dios, a mi modo de ver, en tres o cuatro grandes cambios.

En el oriente, es sobre todo el Dios dentro de mí, el que dicen los hindúes, mi yo el Dios, que luego esto se matiza, pero que eso, con los cristianos, podríamos decir que es el Espíritu de Dios en mí. Lo más hondo de mí, lo más profundo de mí, es el Espíritu Santo.

En todo lo que ha sido el continente Amerindio, Dios ha estado muy presente como el Dios de la naturaleza. Me valdrían los textos de los cielos proclaman la gloria de Dios, etc. Y en lo que ha sido el occidente cristiano, ha estado muy presente como el Dios de la historia. Y el Dios de la historia es, en el Antiguo Testamento, el Dios Creador y Liberador. Y en el Nuevo Testamento, el Dios Amor.

Todo esto son actitudes de Dios hacia nosotros. Y eso es lo que debemos de saber buscarlo. Y quiero añadir que estas tres dimensiones que he fijado como una especie de mapa, se necesitan. Porque, fíjate, un Dios en lo más profundo de mí mismo, esto es una gran verdad, pero si olvido la historia, pasa lo que pasa en la India, que los cristianos están siendo perseguidos por ayudar a los parias. Un Dios en la naturaleza es una gran verdad, tanto que para el problema ecológico habría que recuperar mucho de aquí, pero si me quedo sólo con el Dios de la naturaleza no hay progreso y puedo terminar como en este mundo del altiplano boliviano, a los 4 mil metros de altura, donde parece que la naturaleza ha sido más fuerte que el ser humano y ahí no ha habido progreso. Y si el Dios de la Historia prescinde del de la naturaleza, hace todo el pecado ecológico que hemos hecho. Y si prescinde del de Oriente, pues entonces, la historia se convierte en un proyecto mío. Son tres cosas que se tienen que juntar”.

Dios y su voluntad

— Pero ¿qué rostro es? ¿cómo lo veo? ¿cómo lo percibo?

— Vamos a ponerle adjetivos más que calificativos.

Un rostro amoroso, un rostro liberador y un rostro creador, en el sentido que te hace creer, que Dios no crea fabricando, como nosotros. A mí me gusta mucho en la Biblia cuando se habla de la creación, esto lo han notado todos los exégetas. Cómo la Biblia tiene la intuición de reservar para Dios un verbo, que traducimos por crear, que sólo se utiliza para la acción de Dios. ¿Por qué? Porque los hombres hacemos fabricando, con un material previo, pues yo haré una estatua de Miguel Ángel, o con una música de no sé qué. Pero Dios hace haciendo que las cosas se hagan. Lo cual da lugar a una gran autonomía de este mundo, que también es una cosa que vamos aprendiendo con la historia. Y ahí es donde superamos al Antiguo Testamento y a todas esas religiosidades que creen que lo que me ha pasado me lo ha enviado Dios. Por favor, no. Lo que me ha pasado, me lo ha enviado la trama de las cosas históricas. Dios lo permite, en cuanto que no interviene haciendo un milagrito, porque si no estaría haciendo milagritos cada cinco minutos, pero Dios hace haciendo que las cosas se hagan.

Aparte de eso, lo del Dios Liberador es fundamental, el mensaje que hemos de recibir del Antiguo Testamento, y de los evangelios, se mantiene la liberación, pero es una liberación desde el amor, como Jesús, que, por misericordia, quebrantaba el sábado y curaba el sábado. Y por misericordia o por igualdad no se lavaba las manos, etc”.

— ¿Cómo podemos discernir hoy, en nuestras realidades, que Dios hace haciendo que las cosas se hagan, como dice usted?

— Pues con la plegaria que decía antes. Y una plegaria que recomiendo mucho, es: “Espíritu Santo, ven a mí, de mil maneras. Lléname de Ti y vacíame de mí. Conoce esta situación con el Espíritu dentro de mí”. Y luego, una vez intento estar en comunión con el Espíritu, mi gran petición es: “enséñame qué tengo que hacer”. Que yo sepa cuál es la voluntad de Dios. Luego, “dame fuerza para hacerlo”, porque seguramente a la hora de la verdad, me echaré atrás, fallaré. “Y además de darme fuerza, haz que lo haga con gusto”, porque entonces no seré un reprimido y un violento, sino que, al hacerlo con gusto, no envidiaré a los demás ni me volveré un fariseo, como les pasó a los fariseos que lo cumplían todo, pero lo cumplían por obligación y acabaron sintiéndose superiores. Esta es una cosita sobre la oración, que va en esta dirección. Porque creo que el gran olvidado de la Iglesia occidental y la causa de muchos fallos de esta, es precisamente el olvido del Espíritu Santo.

Teología de la liberación

— Usted pasó muchas veces por América Latina y conoció de cerca la Teología de la Liberación ¿qué visión tiene de ella?

— Cuando me clasifican entre los teólogos de la liberación, suelo decir que me hacen un honor que no me merezco. Lo que he procurado ser es una especie de puente, entre la teología latinoamericana de la liberación y la teología europea, que también tuvo algunos arrebatos, no se llamó teología de la liberación, pero sí la teología política de Metz, y todas esas cosas.

Me parece que la teología de la liberación ha sido una de esas grandes dotes o grandes gracias, con un poco de humor, si se quiere, porque Dios tiene su sentido del humor. Que, así como decía Jesús, que las cosas de reino las ven los pobres y los sencillos pero no las ven los ricos. Pues bien, lo que el mundo necesitaba sobre el reino, lo vio la teología de la liberación, la de los pobres, la de los países tercermundistas, etc., y no lo vio tanto la teología europea. En ese sentido, totalmente de parte de la teología de la liberación.

Pero como he dicho antes, no hay nada que no nazca sin algún defecto, sin algún problema, sin algún peligro. Y, por ejemplo, algunas críticas que se pueden hacer a la teología de la liberación, es esta: nació con demasiada seguridad histórica. Parecía que dentro de veinte años todo iba a ser tan bonito. Y no, no ha sido así.

Esta mañana comentaba con una amiga nicaragüense, que lo está pasando muy mal, una conversación que tuve el año 80 en Nicaragua, durante la Campaña de Alfabetización. Recuerdo un chavito, que tendría 17 años, con una ilusión que me explicaba lo iba a ser Nicaragua, y lo bien que iba a ir todo. Yo le decía: ‘bueno, pero cuidado, porque Estados Unidos tiene mucho poder. Cuidado, porque la contra todavía está aquí. Cuidado, porque los nueve capitanes deben saber entenderse’. Le iba diciendo cosas así. Y al final, el chavito se hartó y me dijo: ‘vos sos un matizón. Vos sos un matizón’. De que matizo mucho.

Hoy me pregunto sobre ese muchacho, que ya tendrá 55 años, cómo habrá vivido todo el drama nicaragüense. O sea, que Dios quiere que no haya pobres, esto es una gran verdad. ¿Eso significa que mañana no habrá pobres? Esto depende de nosotros, Dios lo hará a través de nosotros. Hemos ganado conciencia, hemos ganado algunas cosas, evidentemente, una parte de la iglesia aparece como mucho más cercana a los pobres. Y no sólo en el plan de la caridad, en el plan del cuidado, sino también en el plan del cambio de estructuras.

Había allá un teólogo protestante, suizo, que yo cito algunas veces, que dice: ‘el cristianismo tiene una gran caridad, pero ha sido siempre la caridad de la enfermera, ahora nos tira por la caridad del médico’. La enfermera es muy necesaria, te cuida, te alivia, y yo que he estado hospitalizado lo sé muy bien, pero el médico te quita la enfermedad. Y esto es lo que hoy Iglesia ha recuperado con grandes resistencias, porque en Chile es probable que las haya, en todo lo que queda de resabio pinochetista. En Norteamérica la hay. En España la hay, también. Y la gran dificultad de Francisco, es precisamente mucho más lo que parece, la oposición silenciosa que está teniendo.

Una cosa es ‘esta es la voluntad de Dios’”, y otra cosa es ‘pasado mañana, por la mañana, el mundo será (…)’. Pues no. Se podía criticar eso. Se podía criticar también, que en parte es comprensible, que a veces de tanto atender al cambio de estructuras, que era fundamental, nos olvidamos un poco de lo que es la atención a las personas concretas.

«Viví en Centroamérica y en México. Tantos hombres, que aparte de ser más o menos pobres, eran borrachos auténticos, que no sabían cómo librarse del alcohol. Y los dejamos un poco de lado. Nos fuimos al futuro y olvidamos el dolor de este presente. Y aquí es donde muchas sectas norteamericanas han hecho lo que los católicos no hicieron. Ayudar a este a salir del alcoholismo, a no maltratar a su mujer. La pena es que luego, a cambio de esto, estas sectas evangelistas norteamericanas, son de un conservador impresionante, defendiendo el sistema capitalista, defendiendo la propiedad privada exageradamente. Así de compleja es la vida».

¿Vaticano III?

— ¿Estamos cerca de un Concilio Vaticano III?

— No lo sé. Algo hace falta, pero no lo sé. El Vaticano II ya fue muy difícil, por el gran número de obispos. Hoy, ¿dónde metes a 3 mil personas? (risas). Quizás, llegar a un tipo de Concilios, que sean un poco como el Sínodo ese, famoso, pero más amplio, y con un poder que sea deliberativo, no sólo consultivo. Así es como yo me imagino un Concilio. Porque si no, yo no sé cómo una asamblea de tres mil personas puede entenderse. Pero bueno, esto es una dificultad puramente práctica. Que, probablemente, en la Iglesia hará falta, dentro de poco, algún complemento conciliar a Vaticano II. Ahora, a lo mejor antes hace falta que esto se vaya preparando entre los laicos, entre la teología, entre las comunidades cristianas, porque Vaticano II pudo ser lo que fue, porque había una etapa previa, poco conocida, de grandes teólogos, del movimiento litúrgico, que se llamó, del movimiento patrístico, del movimiento bíblico, y ahí había ya un material, que permitió tener instrumentos para trabajar.

[Entrevista: Aníbal Pastor N.
Edición: Claudio Jorquera]

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