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Estrella Gutiérrez: «Se hace camino al andar»

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El paso histórico que dio nuestro país el 15 y 16 de mayo último, se supo en el mundo entero. De lo que se ha sabido muy poco a través de los canales oficiales de la Iglesia Católica, es de la Asamblea Eclesial para América Latina y el Caribe, convocada por el papa Francisco. Sin embargo, se trata de una tremenda noticia para el pueblo de Dios.

A diferencia de las conferencias generales del episcopado de antes, donde se reunían solamente obispos, todos varones, ahora, por primera vez, están convocados también las y los laicos. Parece una señal del cielo que esta convocatoria esté ocurriendo, simultáneamente con el proceso constituyente iniciado en Chile.

En la Asamblea Eclesial, si bien habrá un grupo grande de participantes (cerca de mil dicen) todas y todos estamos convocados a participar en el proceso preparatorio para generar insumos, incluso personas no creyentes de buena voluntad. Así, el pueblo de Dios en su conjunto irá haciendo su aporte.

Ya se ha iniciado un proceso de ESCUCHA en forma telemática sobre nuestra realidad, con sus luces, sus sombras y desafíos. Ver www.asambleaeclesial.net Un programa de big data procesará después todos los aportes y en noviembre próximo se sancionará un documento final que recogerá el sentir del pueblo de Dios.

El contexto no es el mejor. Mientras las ayudas del gobierno no lleguen en forma universal y suficiente a todas las familias que lo necesiten, la prioridad para la inmensa mayoría es y será la obtención del sustento diario. El cansancio acumulado y sus efectos en la salud física, mental y emocional hacen temer que la participación sea escasa; la gente “estará en otra”. Los católicos no son la excepción. Por ese motivo, quienes podamos, debemos comprometernos en este esperanzador proceso. Y mientras más seamos, más fuerte se oirá nuestra voz en todo el continente.

No olvidemos a esos hermanos que a causa de los escándalos sexuales y abusos de poder, han ido quedando heridos en el camino. Desilusionados de todo, muchos de ellos dicen no tener ya ni fe ni esperanza. Lo impresionante es que siguen haciendo lo más importante que nos manda el Evangelio: tendiendo la mano al que sufre, apoyando ollas comunes, solidarizando con los jóvenes injustamente presos, etc. Tenemos una deuda con estos hermanos desencantados de la Iglesia; la iglesia nuestra, la que formamos todos. Podemos organizar foros temáticos para escuchar con empatía, cariño y respeto lo que nos dice el Espíritu a través de sus bocas. Se trata no solo de aportar a un documento final, que tal vez termine en un escritorio, como temen algunos, sino de ir oyéndonos mutuamente, mientras hacemos camino al andar, como lo hizo Jesús con los peregrinos de Emaús.

 

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N. del E: los contenidos de esta columna son de la exclusiva responsabilidad de quien la escribe y firma. Las opiniones emitidas en ella no son necesariamente compartidas por este medio, quien solo publica en ejercicio de la libertad de expresión.

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