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MARCOS BUVINIC: Dulce Patria para los «nadies»

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Este año el “18” ha sido distinto, como todas las cosas que han cambiado con la pandemia, y como muchas otras que seguirán cambiando. Parece que en el confinamiento a todos se nos desataron unas ganas incontenibles de encontrarnos y celebrar las Fiestas Patrias, y la creatividad para encontrar modos de celebrar ha sido mayor que las restricciones, ojalá también sea mayor la prudencia y la responsabilidad para que no terminemos lamentando nuevas y mayores desgracias.

De los eventos habituales del programa dieciochero (fondas y ramadas, desfiles, Te Deum, etc.) todo o casi todo de manera virtual, que es como brindar con vino aguachento. Casi todo se ha trasladado a la intimidad de la casa familiar como lugar del encuentro y de la fiesta; eso nos ayuda a tomar conciencia que la Patria es el legado que como nación hemos recibido de los padres.

Este “18” y sus circunstancias nos ayuda a crecer en una mayor conciencia de que la Patria no son los héroes ni unos símbolos de identidad nacional, sino el legado común que nos permite reconocernos en una historia compartida y en el anhelo de ser una “Dulce Patria” para todos.

En medio de la pandemia, dentro de un mes se cumplirá un año en que el descontento de muchos se hizo estallido social, gritándonos que la Patria no es tan dulce como la cantamos en el himno nacional, y pocos días después tendremos el plebiscito para decidir acerca de una nueva Constitución; lo cual nos dice que “hacer patria” es una tarea del presente para dejar un mejor legado a los que vengan. El empeño por una nueva Constitución es una tarea de todo el país para que la Dulce Patria sea algo más que palabras que acompañan unos acordes musicales.

¿Qué va a pasar en la Dulce Patria después de la pandemia? Nadie lo sabe, estamos llenos de preguntas, de algunos temores y de muchas esperanzas. ¿Cuál es la Dulce Patria que queremos? ¿Nos atreveremos a soñar bien despiertos que otra Patria es posible y empeñarnos para que esos sueños sean realidad?

El desafío es tomar en serio la misión de que la Patria sea dulce para todos, en especial para los que prueban la amargura de los anhelos frustrados, de vivir corriendo una carrera con pocos ganadores y muchos perdedores, de vivir mirando vitrinas que ofrecen productos para otros, de tener sueños de corto plazo esperando llegar a fin de mes y poder pagar las deudas, de vivir con el temor de jubilar y recibir pensiones miserables, de morirse antes de tiempo esperando la cirugía que no llega, de vivir amontonados como allegados para luego seguir viviendo amontonados en la vivienda del subsidio. ¡Es grande la tarea de hacer una Dulce Patria para los que hoy prueban la amargura en nuestro país! Una tarea a realizar juntos con esos que el escritor uruguayo Eduardo Galeano llamaba -en un poema- los “nadies”, esos “nadies” que son la Patria.

Sueñan las pulgas con comprarse un perro
y sueñan los nadies con salir de pobres,
que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte,
que llueva a cántaros la buena suerte;
pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca,
ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte,
por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda,
o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.

Una Dulce Patria para los “nadies” es la tarea que tenemos para que Chile sea una Dulce Patria para todos, y aunque haya quienes piensan que eso es un sueño imposible, también con palabras de Eduardo Galeano les decimos: “¿Para qué sirve la utopía?/ Para eso sirve: para caminar”.

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