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Liliana Franco: «el asomo a lo germinal, vino en labios de los jóvenes y de las mujeres»

Transcripción de la intervención ofrecida por la hermana Lilina Franco, ODN, presidenta de la CLAR, en la última conferencia de prensa de la Primera Asamblea Eclesial.
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27.11.2021    |     Kairós News

Me resuena profundamente una frase de don Pedro Casaldáliga que decía que si el corazón es limpio no ha de atraparnos nunca la noche intransitable. Esa es la experiencia hermosa que hemos tenido de sinodalidad y comunión. Me aferro a la certeza de que el protagonista de este proceso ha sido el espíritu y que por eso la noche intransitable, la crisis no nos atrapa. Me aferro a la convicción de que esta ha sido una asamblea poblada de nombres, de historias, de relatos, de realidad, de heridas y de esperanza.

En ese sentido, lo que me queda es la convicción profunda de que este momento eclesial exige que nos situemos desde «3P»: pertenencia, participación y paciencia.

Poder colaborar con los procesos de renovación de nuestra Iglesia, esos a los que nos ha convocado el Papa Francisco, solo será posible si desde una experiencia profunda de pertenecer, desde sentirnos vinculados, desde sentirnos parte de nuestra Iglesia, con esa conciencia de la vocación que cada uno de nosotros ha recibido distinta pero complementaria y necesaria en este camino de sinodal y en este camino de comunión. Solo desde la fuerza del amor es posible ayudar a la transformación y por eso es necesario en este camino en el que estamos y que ahora se prolonga. Pues situarnos desde la pertenencia.

También con conciencia de que es necesario participar, todas las voces, la diversidad de voces que han resonado durante estos días, han sido las que han hecho posible este tejido de la diversidad, de la pluralidad, pero también de la comunión.

La voz de todos ha resonado. Siento que ha habido un espíritu profundo de libertad y de corresponsabilidad. En esa dinámica nos tenemos que mantener como Iglesia del continente, con la conciencia de que el camino es participar, de que el camino es estar, que en adhesión, en pertenencia, vinculados, es posible ayudar entonces a la realización de esa Iglesia sinodal, más hermana y más sororal en la que todos creemos.

Y paciencia, porque lógicamente todos los procesos suponen que estemos ahí, en el lugar de la paciencia, que es también el lugar de la humildad, que es el lugar en el que le dejamos el protagonismo al espíritu, en el que sabemos abandonar a veces resistencias, polaridades y ubicarnos más libremente para permitir que, a su tiempo, vaya madurando en esta historia de salvación, eso que Dios quiere para nosotros.

Los religiosos y las religiosas del continente, hacemos un acto de fe en que queremos seguir remando en esta iglesia, queremos seguir remando, sino realmente junto a todas estas instituciones que componen el gran tejido eclesial de nuestra Iglesia.

Queremos hacerlo animados fundamentalmente por tres palabras: profetismo, mística y comunión.

Hoy más que nunca sentimos que esa es la misión: profetismo, mística y comunión. Esa es la tarea. Ese es el mensaje más elocuente que podemos como creyentes dar hoy a nuestra sociedad, el mensaje de la comunión y de la fraternidad.

Y me quedo también con la certeza de que en esta asamblea la voz profética, el signo de esperanza, el asomo a lo germinal, vino en labios de los jóvenes y de las mujeres. Eso quiero agradecer.

Acerca del papel de las mujeres

Haciéndome eco de lo que hoy escuchamos en la asamblea en la mañana quiero iniciar con el nombre de todas las mujeres que estamos presentes también en esta asamblea, afirmando que las mujeres no somos objetos para tener. Somos hermanas con las cuales caminar. Y en ese sentido, la pregunta por el papel de las mujeres creo que se ha visto resuelta en el marco de esta asamblea.

Cuando contemplamos a Daniela, a Suyata, o a Adriana, entendemos que la mujer tiene que estar en el lugar de la espiritualidad, en el lugar donde se encarna de una manera nueva, creativa, simbólica y actualizada, el mensaje de Jesús.

Pero cuando en esta asamblea también contemplamos a Sandra, a Consuelo a través de las pantallas de Zoom, a Lola aquí presencialmente, entendemos que la mujer tiene que estar en el lugar de la frontera, entre los migrantes, con las comunidades afro, ahí en el lugar de la compasión, de la misericordia, pero también en el lugar de la transformación.

Cuando contemplamos a Marta, a Birgit, a Maricarmen, entendemos que la mujer tiene que estar en el lugar de la reflexión teológica, de la producción teológica, desde nuevos lenguajes y nuevas hermenéuticas.

Y cuando contemplamos a Susana, a Isabel y a Rosario, entendemos que la mujer también tiene que estar en la esquina de la resistencia y del profetismo, ahí donde con sinceridad nos verbalizamos y expresamos eso que queremos para la mujer en nuestra Iglesia.

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