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ESTRELLA GUTIÉRREZ: Ídolos, divas y superhéroes

por ESTRELLA GUTIÉRREZ
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L

a muerte de Maradona no dejó indiferente a nadie. Muchos lo consideraban un dios y lo veneraban así. Nada raro que pronto aparezcan animitas en su memoria, pidiéndole todo tipo de favores, absolviéndolo de todas sus culpas y errores. Suele ser así.

Se ha dicho que fue producto de la industria del fútbol; descubrieron en él un gran potencial, que les reportaría pingües ganancias y a él lo llevaría a gozar del éxito, la popularidad y una vida de lujos que muchos quisieran alcanzar. Lo mismo pasó con Marylin Monroe en la industria del cine y con tantos otros en distintos ámbitos. Gente de carne y hueso convertida en ídolos. Es innegable el efecto seductor que estas figuras producen en los demás: ser famoso, admirado, imitado; ganar mucho dinero y disfrutar de todo lo bueno ( ¿bueno? ) de la vida; de ahí a un paso de la búsqueda de nuevas experiencias y sensaciones en el consumo de drogas. Es que el ser humano está hecho para ganarse el pan de cada día, no como un castigo, sino como una manera de prolongar la creación.

Urge abrir un debate ético frente a algunos temas delicados, discutibles y controversiales.

Primero: fijar por ley no solo un salario mínimo ético, sino también un sueldo máximo ético. Es absurdo que un ser humano sea valorado por los atributos de su belleza física —tema netamente cultural— y NO por el fruto de su trabajo ya sea físico, intelectual, político, artístico o social.

Segundo: de cara a una nueva Constitución, hay que establecer los mecanismos que aseguren una presencia efectiva del Estado en todos los sectores de nuestra sociedad para garantizar el acceso universal y digno a los servicios básicos: educación, vivienda, salud, deportes, cultura, trabajo y seguridad social. Una amiga belga me decía que en su país, el municipio tiene la facultad y los recursos asegurados para garantizar el acceso universal y gratuito a estos servicios, cuando es necesario.

La ausencia de un Estado protector, entre otras causas, ha provocado que muchas personas, encuentren en el microtráfico, una actividad que les ofrece un estándar de vida mejor que el de sus vecinos y la admiración o envidia de sus pares. El narcotráfico ha explotado la miseria de muchos, ofreciéndoles dinero fácil para cubrir sus necesidades. Los que van a la cárcel, no son los grandes traficantes sino los humildes pobladores que se dejaron deslumbrar por el dinero fácil que les ofrece este sucio negocio.

Nuestros verdaderos héroes y divas no venden, ni son famosos. Les basta la belleza de su ser interior y la belleza que descubren en los rostros de sus hermanos. Están en nuestras calles y plazas, en los servicios de urgencia, hospitales y consultorios; en las ollas comunes, las escuelas y en toda organización que busca el bien común.

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