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Gloria Pinto, trabajadora de la Salud: “Cada día mueren más personas, en soledad y en las peores condiciones”

Todo Chile vio en los noticiarios que una mujer con uniforme clínico gritaba al nuevo ministro de Salud cuando recién nombrado, visitó el Hospital San José, en Santiago. “Las carpas son para acampar y no para hospitalizar”, se oía a través del audio. Ella es Gloria Pinto, una lideresa que se fragua en la cotidianidad de la vida, y dice que la fuerza de resistencia le viene de la solidaridad del pueblo. He aquí su testimonio, que es el -de algún modo- un homenaje a muchos y muchas trabajadores de la salud en Chile.
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Gloria Pinto Becerra tiene 40 años de edad. Vive orgullosa y feliz con su esposo y sus tres hijos: el mayor de 18 años y los mellizos de 7. Es la menor de seis hermanos. Estudió la educación básica «en una escuela con número, la BN-133», dice, que estaba cerca de la casa de sus padres, y la educación media en liceos de Recoleta.

Desde pequeña fue “muy revoltosa pero siempre muy alegre, hasta hoy — insiste—  muy alegre y apasionada, y por lo mismo a veces de malas pulgas. Cuando chica tenía que criar a mis sobrinos, que llegaron muy chiquititos a la casa. Pero dentro de todo, igual fui una niña…”, cuenta.

“Tuve una niñez tranquila”, continúa. “Con mi papá, mis hermanos, vivíamos todos juntos. Después llegaron mis sobrinos y bueno… Mis hermanos más grandes se fueron casando”.

“Estudié cosmetología porque siempre me llamó la atención el maquillaje y lo que uno puede hacer con eso. Da la posibilidad de transformar rostros, de embellecer la cara y dar alegría cuando hay sufrimiento. En ese sentido es muy estético y lo encuentro tan artístico… Se me hizo súper difícil estudiar pero lo hice como un regalo para mí.

“Mi especialidad es manicurista. Me encanta arreglar las uñas a una mujer porque con un cambio así, tan mínimo, se puede sentir, así… más linda. Y sentirte más linda te hace sentir más segura. Por eso me gusta la cosmética”.

— Y pasó de cosmetológa a paramédica. ¿Cómo vivió eso?

— “Antes que todo soy paramédica. Llevo 15 años ejerciendo en la Urgencia del Hospital San José. Estudié paramédico porque no tenía posibilidades de estudiar en un lugar donde se pagara, y encontré esta oportunidad en la Fundación Cristo Vive. Soy totalmente agradecida, y que cada vez que ellos necesiten de una mano, ahí voy a estar para ellas y para ellos. Porque son una organización muy linda, muy humana. Y ayuda mucho.

“Allí estudié Auxiliar Paramédico de Enfermería y después tuve que ingresar a una institución comercial para validarme como Técnica de Nivel Superior. Pero mi base, mis conocimientos, lo que soy, es Cristo Vive”.

— ¿Cómo es esa formación que recibió en la Fundación?

— Es que es una formación súper humana, muy linda, que se enfoca en la persona. El paciente no es solo alguien que necesita un medicamento, sino que es una persona que está sufriendo, que está angustiada, y su familia lo mismo. Una es formada para percibir todo esto. Es una formación muy linda la que dan ahí.

— ¿Es un modo vivir la espiritualidad?

— No sé si es espiritual. Sí sé que es profundamente humano.

— Y su vocación social ¿de dónde viene?

— Yo creo que nace de todo lo que he vivido. No tengo formación. No tengo formación política. Nunca tuve militancia en ningún lugar. Pero siempre me movió la defensa de los derechos humanos. Me mueve el ver tanto abuso y que no se haga algo.

“Cuando empecé a darme cuenta fui alzando la voz, llamando a la gente, mostrándoles que las cosas no están bien. La gente también se va dando cuenta y se va sumando a denunciar que no podemos más con todo esto. Entonces, como que de ahí nace. Yo creo que, del ver tanta injusticia, el ver tanto dolor. De ahí nace esa necesidad de buscar justicia, igualdad, y todo lo que quisiéramos”.

Vocación

Gloria declara que a su hijos le “gustaría dejarles un recuerdo de una mamá que estuvo mucho con ellos y que los amó mucho. Porque esta lucha que estoy dando es por ellos”, afirma.

No tiene militancia política aunque en algunos medios la hacen militar para que su testimonio sea criticado. “No pretendo ningún cargo político ni una conducción. Me gustan los espacios más horizontales, donde todos podemos opinar y decidir”, señala. Y lo que más le gusta es ser trabajadora del hospital, integrar el Comité de Emergencia Territorial Zona Norte de Santiago y ser parte del Comité de Emergencia del Hospital San José.

“Es que los políticos que vemos hoy día en pantalla… son todos y todas las culpables de que estemos viviendo en esta sociedad tan injusta”, señala.

No vive con miedo pero toma sus precauciones. “Estoy tranquila”, dice. “Pero siempre he tenido temor porque la verdad es que este gobierno es de temer”, afirma. El temor no la paraliza.

— Usted se destacó por enfrentar al nuevo ministro de Salud, Enrique Paris, cuando recién nombrado visitó el Hospital San José.

— Sí. Sí, Me acuerdo que yo estaba, en colación. Y fuimos a verlo para plantearle la necesidad de que sacara las carpas que habían instalado afuera del hospital y se instalara ahí un hospital modular. Bueno, la escolta no nos permitió y nos golpearon. La verdad, es que fuimos muy golpeados. Afortunadamente, había un compañero que estaba adentro, y que le pudo plantear igual el tema.

“Creemos que las carpas son para acampar y no para hospitalizar, decíamos. Y seguimos con las manifestaciones con usuarios y organizaciones de salud. Finalmente el ministerio ordenó levantar ahí un hospital modular. Lo que nos da una tranquilidad y alegría, porque nuestra gente no se va a tener que atender en una carpa húmeda, sino que va a estar un poco más protegida”.

— Ustedes insisten desde hace año sobre la necesidad de un nuevo hospital…

— Imagínate, ¡cuántos años llevamos pidiendo acá en la Zona Norte otro hospital! ¡Que lo necesitamos! El Hospital San José es el único establecimiento para ocho comunas. Y esta demanda se ha hecho en todos los gobiernos y ninguno ha hecho algo. Eso nos repercute en el día a día,. Por ejemplo, ya no tenemos insumos, ¡hasta dónde vamos a llegar! ¿hasta que no tengamos dónde acostar a un paciente? No tener una frazada para poner a un paciente es de todos los días. No solo por la pandemia. Esta vino a agudizar y a cristalizar todo lo que nosotros hemos venido denunciando por años.

“Nosotras y nosotros, cuando denunciamos, no lo hacemos de una forma antojadiza, sino que lo hacemos porque respetamos la vida, pero también respetamos la muerte. Entonces, nadie es merecedor, creo yo, de tener una muerte en un pasillo, de tener una muerte en soledad, porque no hay espacio dónde ponerlo. Ahí se refleja el abandono de todos quienes dicen representar a las y los chilenos. Estamos en el abandono y nosotros vemos cómo nuestra gente se atiende en esos lugares y en esas condiciones. Y eso nos golpea duramente a diario”.

— ¿Qué sienten sus compañeras y compañeros? ¿Sienten algo similar?

— Siii, cuando se establecen estos tipos de conversaciones, el sentir es generalizado sobre todo por la demanda de un nuevo hospital pero no somos escuchados y nunca nadie nos quiso poner atención. Y hoy día mucho menos damos abasto con esta pandemia. Estamos viendo cómo la gente muere todos los días. Mucha gente muere en soledad, porque están ahí, aislados de su familia. Y en las peores condiciones. Eso nos golpea, nos duele, y muchas veces nos hace decaer. Por otra parte, también, tenemos la fortaleza y el pensamiento puesto en que todo lo que hemos logrado, por más que sea mucho o poco, se ha logrado luchando todas y todos juntos.

Solidaridad

— ¿De dónde sacan fuerzas?

— En lo personal (silencio), me da fuerzas lo que logramos hacer: ayudar, aliviar y contribuir con los que se puede. Es nuestra recompensa saber que pudimos ayudar a alguien.

— ¿Cómo se cuidan del contagio?

— La verdad es que no nos cuidan mucho. Nos cuidan muy, muy poco. Pero nosotras y nosotros nos hemos organizado y nos hemos comprado implementos de protección. Además, siempre nos llega mucha donación. Estamos todos autogestionados (ríe).

“Mira, me gustaría mucho relevar la solidaridad de los familiares de las personas que se atiende en el hospital. La gente se organiza con rifas, “lucatón”, una “mateada solidaria”… hay un montón de iniciativas que permiten juntar dinero, y con ello nos compran elementos de protección personal.

“El otro día, fueron de la “Olla Común Juan González” que está en el sector y al turno que estábamos nos llevaron una once súper linda. Con unas galletas maravillosas, que eran unas camisetas como del uniforme clínico, una torta con un corazón gigante. Todo, con tanto cariño. La gente se está organizando de tal forma, que la solidaridad se ve a flor de piel. Esa consigna de que el pueblo ayuda al pueblo se está haciendo carne. Por eso, pese a todo lo feo que estamos viviendo, eso es muy hermoso”.

— Los familiares actúan así al ver el compromiso de ustedes. ¿Cómo se da la relación de ustedes — funcionarios— y ellos?

— El gran problema que sufren es el de la desinformación. Por eso, en el Comité de Emergencia del Hospital, creamos un sistema de ayuda a las familias con información de los pacientes porque la verdad es que dejan a sus familiares y no pueden verlos hasta que éstos se recuperan. Bueno, cuando se recuperan… No sé cuántos son esos porque estoy en la urgencia, que es ingreso. Pero si sé, por mis compañeros y compañeras, que hay mucha gente que está falleciendo.

“Las familias viven la incertidumbre de falta de información oportuna. Porque ni siquiera los compañeros que se dedican a eso dan abasto. Por eso en el Comité tratamos de buscar información. La gente nos habla por todos los medios: WhatsApp, Messenger, lo que sea. Te buscan y piden información. Nosotros tratamos de dársela pero no siempre lo logramos o podemos satisfacer a todos porque no somos tantas personas. La gente está sufriendo mucho. Mucho. Tienen esa enorme pena…”.

— Y le tocó atender a su propio padre en la urgencia…

— Sí (silencio). Pude estar a su lado. No en el último momento, llegué un poquito tarde. Pero, sí. Él se hospitalizó en la urgencia en un turno mío. Así que lo tuve como paciente. Luego fue destinado a una sala donde falleció. Es duro volver a trabajar y encontrarse en los mimos espacios donde lo tuve. Además, ver a diario tantos fallecidos, es difícil. Pero… pero bueno. Él siempre estuvo muy contento de verme, de que yo luchara por los demás y no por mí. Eso lo enorgullecía y a mí me hace feliz.

[Entrevista de Aníbal Pastor N.]

 

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