NOTICIA

Obispo Julio Larrondo: Feliz y “Siempre Listo” para Servir

Si Francisco pensó en alguien cuando dijo que la iglesia necesitaba pastores con olor a oveja, tiene que haber tenido en mente a Julio Larrondo o a alguien muy parecido a él. Fue consagrado obispo la semana pasada y concedió a Kairós News lo que llamó su “primera entrevista. Nunca antes había hablado con la prensa”, dice y pidió que no lo “monseñoreen”. “Si quiere tratarme con cariño… padre está bien”.
Share on whatsapp
Share on telegram
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on email
Share on print

Si Francisco pensó en alguien cuando dijo que la iglesia necesitaba pastores con olor a oveja, tiene que haber tenido en mente a Julio Larrondo o a alguien muy parecido a él.
Fue consagrado obispo la semana pasada y concedió a Kairós News lo que llamó su “primera entrevista. Nunca antes había hablado con la prensa”, dice y pidió que no lo “monseñoreen”. “Si quiere tratarme con cariño… padre está bien”.

E l domingo 3 de marzo de 1985, la Selección de Fútbol de Chile, compuesta por 23 jóvenes que tenían el sueño de llegar al Mundial de México ‘86, empataba 1-1 con la Selección de Ecuador, en Quito. El país seguía con entusiasmo a “la Roja” lo cual implicaba darse un respiro en medio de la lucha y la movilización social contra la dictadura militar.

Ese mismo día pero en la tarde, en la comuna de La Florida, el doble de jóvenes, 51 en total, ingresaban al Seminario Pontificio de Santiago. Allí esperaban los sacerdotes Juan de Castro, Jorge Falch, Maximino Arias, y Cristián Caro, acompañados de los alumnos formadores Pedro Ossandón y Rodrigo Polanco.

A las 18 horas con 47 minutos, la tierra empezó a temblar.

Un sismo de 8.0° de magnitud afectaba el litoral central de cuatro regiones del país. Casi 200 personas murieron, más de 2 mil 500 resultaron heridas y cerca de un millón fueron damnificadas. Unas 150 mil viviendas fueron destruidas, además de deslizamientos de tierra, roturas de pavimento, caída de puentes y daños en la infraestructura de las ciudades. Santiago antiguo terminó de caer y el Puerto de San Antonio se destruyó por completo.

Al día siguiente, cuando los nuevos seminaristas fueron a desayunar, ya no eran 51 sino que 50. Uno, que pidió permiso para ir a ver a sus padres a raíz del terremoto, nunca más volvió.

Sin embargo, otro seminarista, más moreno, pequeño y más bien calladito, permaneció firme. Sabía a qué iba y qué quería. Su nombre: Julio Esteban Larrondo Yáñez. Aquél domingo 3 de marzo tenía 26 años de edad y el terremoto era como un presagio de lo que le tocaría vivir en el futuro como cura: una iglesia terremoteada por la crisis de los abusos sexuales. La verdad, es que había que tener coraje para no salir huyendo.

Después de muchos años, cuando el Papa Francisco escribió en 2018 su Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, Julio Esteban visitó a su mamá y compartió con ella su preocupación por la iglesia. Su sabia madre, le aconsejó: “cuídate mucho, hijo. Tú, sigue tranquilo en tu parroquia”.

Al comenzar este año 2020, un nuevo movimiento de las «placas» eclesiásticas lo deslizó desde la Zona Oeste a la Zona Sur de Santiago. Tras siete años en San Luis Bertrán, donde está la tumba de monseñor Enrique Alvear, asumió como párroco de Nuestra Señora de Lourdes y Vicario Episcopal de la Zona Sur de Santiago.

Apenas entraba en su nueva casa, en la comuna de La Cisterna, llegó la pandemia y debió guardar cuarentena. Entonces, descubrió que también se podía servir de modo virtual.

De pronto, otro movimiento sísmico le mueve el piso. Francisco lo quería de obispo auxiliar de Santiago y titular de Magarmel, en Argelia.

Hace una semana fue consagrado obispo en el Santuario de María Inmaculada del Cerro San Cristóbal, lugar desde donde se aprecia la ciudad que se le ha confiado cuidar. “Esta es mi primera entrevista que doy”, dice con nerviosa sonrisa aunque en el fondo sabe, como lo ha pedido Francisco, que hoy no se necesitan textos sino testigos.

— Padre ¿es usted feliz? ¿Es un cura feliz?

— Sí, de todas maneras porque siempre me he gozado de hacer lo que vivo. Siempre recuerdo lo que despertó mi vocación: ser como Jesús, especialmente, como Jesús al lado de los más sufrientes, de los más pobres. Y gracias a Dios, me ha tocado todo este tiempo, estar en medio de los más pobres. Toda mi vida ministerial, salvo los tres años que estuve en el Seminario, ha sido en el sector de la Zona Oeste. He estado en Lo Prado, en Pudahuel, en Estación Central. Siempre ha sido un lugar en que me he sentido como realizando aquello que me despertó la vocación. Y contento. Yo feliz, bueno, por supuesto que con todas las cosas que de repente van apareciendo, con las distintas dificultades, pero feliz, contento.

— ¿Cuáles serían los argumentos fundamentales que usted sostendría para ser feliz como cura?

En el ministerio uno puede perseverar, mantenerse haciendo los encargos y servicios que Dios le pide, y sin embargo, no ser feliz… Eso se nota, como sucede en cualquier vocación humana. Nos hace pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre, como dijo el Papa en Evangelii gaudium, sobre todo, nos apesadumbra, nos roba la paz y nos hace preguntarnos si esta es la vida que Dios quiere para nosotros. El riesgo mayor es abandonar el camino.

«Como muchas hermanas y hermanos he consagrado mi vida al Señor, al Evangelio y al servicio de hombres y mujeres. Por eso lo primero que pienso al hablar de la felicidad es mantener ese vínculo, con Dios y con los demás, laicos y consagrados, creyentes y no creyentes. Que todos tengan cabida en mi corazón y en mi mesa, pues no soy feliz por mis puras fuerzas, nadie se basta a sí mismo. Esto me previene ante el peligro de la felicidad de manual de auto-ayuda, de auto-realización, del ‘primero yo, segundo yo, tercero mi sombra’; donde abundan los ‘auto’ y escasean los ‘nosotros’. Mientras me mire en los ojos de Jesús y de las personas, especialmente pobres y sencillos, estaré más a resguardo del narcisismo. Solo el amor hace feliz, solo el amor salva, ‘Sólo el amor consigue encender lo muerto’ dijo sabiamente el compositor cubano Silvio Rodríguez.

«Entonces diría que me hace feliz, primero, el hecho de sentirme que estoy haciendo algo que me está pidiendo Jesús. Segundo, compartir realmente la vida con la gente. Una formación que me permita hablar en forma sencilla del anuncio del evangelio. Una Iglesia con todas las dificultades que ello ha significado en el último tiempo, porque cuando yo entré era muy distinta a lo que es hoy. Sin embargo, siempre me he sentido acogido por ella. Y, por lo tanto, me siento un hijo a quien uno tiene que retribuir a ella y con disponibilidad, como lo hice cuando fui ordenado diácono, siempre con disposición para servir. Por eso mi lema dice “ser un servidor siempre”. Y otro pilar fundamental es que yo no me las dé de que sé todas las cosas. Por lo tanto, siempre estoy dispuesto a dejarme ayudar y a trabajar en equipo. Creo que eso es importante. De alguna manera es, algo de lo que se dice hoy día, ser sinodal. Me gusta mucho esa imagen de la iglesia donde compartimos, no de modo piramidal, sino que donde estamos todos a la par».

El nuevo obispo Larrondo, nació hace 61 años en Recoleta. Su padre murió hace dos años, y toda su vida fue un obrero que inició como junior (mensajero) en el diario El Clarín. “Cuando vino el golpe, tuvo que salir de ahí. Anduvimos asustados, por todo eso. Después se independizó y ejerció su trabajo por sí mismo”, relata.

El tema económico era un gran problema, por lo que había que buscar el arriendo más barato. Así la familia se movió por Recoleta-El Salto, San Bernardo, Conchalí, Vivaceta, y luego, de nuevo a Recoleta.

“Yo llegué a la iglesia por los scouts”, dice Larrondo. Y añade: “Cuando mi hermana hizo la Primera Comunión, yo también quería hacerla. Entré a a catequesis pero no tuve una buena experiencia, porque la catequista un día me castigó por no llevar hecha mi tarea. Como todos mis amigos no eran de Iglesia sino futboleros, me fui a jugar a la pelota. Así pasaron siete años.

“Cuando volvimos a Vivaceta, yo entré al Seminario. Mi familia se fue a La Florida porque allí mi hermana logró conseguir una casa donde vivir gracias a una cooperativa en la que participaba. Actualmente viven ahí mi mamá y mi hermana. Nosotros somos cuatro hermanos, yo soy el tercero de los cuatro. Son tres hombres y una mujer, los dos hombres están casados y tienen hijos y estos hijos también. Hoy, tengo 5 sobrinos y 8 sobrinos nietos”.

— Es una gran familia…

— Sí, sobre todo en las grandes fiestas cuando nos juntamos todos o en algún momento del verano, también… Lo pasábamos súper bien. No voy todas las semanas porque yo he hecho la opción de ir los domingos a almorzar con las familias de mi parroquia, en sus casas. Y en eso no fallo.

— ¿Quién lo marcó a usted para su vocación?

— Yo empecé a sentir el llamado solo pues mis amigos no eran de iglesia. Con unos amigos fundamos un grupo scouts al alero del colegio católico de las Hermanas de la Providencia. Había allí un matrimonio laico que fue súper importante para mí y que fue mi conexión con la parroquia. Luego conocí al padre Juan Palma y cuando éste fue a Roma a estudiar Biblia, dejó al padre Ignacio Muñoz encargado del grupo vocacional, que era muy grande. Desde entonces, él me acompaña en toda mi vida espiritual.

El grupo de la parroquia San Alberto de Sicilia de Recoleta no era menor y ese año enviaban a cuatro jóvenes al seminario. En aquel tiempo, solo el “santo” de Fernando Karadima enviaba un número mayor de postulantes al seminario. En 1985 llegaron 5 de El Bosque, Diego Ossa, Javier Barros, y Juan Carlos Cruz, entre otros.

El padre Julio recuerda que entre broma y broma se hablaba del grupo de “El Bosque”, por referencia a la parroquia de ese lugar en el sector más rico de Santiago. Por eso, recuerda que se decían “hay unos que vienen de El Bosque y otros que venimos de los matorrales”, señala riendo.

“Eran tiempos de mucha crítica a la Teología de la Liberación y uno tenía que navegar en esas aguas. Lo que me ayudaba siempre, era no perder el horizonte de lo que a uno le había despertado la vocación. Creo que eso me ayudó a formarme humanamente, también a escuchar más, a dialogar. Y cuando en la pastoral debía hacer algo, formaba equipos, e insistía siempre en que me ayudaran a hacerlas. Esa ha sido una línea siempre presente. No llegar con algo preparado, estructurado, porque me gusta escuchar y no imponer. Por lo menos a mí eso me fue ayudando y a vivir con sencillez”.

— ¿Quién le pidió ser obispo, Francisco o don Celestino?

— Francisco me lo pidió. Lo que pasa es que cuando me ordené de diácono, manifesté que mi disposición a trabajar en la Iglesia y que eso implicaba que me podían cambiar de un lugar a otro. Dije que en lo que yo pudiera servir, ahí iba a estar disponible. Eso hizo que pudiera desarrollar una especie de servicio a las distintas cosas que me han ido pidiendo. Así que soy un agradecido y estoy disponible. No tengo idea de cómo es esto de ser obispo pero tendré que ir aprendiendo, tendré que ir pidiendo ayuda, esa ayuda me va a servir para ejercer el ministerio episcopal igual como me tocó vivir como presbítero. Iremos haciendo equipo.

— Don Celestino Aós, arzobispo de Santiago, su jefe ¿qué le ha encargado particularmente?

— Bueno, me ratificó como Vicario de la Zona Sur. Por la pandemia todavía estamos en una etapa de reuniones virtuales. Quizás después salgan otros encargos pero ahora es territorial. Además, estamos en una etapa de escucha, de escuchar a los laicos, a través del vicario pastoral para ir construyendo respuestas para el hoy.

— Cuando usted fue consagrado obispo, emitió un mensaje en que señaló que iba a trabajar por la reparación de las víctimas de abusos eclesiásticos. ¿Qué significa esto para usted la reparación?

— A mí, en lo personal, no me ha tocado establecer una relación con alguna víctima de abusos. En alguna parroquia por ahí me han consultado cosas genéricas. Entonces, trabajar en la reparación para mí, implica escuchar, acompañar. Reparar en lo humano. Sé que es difícil porque el daño no se puede borrar y va a estar siempre presente en la vida pero sí puede haber reconciliación. Creo en eso. Y en eso me gustaría trabajar, en ayudar a las víctimas a lograr un espacio de reconciliación para que estén integradas. No sé cómo podría hacer esto pero estoy disponible para eso.

“Sé que hay mucho dolor y tristeza en todo esto porque ha ocurrido también con personas que uno jamás se lo hubiera imaginado. Pero el dolor de las victimas y de sus familias, es algo que nos debe mover a reparar, aunque sea vergonzoso. Por eso digo que estoy disponible para trabajar en eso”.

— De los que conoce ¿a qué obispo le gustaría seguir o imitar?

— Hay varios: don Enrique Alvear, desde luego y como base de todo. Don Raúl Silva Henríquez, don Carlos González que fue obispo de Talca. De los que quedan vivos, Alejandro Goic. Me gustaría tener su sabiduría porque siento que comparto con ellos la opción por los pobres. Pero no sé si lograré llegar al talón de esos obispos y parecerme en algo. En esa línea me gustaría hacer a la Iglesia más cercana, una Iglesia que pudiera animar la esperanza de la gente.

— ¿Por qué afirma como tan importante la opción por los pobres? ¿Es porque la ha perdido, la ha olvidado?

No, no es que la haya olvidado. Quizás la Iglesia ha potenciado más la dimensión sacramental de la fe en un momento del país en que el sistema cultural, social y económico está marcado por la competencia y el individualismo como dice el Papa. No quiero decir que lo sacramental no sea importante pero creo que también la vida debe ser más cercana a lo solidario, porque el amor a los demás tiene que ser siempre un punto fuerte en ella. Puebla puso por escrito la opción por los pobres enraizada en el Evangelio. Luego el Papa Benedicto XVI nos dijo que dicha opción está implícita en la fe cristológica, es decir, no se puede creer en Jesús y no optar por los pobres, es una opción no optable; y hoy nos ha vuelto a decir el Papa Francisco en su nueva encíclica, Hermanos todos, que solo compartiendo su vida y su destino podemos apreciar profundamente los valores de los pobres de hoy, sus legítimos anhelos y su modo propio de vivir la fe.

“Y es más. El Papa francisco en esta misma encíclica que se publica este domingo, dice que necesitamos ‘constituirnos en un nosotros que habita la casa común’. Y en ese sentido, me hago eco de lo que ha dicho recientemente el presidente de Conferre, mi hermano Héctor Campos, junto a los hermanos de la Junta Directiva, pues la pandemia ha evidenciado —déjeme leerlo— ‘un sistema que cree que pueden convivir chilenos con una excelente educación y otros con educación precaria; unos con un sistema de salud semejante a las sociedades desarrolladas y otros que se agravan y hasta mueren esperando ser atendidos […] La verdadera paz jamás podrá existir sin verdadera justicia, si unos y otros no tienen una educación de calidad, si no son respetados los derechos de todos’”.

Los pobres en esta pandemia siguen dando ejemplo de solidaridad en los comedores populares….

Lo que mueve a la gente, siempre, es tener una vida más digna. Y más digna significa tener una vivienda, tener acceso a la salud, tener un sueldo que les pueda permitir vivir tranquilo. Esas son como las grandes motivaciones de tipo vivencial. Y, en términos de espiritualidad, estar unidos a la vida de fe, tener siempre un espacio donde poder recibir la Palabra, sentirse cómodos, tener un espacio para hablar y compartir. Un poco la vida de la comunidad de los primeros discípulos. Si hay algo que me gustaría que se multiplicará en la zona episcopal que acompaño son las pequeñas comunidades cristianas donde la vida y la fe tienen la intimidad necesaria para crecer y donde se nutre el creyente que vive su fe con valentía en la sociedad.

«La realidad de los pobres tiene hoy también rostro de mujer. El Papa Francisco en su encíclica nueva vuelve a insistir que las mujeres sufren doblemente la exclusión, el maltrato y la violencia porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos. Mi opción por los pobres no estaría completa si no me esfuerzo por valorar el aporte femenino e incluirlo en todos los niveles del quehacer eclesial».

A los laicos se nos ha enseñado que en la Iglesia todos somos iguales porque hemos sido ungidos por el Espíritu Santo ¿cómo entiende que la mujer no sea considerada igual que el hombre en la iglesia?

Ya lo he expresado en relación a la opción por los pobres y cómo creo que su aporte debe ser valorado e integrado ampliamente. Ahora, me gustaría expresar que he tenido la gracia de haber compartido mucho tiempo, en las distintas parroquias, con mujeres y con religiosas.

¿Mujeres laicas y mujeres religiosas, quiere decir?

Sí. He compartido con ellas y además hemos hecho camino juntos. Ellas han sido parte importante de mi ministerio, justamente, en la acción pastoral. Siempre hemos trabajado a la par. Y si todos veíamos que apuntaba al bien común, entonces lo hacíamos. No había ahí una imposición mía. No, no, no creo que ese sea el estilo.

Pero no cree que las mujeres también tienen derecho a ser sacerdotisas o por lo menos diaconisas?

No crea que no me lo he planteado y no es un tema cerrado el del diaconado femenino, de hecho, también el Papa no ha querido abandonar el tema y ha constituido una nueva comisión que ya está trabajando en él. Por otro lado, me pregunto si no hay algo de clericalización en ello, un temor también del Papa. Si estamos tratando de ser menos clericales, por qué tenemos que clericalizar a las mujeres. Hoy por hoy, creo que ese no es el camino. No sé si más adelante lo será en la Iglesia. En cualquier caso, hay otros caminos para hacerlas partícipes en la vida y gobierno de la Iglesia y es mi deseo explorarlos ampliamente.

Pero eso es fácil decirlo cuando se es clérigo.

Bueno, lo digo desde lo que me ha tocado vivir y hoy desde el aporte que puedo hacer.

Ser clero.

Claro, pero lo digo desde mi experiencia. Incorporar a la mujer en distintos ámbitos nos va a ayudar siempre a tener una mirada distinta y a tomar decisiones en conjunto. Sé que, por lo menos, el Arzobispado de Santiago está haciendo esfuerzos: la canciller y la vicecanciller son mujeres. En los departamentos que hay en el arzobispado, la gran mayoría son mujeres.

Pero el que manda es hombre.

Pero agregaría: muchas veces con la sabia opinión de mujeres. Vamos avanzando. Si esto es un proceso, uno no puede hacer un giro tan radical. Hasta el mismo Papa ha ido haciendo algunos cambios importantes en la curia, incorporando mujeres. Y yo estoy disponible en la medida que vamos avanzando. Ahora, para eso necesitamos formación.

¿Qué tipo de formación, padre?

Una formación que nos ayude a entender que, si tenemos un espacio de decisión, ese es un espacio de servicio. Si uno alcanza cierta autoridad, entre comillas, es para estar al servicio de los demás, al servicio del bien común. Es decir, en el fondo, buscar el bien común del Reino en medio nuestro.

Usted sigue siendo scout?

Sí, soy scout. Aunque no estoy activo en un grupo y actividades.

Entonces aprendió desde chiquitito a relacionarse con la naturaleza y cuidar la creación, quizás no con estos términos…

Sí. Cuando hablamos de Dios creador, estamos hablando también de todo lo que significa la creación. Entonces, el cuidado, especialmente pensando en las generaciones que vienen, lo tenemos que hacer hoy nosotros. También es un deber de las grandes potencias, que tristemente no nos ayudan y son incluso causa de las distintas dificultades climáticas que nos afectan a todos. La Iglesia si no está martillando, martillando, martillando, yo creo que estaría no solamente omitiendo, sino que casi pecando contra sí misma, con el Dios que también profesa y proclama, el Dios creador. Y así como existe la opción por los pobres, también es una opción de la Iglesia el llamar al cuidado permanente de la Creación.

— Sobre el próximo plebiscito ¿qué podría decirnos?

— Que sigo atento el proceso de consulta constituyente que se nos da en medio del desconfinamiento. La pandemia ha sido dura y recién comenzamos los duelos. El estallido social evidenció un país profundamente desigual. Por eso espero que todos y todas, creyentes y no creyentes, se hagan partícipes del plebiscito y, marcando en conciencia su preferencia, sean protagonistas del Chile que amamos y que construiremos entre todos.

«Me resisto a perder la esperanza, como el Papa dice en Hermanos Todos: “La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza”.

¿Cuál es su proyecto de pastor?

Solamente decir que quisiera ser un pastor sencillo. No tengo grandes teologías ni grandes estudios en mi cabeza. Aportar desde lo pastoral que me ha tocado vivir. Y como lo decía en el mensaje del cerro San Cristóbal, el día de mi ordenación, puedo seguir disfrutando del tecito y del pan tostado o el almuerzo con la gente. Eso siempre me va a dar una mirada distinta y espero aprender a ser pastor desde las casas de las personas a las que quiero servir.

¿Usted cree que eso es lo que el Papa le está pidiéndole a los obispos chilenos?

Yo creo que sí, porque es poner una mirada distinta. No me siento superior a los demás. Lo dije hace poco: el gran regalo que hemos recibido de la Iglesia, es que todos y todas hemos sido ungidos. Ese gran regalo, nadie nos puede quitar. Eso nos hace iguales. Cuando después uno recibe el ministerio diaconal, presbiteral o episcopal, eso no nos hace superiores a nadie. No me siento superior. Creo que estoy llamado a colaborar para anunciar lo que Jesús vino a anunciar: su Reino.

En eso, tratar de ser lo más sencillo en medio de la gente. Espero también que algunas cosas administrativas no me consuman y le agradezco a don Celestino que me haya confirmado aquí, como vicario en la Zona Sur, porque eso permite estar cerca de la gente. De hecho, me quedo a vivir aquí en la parroquia, para vivir en la Zona. De alguna manera responde a lo que el Papa nos pidió: ser pastor con olor a oveja”.

[Entrevista de Aníbal Pastor N.]

 

Share on whatsapp
Share on telegram
Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on email
Share on print

Últimas entradas

Noticias de archivo: