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Religiosos para otra iglesia que es posible

Atilio Pizarro y Rafael García pidieron su consagración a Dios mediante su ingreso a la congregación de los SSCC
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(26.08.2019 – KAIRÓS NEWS).- Una ceremonia cargada de símbolos tuvo lugar el sábado 24 de agosto pasado, en la parroquia San Damián de Molakai, en la zona sur de Santiago, donde los jóvenes Atilio Pizarro y Rafael García pidieron su consagración a Dios mediante la profesión de sus votos perpetuos en la Congregación de los Sagrados Corazones.

Según se presentaron en la oportunidad, ambos jóvenes proceden de mundos distintos. Uno, Atilio, nació en Antofagasta y creció pastoralmente en una parroquia de Vallenar. El otro, Rafael descubrió su vocación en el colegio de los Sagrados Corazones de Santiago.

Ambos, que nacieron en 1989 con apenas un día de diferencia, se encontraron para trabajar sus vocaciones del lado de los humildes y los pobres en diferentes lugares del país.

En esta ceremonia, y teniendo de fondo la crisis que vive la iglesia, los dos jóvenes prometieron vivir en la pobreza, castidad y obediencia, tres consejos evangélicos que provienen de san Francisco de Asís, y que interpretados a la luz de la liturgia vivida aquel sábado, son religiosos del siglo XXI que buscan vivir desprendidos de lo material, centrados en Jesús, y con obediencia al evangelio ante todo.

En la parroquia aquella mañana se respiraba otro aire. Las canciones sonaban fuerte y las palabras dichas tenía acento de sinceridad y las oraciones brotaban de corazones llenos.

Entre los gestos, en la entrada del clero en procesión, al lado de cada cura caminaba una mujer religiosa vestida de civil. Mujeres que luego ocuparon los mimos asientos de los curas. En la mesa casi circular, esperaban laicas y laicos, jóvenes y adultos, que luego distribuyeron el pan durante la comunión. En las ofrendas, destacaron la bandera de la diversidad sexual y la Wiphala de los pueblos originarios andinos. Y en la bendición final, todo el pueblo de Dios impuso sus manos para evocar al Espíritu.

En la homilía, el provincial de la congregación, sacerdote René Cabezón, señaló que “la frase escogida por ustedes de un Jesús como el Carpintero, el hijo de una joven mujer, María, habitante de un pequeño pueblo llamado Nazaret, nos da luces para este tiempo de crisis”.

Podríamos decir -continuó el provincial en su homilía- aplicando esta mirada a nuestra crisis eclesial, que estamos llamados a asumir nuestra precariedad con honestidad, y a asumir nuestra debilidad, nuestra verdad siempre. Debemos crecer en conciencia de que somos llamados y elegidos de en medio del pueblo fiel, pueblo con riquezas y debilidades; con las limitaciones de nuestra propia humanidad. Por eso San Pablo nos recuerda que llevamos este tesoro de la fe y del discipulado de Jesús en vasijas de barro. ¡No lo olviden nunca Atilio y Rafael! ¡No se la crean! Por puro amor gratuito están aquí, y, ¡estamos aquí!”, indicó (leer homilía aquí).

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