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Monja franciscana e italiana se convierte en la mujer de más alto rango en el Estado del Vaticano. Será secretaria general de la gobernación

El Papa ha colocado al frente de la Secretaría General del Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano a la religiosa franciscana sor Raffaella Petrini, según ha informado la oficina de prensa del Vaticano en un comunicado. Se trata de la primera vez que una mujer ocupa ese puesto que hasta ahora había recaído en obispos de la Curia de Roma.La mayor inclusión de las mujeres en la Iglesia es uno de los grandes desafíos del pontificado de Francisco.

5.11.2021   |   Kairos News

El Papa Francisco nombró a la monja franciscana y politóloga Raffaella Petrini, de 52 años, secretaria general de la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, y se convierte por lo tanto en la «número dos», la primera vez que una mujer ejerce este cargo. Petrini, que hasta ahora era oficial de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, nació en Roma el 15 de enero de 1969 y pertenece a la Congregación de las Hermanas Franciscanas de la Eucaristía.

Se licenció en la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Internacional de los Estudios Guido Carli y obtuvo un doctorado en la Universidad Pontificia San Tomás de Aquino, donde actualmente se desempeña como docente. Entró en la Curia del Vaticano como oficial en la Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

El Pontífice también ha nombrado al abogado italiano Giuseppe Puglisi-Alibrandi como numero dos de ese organismo.

El cargo de secretaria general de la Gobernación de la Ciudad del Vaticano, significa que de facto se convierte en la “número dos” de la entidad del Estado más pequeño del mundo. Su trabajo será parecido al de una vicealcaldesa sobre un microestado que apenas tiene unos 600 ciudadanos, pero más de 2.000 empleados.

En su nuevo puesto Petrini trabajará mano a mano con el nuevo gobernador, el arzobispo español Fernando Vérgez Alzaga, en la supervisión de las operaciones administrativas de la Ciudad del Vaticano, donde se encuentran sus famosos Museos Vaticanos –su principal fuente de ingresos–, su policía, sus bomberos o su servicio de sanidad.

Trabajará muy cerca de otra mujer con un cargo importante, la directora de los Museos Vaticanos, Barbara Jatta, nombrada por Francisco en el 2016. En los últimos meses el Papa ha dado un empujón a la elección de mujeres en departamentos vaticanos, aunque en muchos casos tienen un equipo más pequeño.

Su perfil se parece al de Alessandra Smerilli, otra monja italiana y docente que fue nombrada en agosto secretaria interina del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y delegada de la Comisión vaticana Covid-19. El Papa también eligió hace dos semanas a la profesora alemana Charlotte Kreuter-Kirchhof como número dos del Consejo de Economía del Vaticano.

Otra de las mujeres con más poder es la religiosa Nathalie Becquart, número dos del Sínodo de Obispos, un ente que prepara las reuniones de los prelados del mundo. Es la primera mujer con derecho a voto en este organismo. Además, la catalana Núria Calduch-Benages fue elegida en marzo nueva secretaria de la Pontificia Comisión Bíblica y hay seis mujeres en el organismo supervisor de todas las actividades económicas del Vaticano.

En enero, en un pequeño paso hacia la igualdad de las mujeres en la Iglesia, el Papa cambió el derecho canónico para permitir que las católicas puedan leer durante las misas la palabra de Dios, ayudar en el altar y distribuir la comunión. Es algo que ya sucedía desde hace años en muchos países, pero Francisco lo institucionalizó para impedir que los obispos más conservadores prohíban que las mujeres de sus diócesis desempeñen estas funciones.

El Pontífice también ha establecido una segunda comisión para estudiar su papel en los primeros años del cristianismo y saber si pueden ser diaconisas, después de que una primera no lograra llegar a un consenso. El diaconado femenino es una de las grandes reivindicaciones del feminismo en la Iglesia, y sus defensoras creen que ayudaría a las mujeres a tener más protagonismo a la vez que daría un servicio en los lugares del mundo donde hay una falta de sacerdotes. Sin embargo, Bergoglio ha cerrado la puerta definitivamente a que las mujeres puedan ser ordenadas sacerdotes.

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