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Estrella Gutiérrez: «Una delgada línea divisoria»

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Los chilenos somos expertos en guardar las apariencias. Lo hacemos de distintas maneras; diciendo la verdad, pero no toda la verdad; fingiendo que no nos pasa nada, cuando estamos francamente mal; usando un lenguaje de falsa cortesía. Los abogados deben tratar de “su señorÍa” al magistrado, aunque éste no les agrade y los subordinados, de “su excelencia” a gobernantes que con frecuencia distan mucho de ser los buenos, los mejores, los “excelentes” ; también se le trata de “su eminencia” – que significa notable, célebre, superior- a autoridades eclesiásticas, aunque el pueblo de Dios no perciba en ellos, tales cualidades.

Pero hoy en día, exasperados por los tacos, las deudas, las cuarentenas cuando vamos al volante, se nos olvida la cortesía y pasamos insultando o sacando la madre, -no sé por qué no, al padre-, a cualquiera que se nos adelante o demore un poquito en avanzar cuando el semáforo lo permite. Una agresividad generalizada flota en el aire.

Los noticieros dan cuenta de asaltos, accidentes, estafas, portonazos, etc. De vez en cuando, un anuncio alentador; pronto nos damos cuenta que trae “letra chica”. Hace unos días escuché algo que parecía una broma de mal gusto: los fines de semana lo feriantes deberían vender sus frutas y verduras por delivery. ¿Cómo recibieron este anuncio quienes viven en campamentos, poblaciones marginales o tomas de terreno? Me pongo en lugar de estos pobladores y me parece francamente ofensivo.

Hablando de ofensivo, la presidenta del Colegio Médico en un programa de T.V. vertió opiniones que crearon gran polémica pública. ¿Se equivocó la Dra. Siches al tratar de “infelices” a las autoridades sanitarias de nuestro país? Creo que sí, porque especialmente en política, importan las formas y se considera ofensivo tratar así a las autoridades. La Dra. Siches tuvo la hidalguía de disculparse. Está bien. No pidió perdón. Precisó que en el fondo mantenía su postura. Que no supo elegir sus palabras. Creo que olvidó por un momento, que no estaba en su mundo privado, donde somos libres de expresar sin censuras lo que pensamos o sentimos. Olvidó que se hallaba en un espacio público como la T.V. Allí, debía medir sus palabras.

Los avances tecnológicos: whasap, facebook entre otros, permiten que los hechos del mundo exterior nos lleguen casi en tiempo real. Tiene sus ventajas, pero también sus costos. Invaden nuestra privacidad haciendo cada vez más tenue, invisible, e incluso indivisible, esa delgada línea que separa nuestro mundo personal del ámbito público. En esta realidad que llegó para quedarse, será preciso reinventar una nueva ética post pandemia que nos ayude a ser más coherentes, respetuosos, responsables y auténticos, en lo público y en lo privado.

 

 

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