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¡Exclusivo! Carta Pública de Jaime Concha a los Seminaristas de Chile

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SANTIAGO, 19 abr 2019 (KN).- Una carta pública destinada a advertir la realidad de los abusos sexiuales de clérigos publica aquí el doctor Jaime Concha, sobreviviente del caso Maristas.

En su parte inicial, Concha explica que “con mucha fuerza, convicción y esperanza te escribo hoy unas palabras para que en este momento de oración, reflexión y discernimiento escuches mi relato de una vida crucificada para que te responsabilices, para que te avergüences, para que te horrorices, para que te conmuevas y te comprometas a ser garante de los Derechos Humanos dentro y fuera de la Iglesia”.

He aquí el texto completo de dicha carta pública:

Viña del Mar, Viernes Santo de 2019

Carta pública de un Sobreviviente de Abuso Eclesiástico
a los Seminaristas y Postulantes de Vida Religiosa en Chile

Querido(a) Hermano(a) en Cristo:

Te escribo esta carta desde lo más profundo de mi corazón para que al leerla puedas reflexionar sobre la importancia que tiene tu rol dentro de la Iglesia y cómo puedes colaborar para que esta tragedia del Abuso de poder, el Abuso de conciencia y el Abuso sexual por parte de miembros del clero de la Iglesia católica y su encubrimiento terminen de una vez y para siempre.

Mis palabras hoy representan a los cientos de niños, niñas, adolescentes y adultos que durante siglos han sido víctimas de Abuso de Poder, Abuso de Conciencia y Abuso Sexual por parte de miembros de la Iglesia Católica en todo el mundo.

Muchos de ellos no pudieron resistir el dolor infinito de recordar y se suicidaron. Ellos son nuestros mártires y en nombre de ellos también quisiera hablarte..

Las voces de las víctimas que siguen esclavizadas por el secreto y el silencio impuesto por sus abusadores se unen a las voces de aquellos que hemos develado y denunciado estos crímenes atroces.

Con mucha fuerza, convicción y esperanza te escribo hoy unas palabras para que en este momento de oración, reflexión y discernimiento escuches mi relato de una vida crucificada para que te responsabilices, para que te avergüences, para que te horrorices, para que te conmuevas y te comprometas a ser garante de los Derechos Humanos dentro y fuera de la Iglesia.

Mis padres, Jaime y Margarita, al igual que miles de familias hoy, depositaron la confianza en Hermanos Maristas y en sacerdotes, quienes se nos presentaban como los representantes de Dios en la Tierra, hombres que se habían consagrado a la castidad, a la obediencia y que prometían formar buenos cristianos y virtuosos ciudadanos.

Esos supuestos “representantes de Dios”, hombres “santos”, “confiables”, “bondadosos” se ganaron la confianza de nuestros padres, una confianza ciega y , a partir de allí, nos escogieron, nos sedujeron, nos atacaron, nos transfirieron la culpa, nos silenciaron y nos destruyeron la inocencia, la infancia, la sexualidad y la espiritualidad.

Mi niñez, mi inocencia, mi espiritualidad, mi masculinidad, mi afectividad fueron salvajemente destruidas por delincuentes que impunemente descargaron sus desviaciones, sus represiones y su barbarie conmigo. Esta cultura del abuso-en palabras del Papa Francisco- que existía en mi colegio, el Instituto Alonso de Ercilla fue acompañada por una cultura del encubrimiento, que permitió que estos crímenes se perpetuaran en el tiempo y de manera impune.

Mateo 25, 40: “En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.”

Cualquier forma de abuso es la antítesis de nuestros valores cristianos, socava la finalidad misma de nuestra Fe, y es una traición a Dios, a Jesucristo, al Evangelio y a la propia Iglesia.

Una institución como la Iglesia Católica, que tenía que haber protegido a los menores de cualquier forma de abuso, les falló de manera evidente. Quizás podamos encontrar explicaciones que ayuden a entender cómo pudieron darse situaciones de abuso sexual en tantos y tantos espacios católicos. Pero ninguna de esas explicaciones servirá como justificación, porque jamás tenían que haber ocurrido.

La mayoría de las víctimas de Abuso Eclesiástico en Chile y en el mundo ya no pertenecemos a la Iglesia Católica. Incluso muchos se consideran hoy Ateos. Esto es una vergüenza!

Las voces de los Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico debe ser un recuerdo permanente de que a cada uno de nosotros nos fallaron y nos traicionaron como hermanos en a Fe, como Comunidad y como Iglesia.. Y si así fue en el pasado, no pueden volver a traicionarnos, a dañarnos y abandonarnos de nuevo, bajo ningún concepto en el presente.

Mons. Timothy Costelloe SDB, arzobispo de Perth (Australia), a propósito de la dolorosa experiencia vivida durante las investigaciones de la Comisión Real sobre Respuestas Institucionales al Abuso Sexual Infantil. Decía así, en su carta pastoral de febrero de 2017:

“Estoy convencido de que, sin esta rendición de cuentas pública, a la cual la comunidad australiana tiene derecho, nosotros como Iglesia no hubiéramos sido capaces de confrontar nuestros fallos de manera tan directa. Con este ejercicio se ha hecho un gran servicio de interés público”.

Y terminaba diciendo: “Ahora la comunidad entera, incluidos los miembros de nuestra Iglesia, espera acciones concretas que vengan a demostrar si nuestras palabras de disculpa, contrición y vergüenza son genuinas”.

«Hoy somos retados a mirar de frente, asumir y sufrir el conflicto, y así poder resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo caminar», señala el Papa Francisco en su carta dirigida al Pueblo de Dios.

Más del 95% de los relatos de los denunciantes de Abuso Eclesiástico chilenos son verosímiles y constitutivos de delitos canónicos. Por testimonios recibidos y declaraciones de prensa nos enteramos que los sacerdotes, religiosos y religiosas denunciados no reconocen ni conciencia de delito, ni conciencia del daño y mal causado y a pesar de sus edades, no tienen ninguna disposición para el cambio. A pesar de su formación religiosa y la mayor exigencia ética que deberían mantener en su accionar es lamentable que nuestros agresores no han logrado incorporar un juicio crítico certero en torno a la comisión de los graves delitos a que nos sometieron.

Los informes psicológicos a los cuales hemos podido tener acceso muestran que son personas que no están alterados de conciencia y que tienen graves trastornos en el control de impulsos y la expresión de su sexualidad. En muchos casos se ha recomendado la expulsión de la Congregación o del estado clerical.

En mi caso particular, quiero contarte que soy el mayor de 3 hermanos de una familia católica chilena de clase media. Fui bautizado en 1963.

A los 10 años ingresé al Instituto de Alonso de Ercilla de los Hermanos Maristas de Santiago a cursar el Quinto básico.

Entre Marzo de 1973 y Noviembre de 1980 fui abusado de poder, conciencia y sexualmente por 3 religiosos y 3 sacerdotes. A mí me tocó, pero podría haberle tocado a cualquiera… Todos estuvimos expuestos!

Yo era un niño católico, con un corazón puro, donde no cabía la maldad, la desconfianza, la mentira, el egoísmo, sólo el Amor y las ganas de aprender y jugar.

Llegando al colegio en Marzo de 1973 me escogieron, me marcaron, me sedujeron, me hechizaron, me atacaron, me manosearon, me violaron una y otra vez, me obligaron a realizarles sexo oral, me obligaron a masturbarlos, me obligaron a callarlo y me amenazaron una y otra vez para que mantuviera el “secreto”.

Ellos ejercieron su poder sobre mí, como religiosos, como sacerdotes, como catequistas, como guía espiritual, como Jefe Scout, como profesor, como confesor, como amigo, como adulto.

Me hicieron creer que era un escogido, un elegido, alguien “especial”. Me confundieron con sus palabras, actitudes y conductas. Me transfirieron la culpa y me llenaron la mente y corazón con culpa, vergüenza, miedo, inseguridad y desconfianza. De este modo, me esclavizaron en el silencio y el secreto por décadas.

Mi vida fue crucificada, mi infancia e inocencia robadas y mi espiritualidad asesinada.

Viví muerto en vida , silenciado, sufriendo en soledad, por 40 años.

Las consecuencias de los abusos de poder, de conciencia y sexuales cometidos reiteradamente por estos 3 Hermanos Maristas y 3 sacerdotes entre 1973 y 1979 han sido devastadores para mí en lo psicológico, emocional, sexual, físico, educacional, laboral, familiar y espiritual.

Mi salud mental y calidad de vida se han deteriorado profundamente y dramáticamente, tanto que puedo decirte que me he casado 3 veces y he fracasado. Tengo 4 hijos de 4 mujeres distintas.

Tengo obesidad, Diabetes Mellitus tipo 2, Hipertensión Arterial, Apnea del Sueño, Impotencia Sexual, Trastorno de Estrés Post Traumático, Episodios depresivos recurrentes y un Trauma Complejo.

Siempre me he sentido un fetiche sexual, un objeto sexual, siempre me he preocupado de satisfacer a mi pareja pero nunca he sentido placer en mi vida sexual, siempre me he sentido un objeto y no un sujeto.

Hace ya 3 años rompí el silencio, develé el secreto de mis abusos en el colegio a mis hermanos, madre, hijos y pareja. Ahora ellos sufren conmigo: se sientes responsables, se sienten víctimas, se sienten traicionados por la Iglesia y también se han alejado de la Iglesia Católica.

Yo hablé cuando pude hacerlo, no cuando quise.

En mi colegio la Congregación de los Hermanos Maristas no me han creído, me han hostigado, han hostigado a mi hermano que es profesor del colegio y nos tratan como enemigos de la Congregación Marista y de la Iglesia Católica.

Las únicas personas de la Iglesia Católica que me escucharon, me creyeron, me acogieron y me han acompañado en mi denuncia canónica son Monseñor Scicluna y Bertomeu, la señora Pilar Ramirez y la Hermana Marcela Saénz.

Los Obispos y Cardenales de Chile nos han traicionado, no nos han creído, no nos han querido ni escuchar, ni acoger ni acompañar. Ellos sólo se cuidan y se protegen a sí mismos y como el papa Francisco lo ha mostrado, son una verdadera organización corrupta y criminal.

El tiempo sólo protege a criminales, cómplices y encubridores . Nosotros los sobrevivientes exigimos nuestro derecho al tiempo, para denunciar cuando lo podamos hacer y no cuando los plazos de una ley se estén por cumplir.

Sobrevivir no es vivir.

Muchos niños y niñas abusados son asesinados al momento del ataque, otros mueren años después por la culpa y la vergüenza. De 10 niños o niñas abusados sólo 7 llegan a adultos y lo pueden develar.

Querido(a) hermano(a) en Cristo:

Yo vengo de regreso del Infierno. Estoy aquí resucitado y viviendo una nueva y buena vida en Cristo nuestro Señor.

Cuando tenía 11 años, después que el sacerdote que me confesó previo a mi Primera Comunión y que me abusó sexualmente yo pensé en matarme y lanzarme desde la azotea de mi colegio. Ese día, muy angustiado, fui a la Capilla de mi colegio, donde el sacerdote me había abusado y encaré a Jesucristo crucificado. Le grité: ¿Por qué me has abandonado? ¿Por qué has permitido que me pase esto?…Lloré hasta que me quedé sin lágrimas y luego, arrepentido, le dije: “Señor, acuérdate de mí”…Me sentí como crucificado al lado de él como ese ladrón que se arrepintió y le pidió a Jesús que se acordara de él en el momento de su muerte.

A partir de ese día escogí vivir y sentí que Jesucristo me acompañó y me acompaña hasta hoy.

Yo hoy vengo a dar testimonio ante ti, querido hermano en Cristo, que gracias a Jesucristo nuestro redentor sobreviví y estoy aquí, resucitado, de vuelta del Infierno, para denunciar los crímenes de lesa humanidad que en nombre de una Divinidad unos traidores a Dios y a Jesucristo cometieron al interior de la Iglesia.

Yo hoy no me siento solo. Me congrego para vivir mi cristianismo en La Iglesia Anglicana. Siento que allí hay un espacio seguro , confiable y garante de los Derechos Humanos para vivir mi fe.

Estoy rodeado de un círculo de protección y Amor conformado por mi madre, hermanos, hijos, nietos, familiares, amigos, Sobrevivientes, laicos y laicas y Hermanos en Cristo.

En Agosto de 2018 conformamos una Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de Chile con más de 200 miembros. Entre los Sobrevivientes hay laicos, laicas, ex religiosos, ex sacerdotes, ex seminaristas. Todos hemos estado expuestos!

Aunque a algunos les moleste el término, somos una tribu, una tribu de hombre y mujeres libres, creyentes y no creyentes, unidos por el destino, sobrevivientes de crímenes deleznables y que unidos en la diversidad, centrados en el cuidado mutuo y la confianza lúcida buscan la Verdad, La Justicia y la Reparación.

Es cierto, muchos prefieren hablar de Tribu porque muchos se autoexiliaron de la Iglesia católica por las actitudes ofensivas, victimizantes de religiosos, sacerdotes, obispos y laicos. Incluso para mí la Iglesia católica se convirtió en un lugar inseguro y no confiable para congregarse y vivir el Evangelio y me refugié en la Iglesia Anglicana.

Nuestros objetivos son acompañar y escuchar a las víctimas, a seguir movilizándonos por Verdad, Justicia y reparación, apoyar la Imprescriptibilidad de los delitos sexuales con retroactividad y formar una Comisión de Verdad, Justicia y reparación para todos los abusos en la Infancia.

Sin denuncia no puede haber Justicia. Sin Justicia ni reparación no puede haber Sanación Y desde la Sanación se puede avanzar a la Reconciliación.

Queremos que en lo Canónico, en lo Penal y en lo civil haya castigo para criminales, cómplices y encubridores.

Queremos que estos crímenes no se vuelvan a repetir y por eso esperamos que todo religioso (a) o sacerdote que haya abusado sea expulsado de la iglesia e investigado penal y civilmente.

Y finalmente, todos los sobrevivientes exigimos a vivir una vida nueva y plena, y para eso la Justicia y Reparación es justa y necesaria.

La Iglesia es una institución conformada en su mayoría por laicos y laicas. Cómo es posible entonces que una minoría perversa la controle y manipule?

Hoy les toca a ustedes, los futuros sacerdotes, reflexionar, cuestionarse, reconocer esta Verdad tan dolorosa y avergonzante.

Ustedes, son los llamados por el Papa Francisco para volver a recuperar la confianza de tantos no creyentes en la Iglesia Católica y reconciliarlos con la Iglesia.

Perdona si mis palabras te han dolido, mi intención es preocuparte y movilizarte.

Tú has sido llamado a ser pastor, a ser modelo, a ser guía, a ser servidor, a ser garante de la dignidad humana y del Evangelio.

La Iglesia te necesita, tú eres la Esperanza.

Nunca más puede ocurrir el abuso de poder, el abuso de conciencia y el abuso sexual cometido por sacerdotes, religiosos y religiosas. Espero que con mi relato entiendas un poco más de estos crímenes y puedas entenderme un poco más como víctima y Sobreviviente.

Necesito de ti, que me creas, que me escuches, que me acompañes, que no cuestiones lo que digo, cómo lo digo y el por qué lo hago ahora y no antes.

Necesito de tus oraciones para que en mi alma, corazón y mente exista paz, sanación y Esperanza.

Tú eres mi hermano, yo soy tu hermano y Jesucristo mismo habla a través de mi relato.

Es Jesús mismo el que quiere cuestionarte en tu vocación, en tu Fe y en tus valores.

Jesús no quiere que tú seas ni abusador, ni cómplice ni encubridor.

Jesús quiere que tú seas garante de los Derechos Humanos de todas las personas, porque todos somos hijos de Dios.

La pasividad, el conformismo, el negacionismo, el poder por el poder, la codicia, las conductas y actitudes infantiles, la confianza ciega, el clericalismo, la sexualidad perversa y la corrupción se han metido en la estructura y organización de la Iglesia Católica y ustedes, los futuros sacerdotes son los llamados a trabajar unidos con los laicos y laicas para terminar con estos crímenes y esta tragedia que tanto nos duele

Esto es una tragedia y todos somos responsables.

En mi corazón no hay cabida para el odio y el resentimiento. Yo ya perdoné y me saqué un gran peso de encima.

Quiero terminar enviándote un abrazo fraterno y mis oraciones para que puedas reflexionar y acojas con humildad y Amor fraterno mis palabras.

Que estas palabras te acompañen siempre y te permitan cuestionarte, interpelarte y convocarte a un diálogo veraz y fraterno, a una reflexión profunda, a la conversión, al arrepentimiento y al reconocimiento del mal causado por tantos miembros del clero.

Le pido a Dios, nuestro Señor, que nos dialogar fraternalmente para que a pesar de todo lo que ha sucedido juntos, en respeto mutuo y confianza lúcida sigamos recorriendo este largo camino de Verdad, Justicia y Reparación de estos crímenes.

Todos los cristianos estamos llamados a poner en el centro de sus vidas a Jesucristo y hacer el bien y triunfar sobre el mal. Los ojos de los Sobrevivientes, de la Iglesia, de la sociedad chilena y del mundo están atentos hoy a las palabras, actitudes y acciones ejemplares y ejemplificadoras que deben surgir de cada uno de ustedes para que otra Iglesia católica sea posible.

Le pido a Dios nuestro Señor que a través del Espíritu Santo nos siga iluminando a todos para construir una Nueva Iglesia centrada en el Evangelio de Jesucristo, el respeto a los DDHH, la convivencia pacífica, la no violencia, la solidaridad, el cuidado mutuo y la confianza lúcida.

Dios está con nosotros y si nos dejamos guiar por el Espíritu Santo construiremos su Reino.

Con afecto y Esperanza,

Jaime Concha Meneses
Sobreviviente de Abuso Eclesiástico

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