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MANUEL DE FERRARI: Ley pareja no es dura o es dura para todo/as

El autor, Manuel de Ferrari, reflexiona aquí sobre el comportamiento de las autoridades del país en los funerales del obispo Bernardino Piñera y plantea alfunas interrogantes clave sobre la igualdad de todos las personas ante la ley.
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Manuel de Ferrari

El comportamiento del Presidente de la República, Sebastián Piñera, y su familia, en el funeral del obispo Bernardino Piñera, ha sido comentado intensamente en todo Chile mediante redes sociales y medios de comunicación. Esto acontece días después de que el Presidente anunciara un endurecimiento de las penas para egoístas e irresponsables que violan los protocolos a fin de detener la expansión del covid-19.

Para que la ley sea pareja, cabe preguntarse si el Presidente y familiares que asistieron al funeral del tío obispo merecen recibir alguna de las penas de la ley que promulgó él mismo; si se justifica que quien actúe de la misma manera reciba una pena distinta; o nadie reciba pena alguna, en el caso que así se decida con el Presidente. Todos o nadie, porque en democracia se entiende que hay igualdad ante la ley y lo que hace el Presidente de la República es pauta para la ciudadanía.

Lejos de querer poner el dedo en la llaga en la herida de una familia que ha experimentado recientemente la muerte de un familiar, las preguntas que nos hacemos buscan dar un alivio a la pena y dolor de cientos de familias que sufren diariamente la pérdida de un familiar cuyo duelo y entierro estarían obligados por protocolos que -según la autoridad- no serían necesarios. Es importante que todos sintamos que nos esforzamos de la misma manera por la causa mayor o se nos sanciona de igual modo por nuestros incumplimientos.

¿Cuáles son esos protocolos que cayeron en la nebulosa? A mi juicio dos: 1) cómo se actúa con un fallecido que tuvo covid-19; y 2) cómo se actúa con los asistentes a un funeral de una persona fallecida con covid-19.

1) Cómo se actúa con un/a fallecido/a que tuvo covid-19

Hay dos aspectos del protocolo con los fallecidos con covid-19 que no se siguieron:

  • El cuerpo de la persona fallecida debe estar en una bolsa plástica cerrada. Aquí, el obispo estaba vestido con traje y se podía ver.

  • El cajón debe estar sellado herméticamente en todas sus partes, de manera que no se pueda abrir. El obispo estaba en un ataúd con la tapa que da al vidrio sin sellar y se pudo abrir.

La pregunta es si el obispo fallecido tenía que ser tratado como toda persona fallecida con covid-19 o no.

Si la respuesta es Sí, habría que aplicar sanciones a las personas que incumplieron los protocolos. Si la respuesta es NO, habría que precisar y dar razones pues ninguna familia con un integrante fallecido en las condiciones del obispo, puede ser obligada a cumplir los mismos protocolos.

Interrogantes que surgen:

a) ¿Existe un plazo mínimo para considerar que una persona fallecida y diagnosticada positivamente con covi-19, deje de contagiar? El obispo hacía 21 días fue diagnosticado con covid-19. ¿Ese tiempo transcurrido fue el que permitió que no se cumplieran los protocolos?

b) ¿Existe un examen o un certificado que se extienda previo al fallecimiento que certifique que un enfermo de covid ya no lo es y en consecuencia que no contagia? ¿Ese es el caso del obispo? ¿Quién da ese certificado y cómo se obtiene? ¿No era esto el carnet de recuperado que se iba a dar y que se suspendió hasta nuevo aviso?

c) ¿Existe un examen o un certificado que se extienda después del fallecimiento, que permita que la familia de la persona fallecida sea liberada de someterse a los protocolos mortuorios de covid-19? ¿Quién lo otorga y cómo se obtiene?

d) ¿Hay alguna forma de permitir que una persona fallecida con covid-19 y que así consta en el certificado de defunción no sea tratada con los protocolos establecidos para los fallecidos con covid positivo?

2. Cómo se actúa con los asistentes a un funeral de una persona fallecida con covid-19

Teniendo a la vista el comportamiento del Presidente y su familia al que se puede acceder fácilmente por internet, surgen muchas preguntas sobre el supuesto protocolo que podría no existir y dejar liberadas a todas las familias del país de tener que cumplirlo. Las principales son:

a) Hay un número fijo, de 15 personas que pueden asistir a un funeral. ¿Esta cantidad es flexible según criterios establecidos? ¿Si fuera así, quién da esa autorización?

b) ¿Se puede contratar un servicio de música que pueda acompañar al funeral como trabajo de primera necesidad?

c) ¿Se puede abrir la tapa del ataúd para que familiares que quieran se acerquen a ver al fallecido?

d) ¿Está establecido que los asistentes mantengan en todo momento una distancia determinada?

e) ¿Se pueden realizar ritos o algún tipo de actividad que implique sacar alimentos de un recipiente único y que los asistentes puedan libremente acercarse y comer?

Esta última pregunta puede parecer irreverente, pero aclaro, la hago pensando en la diversidad de Chile. ¿Si en lugar de hostias un ritual religioso ofrece otro alimento, es igualmente permitido? O si en un gesto humano de gratitud una familia ofreciera alimento o bebida en un recipiente desde el que todos sacan su parte ¿Es eso permitido?

Es de esperar que, si el Presidente de la República y su familia tuvieron conductas como las que hemos visto en los medios de comunicación durante el funeral del obispo Piñera, las mismas conductas sean permitidas a todas las familias que en Chile deban enterrar un familiar que ha sido víctima en esta epidemia.

Por el contrario, si el Presidente de la República y su familia desobedecieron los protocolos, es de esperar que reciban las mismas sanciones que prometió para todas y todos quienes los desobedezcan.

Manuel De Ferrari

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