“Buscamos que entre gente nueva, con otras ideas y al mismo tiempo recoger lo que se ha ido caminando. No venimos a revolucionar Conferre. Venimos a ejecutar los acentos que surjan de la junta directiva. Eso es lo que queremos hacer”, explica el nuevo presidente de la Conferencia de Religiosas y Religiosos de Chile (Conferre), el mercedario Mario Salas, quien fue elegido por los superiores y superioras de congregaciones la última semana de septiembre.

Pocos días después nos recibió en su oficina de provincial de la Orden Mercedaria en Chile, en el convento que está en pleno centro de Santiago, a un costado de la Iglesia de la Merced.

Mario Enrique Salas Becerra nació en Chimbarongo (región de O`Higgins), el 25 de febrero de 1973. Es técnico electromecánico en lo que trabajó cinco años antes de ingresar a la orden.

Dice que la libertad y la dignidad humana son conceptos del carisma mercedario que más le llamaron la atención en su proceso vocacional. Cuenta con orgullo que los mercedarios llevan un cuarto voto religioso: «Además de pobreza, castidad y obediencia, tenemos el voto de dar la vida si fuere necesario por los cautivos de libertad», explica.

Es Licenciado en Ciencias Religiosas de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Integró al Consejo de Prevención de Abusos de la Conferre y es el actual Superior Provincial de la Provincia Mercedaria de Chile. Reemplazó en ese cargo a Ricardo Morales, quien en ese momento, estaba nombrado por el papa Francisco como Administrador Apostólico de Puerto Montt.

Cuenta con orgullo la historia de su orden, tan antigua en Chile como la llegada de los conquistadores españoles. Pero aclara que fue en 1548 cuando llegó el primer religioso que vino a instalarse definitivamente acá. También que la provincia mercedaria chilena es la única en Chile que tiene en África dos comunidades (2 conventos) que dependen de Chile.

«Es una delegación que está en Angola», dice. Son dos comunidades, dos parroquias y dos escuelas. Un chileno, de los 30 religiosos que conforman la provincia, vive allá y el financiamiento depende de Chile.

Salas añade reflexivamente: “creo que con el paso del tiempo, con lo vivido, le he ido encontrando más sentido el ser mercedario”.

«Libres para liberar»


— ¿Y cuál ese sentido?

— La libertad, promover la libertad del ser humano. Nuestro carisma, que se expresa muy bien en los proyectos educativos de nuestros colegios, es formar hombres y mujeres libres. El lema de uno de estos colegios es “ser libres para liberar”.

— ¿Qué visión tiene de los abusos en la iglesia que es uno de los problemas de cautiverio que tenemos?

— Me llena de esperanza que se va tomando conciencia de que hay que hacer las cosas de una forma distinta. Valoro, por ejemplo, lo que hace Conferre en materia de prevención. Hemos formado a miles de personas en Chile en materia de prevención con el nivel 1, y se está trabajando en el nivel 2 y en el 3.

«Hay una conciencia muy rica en las congregaciones que ha ido creciendo. Nosotros mismos, los mercedarios, hace dos años armamos una comisión de prevención. La pandemia nos impidió hacer cursos de prevención en nuestras comunidades, pero este equipo se capacitó on line y ya tenemos grupos importantes de formadores, religiosos y laicos que van a brindar la formación básica en nuestras comunidades. Lo mismo ocurre en otras congregaciones. O sea, se está formando a gente y eso me llena de esperanza».

— ¿Cree que formando la gente se asegura que los abusos no volverán a ocurrir?

—  Me llena de esperanza que esto no vuelva a ocurrir. Hemos descubierto que aquí hay un tema formativo importante a nivel eclesial, a nivel de laicos, a nivel de la formación de los religiosos, sacerdotes. Creo que por ahí tiene que ir el camino: formación y ayudar a crear conciencia de estos temas que crecieron en la Iglesia y que nos llenan de vergüenza y de dolor.

Clericalismo

— El Papa Francisco, en su carta Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile, dijo que era un problema de cultura.

— Así es. Ahí está toda la raíz del tema y cuesta muchísimo cambiar una cultura. A mí me preocupa el tema del clericalismo porque eso está metido en nuestra cultura. Y no culpemos solamente a los clérigos, también es responsable el mundo laical que favorece esta cultura clerical porque es más fácil dejar que tome las decisiones el cura. Y cuando uno pide colaboración, la gente no se suma. Pero estamos por el camino correcto con esta renovación eclesial que está llevando a cabo en la Iglesia.

— El clericalismo está en el centro del Proceso de Escucha de la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe. ¿Cómo participaron en ella?

— Como provincia mercedaria queríamos participar pero se nos pasó el tiempo. Fue lamentable. Pero rescato que lo más importante es el proceso de escucha y lo haremos plenamente ahora con el Sínodo de Obispos.

— ¿Por qué le parece tan importante la escucha?

— Un pecado que hemos tenido como iglesia, es pensar que Dios se manifiesta en la reflexión teológica y nos olvidamos de los lugares teológicos, de lo que ha estado siempre presente en la vida de la Iglesia, en el pueblo, en la gente sencilla. Yo rescataría ese ejercicio de escucha, y también de acoger lo que viene desde el mundo laical.

— Escuchar de manera activa implica entrar en la realidad…

— Es que tenemos que rescatar la vinculación con la realidad. Nuestra realidad ha cambiado como país, como Latinoamérica, y necesitamos hacer una reflexión, una mirada a esa realidad, averiguar qué quiere comunicarnos Dios en ella. Ese ejercicio no lo hemos hecho.

— En su calidad de presidente Conferre, ha percibido un mayor empoderamiento de las congregaciones religiosas femeninas.

— Sí, efectivamente. No recuerdo el porcentaje porque estoy empezando en esto pero creo que de las 120 congregaciones que aproximadamente hay en Conferre, 60 o 70 que son religiosas, mujeres. Ahora, conozco más a mis hermanas más cercana, las mercedarias, que se dedican al mundo de la educación pero hay muchos otros carismas que están comprometidas en realidades complejas y aisladas. Una anécdota cercana: el mismo día que me eligieron (25/9), la hermana Sara me dice: padre hay una hermana de Iquique que quiere hablar con usted. La llamé y me puse a disposición de ella. Y me dice: estoy en Colchane desde hace un mes colaborando con los hermanos migrantes. Uno descubre que muchas religiosas y religiosos están en silencio dando testimonio en estos problemas tan complejos como la pandemia y los migrantes.

directiva Conferre

Desafíos de Conferre

— ¿Qué desafíos encuentra importantes en Conferre?

— El primer y gran desafío como Conferre es tender puentes con nuestros hermanos obispos y con los laicos y laicas. Tenemos que generar unidad.

«Luego está el tema ecológico que es urgente. Aquí también hay muchas religiosas religiosos que han sido punta de lanza en ello. Me contaba nuestro hermano Ricardo que hace pocos años atrás el tema del agua en Copiapó, los que llevaban la batuta era la Iglesia y las religiosas, después se sumó el mundo civil.

«Pero el tema vocacional también nos urgente. Aunque este pasa justamente por cada religioso y religiosa, de cómo vive intensamente su vocación. Esa es la principal herramienta de promoción vocacional, de que vivamos nuestra vocación religiosa de manera alegre y sirviendo. Estar ahí, donde no llega nadie, que ahí haya un religioso o una religiosa. Dios no nos va a regalar esas vocaciones que necesitamos, pero no olvidarnos de vivir intensamente nuestra vocación».

— ¿Por qué la gente ha dejado de creer en la Iglesia?

— Por un lado está la pérdida de fe, la pérdida de sentido de la vida. Pero también los escándalos de la Iglesia que han causado tanto daño. Por ello nuestra primera atención es cuidar y consolidar la vocación de los que estamos. Podemos hacer promoción pero es nuestra vida la que tiene que ser testimonial.

— ¿Desde su carisma de mercedario, que nos tiene cautivos hoy?

— El individualismo, la búsqueda del éxito que nos atrapa y que no nos permite ver al hermano o a la hermana. Esa es una cautividad importante.

«Pero siempre me ha cuestionado por qué tenemos que competir y ser mejores si eso es al final una trampa. Porque para competir, otros van quedando al lado o atrás. Y desde nuestro carisma eso se ha de ver de forma distinta. Somos servidores, tenemos que vivir en torno a nuestro servicio redentor, como decimos nosotros, los mercedarios.

«Nuestro servicio nace de la experiencia profunda con Dios y con Jesucristo que nos llamó. No somos una ONG o un organismo que solo nos preocupamos mucho por los hermanos más vulnerables. Pero la gracia está en que nosotros somos hombres y mujeres de fe. Somos servidores los que estamos acá y queremos acompañar. No tenemos toda la verdad frente a los temas. Queremos dar un buen servicio, con todos, escuchando y acompañando.

«Además, queremos vivir alegremente nuestra consagración. Dios nos quiere hombres y mujeres consagrados, felices, dispuestos, ayudando a los hermanos más vulnerables. Y esta junta directiva de Conferre que está asumiendo, creo que va a acompañar ese proceso como lo han hecho las anteriores».

La experiencia de escuchar a las víctimas

— ¿Qué le ha significado en lo personal llevar caso de abusos sexuales?

— Ante todo, quiero precisar que solo estuve un día sirviendo como notario en las entrevista que realizó monseñor Jordi Bertomeu cuando monseñor Charles Scicluna se enfermó en Chile y debió ser internado.

— ¿Cómo fue esa experiencia?

— Ese día terminé agotado porque en los procesos de investigación los notarios son los que sufren, son los que tienen que escribir el testimonio. Hay que estar atento a lo que está diciendo la persona o el grupo de personas, hay que tratar de sintetizar lo que quería decir; después leer la declaración para buscar su conformidad, si está de acuerdo. Hay que corregir lo que piden corregir. Y eso provocando mucho cansancio. Yo estuve de las 9 de la mañana hasta las 12 de la noche y paramos solo para almorzar.

«Terminé tan agotadísimo. Además para mi fue una experiencia nueva y curiosa. Estábamos en la Nunciatura tomando declaraciones y afuera, muchos periodistas, gente que venía a declarar, que se escuchaba todo el barullo. Cuando terminé a las 12 de la noche salgo de la Nunciatura… y no vi a nadie. Eso me impactó. No había nadie. Un silencio…»

— ¿Le costó dormirse?

—  Esa noche no dormí, por el cansancio y porque estaba muy afectado por los testimonios que conocí. Dormí muy poco. En esos casos y en otros que he llevado de mi congregación o de otras congregaciones que me han pedido, siempre me impacta escuchar a las víctimas. Muchísimo.

«Pero también he sido testigo de la reconciliación de personas con la Iglesia. Eso me ha marcado mucho. Hay personas que al terminar su declaración me dicen: después de tantos años ahora me reconcilió con mi iglesia porque me escuchó. Y se largan a llorar. Me ha pasado muchas veces. Por escuchar comienza una forma de reparación, que la Iglesia acoge, escucha. A mí eso me ha impactado en mi vida estos años que he estado trabajando en este tema».

— ¿Le ha tocado casos de violencia durante los testimonios?

— En muy pocas ocasiones he hablado con víctimas que llegan muy violentas. Cuando eso ha ocurrido, al hablar con ellas, cuando van contando su historia, las otras personas que están escuchando la van sosteniendo de alguna manera. Eso también impacta mucho.

«Obviamente cada entrevista es única. Desde mi experiencia, se me ha hecho fácil porque nunca he recibido un portazo o una mala palabra en el proceso de escucha. Más bien lo contrario. La mayoría de las veces ha sido con una escucha muy respetuosa».

— ¿Cómo es la relación con los prosecutores en los casos abusos de la Iglesia cuando son enviados a la justicia penal?

— Cuando mandamos antecedentes a la fiscalía, uno desconoce lo que pasa después, siento que no está en nuestro alcance. En un caso yo me he enterado por la víctima que la Fiscalía le mandó un escrito donde le informaba que cerraba el proceso pero a nosotros nada nos llegó.

— ¿Cree que a la fiscalía le falta agilidad para actuar en los casos de abusos?

—  Creo que demora muchísimo.