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Estrella Gutiérrez: Síntomas de Desilusión

Estrella Gutiérrez, médica, catequista del mundo popular.

En las relaciones de pareja, suele ocurrir que después de un período más o menos idílico de felicidad y armonía, aparezcan algunos síntomas de desilusión. Cada uno por su parte, empieza a sentir un cierto malestar indefinido; algo como aburrimiento o decepción. Ingenua o realistamente, esperaba otra cosa de esta relación. En este clima se van dando pequeñas o más grandes desavenencias seguidas de incómodos silencios. Se va haciendo cada vez más difícil tomar decisiones de mutuo acuerdo o se instala una manera de tomar decisiones por empate: “Ok., tú decides sobre este asunto; en este otro, decido yo”.

Más tarde vienen las recriminaciones mutuas; le siguen reconciliaciones más o menos pasajeras. Pero los síntomas de desilusión suelen reaparecer con más fuerza con sus típicos reproches: “me habías prometido que… y no pasó nada”. “Y tú, ¿cumpliste acaso lo que me dijiste?”. Con la desconfianza instalada se acentúa la incomunicación. Después de un tiempo, alguien da el primer paso; ya no aguanta más; abandona la lucha. Decide cortar la relación; separarse. Los amigos se sorprenden: “parecían una pareja feliz”.

¡Parecían!

Algo semejante le ocurrió a las autoridades políticas de nuestro país y en particular al gobierno. No quisieron o no supieron ver los síntomas de desilusión de la inmensa mayoría que los eligió. Las encuestas de opinión miden los niveles de aprobación o de rechazo pero no indagan sobre los síntomas que experimentan los ciudadanos que se sienten desilusionados con sus autoridades. Una vez en su cargo, el candidato ganador(a), empieza a olvidar las promesas hechas durante el tiempo de campaña. Se comporta como un hombre machista. Cree que todo le está permitido, incluso el maltrato. Piensa que los ciudadanos deben darse por satisfechos, ya que viven en una democracia y no en una dictadura; no deben olvidar que Chile no es como otros países donde abundan más lacras sociales. El poder se empieza a ejercer con los rasgos típicos de las peores caricaturas del patriarcado. El pueblo sometido al poder, como la mujer a su esposo según las cartas paulinas.

Pero el mundo está cambiando, “y cambiará más,” como decía la letra de una canción ochentera.

Las sociedades empiezan a despertar. A exigir de sus gobernantes mayor coherencia, transparencia y responsabilidad. Trato más digno. A valorarse más como personas y ciudadanos que contribuyen con su trabajo y su tesón a levantar el país. Eso está bien.

Me pregunto si en alguna cátedra universitaria se les enseña a los políticos a reconocer los síntomas de desilusión de sus gobernados. Sería conveniente que los que aspiran al poder, aprendieran a detectar a tiempo – y no a costa de estallidos sociales- los síntomas de desilusión de una sociedad, cansada de falsas promesas, de migajas, de menosprecio y de abuso.

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