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Estrella Gutiérrez: Todos somos más o menos adictos

 

Estrella Gutiérrez, médica, catequista del mundo popular.

Chile ha gastado enormes recursos en la lucha contra el narcotráfico y el consumo de drogas. Sin embargo, las noticias nos confirman cada día que los resultados son muy insatisfactorios. Tal vez habría que cambiar las políticas y/o estrategias de abordaje; no se trata de llegar a los extremos de Singapur y China, donde estos delitos se castigan con la pena de muerte.

Miremos un poco nuestra realidad. En los sectores más pobres prácticamente no hay farmacias, ni bomberos, ni cajeros automáticos. Tampoco, liceos de calidad, canchas deportivas, áreas verdes, sala cunas o jardines infantiles; incluso la locomoción colectiva evita adentrarse en lugares llamados “peligrosos”. Abandonada a su suerte, la gente es presa fácil de bandas de narcotraficantes que les provee varios de los servicios que el Estado les niega.

Vivimos imbuidos de un modelo neoliberal de consumo altamente adictivo. Más que ciudadanos, se nos llama “consumidores”. El rito de iniciación es recibir una tarjeta de crédito y la invasiva propaganda le lleva la comparsa. Ya como consumidor, casi siempre se experimenta el deseo de seguir comprando, muchas veces cosas innecesarias, pero que dan estatus: ropa de marca, zapatillas, sofisticados celulares, etc. Quien tiene un auto, quiere tener dos. Si es un televisor, desea otro más grande. ¡Nunca es suficiente! Si por razones económicas suspende el consumo, experimenta un malestar emocional y/o físico parecido al del síndrome de abstinencia de drogas; si mantiene sus ingresos, se esfuerza por ganar más y así aumentar su consumo de bienes materiales. Una vez saturad@ de éstos, necesita explorar nuevas experiencias. Por esta vía algunos empiezan a consumir drogas, cada vez más sofisticadas y peligrosas. Gente famosa, con gran poder adquisitivo, ha terminado atrapada por ellas. Es el resultado trágico de un insaciable apetito de consumo.

Para los sectores pobres el consumo de drogas, incluido por supuesto el alcohol, parece ser la manera más fácil de evadirse de su realidad. Son invisibles para el mercado. Además, aún si no se inician en las drogas, el micro tráfico se les presenta como el camino más expedito para salir de la pobreza y convertirse en flamantes consumidores.

Y al centro, estamos casi todos. Consumiendo y consumiéndonos.

Pero es hora de detener tanto consumo superfluo. Es hora de tomar conciencia de que cual más cual menos, todos fuimos entrenados por el modelo neoliberal para ser adictos a un consumo irracional e irresponsable. Nuestra conducta, no es muy distinta de la de aquellos que consumen drogas, pero ha tenido peores consecuencias globales, porque es la principal causa que nos ha llevado al descalabro de un cambio climático casi sin retorno.

El planeta entero está suplicando un cambio de nuestra conducta. ¡Ahora!

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