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El Papa cede ante las presiones y echa pie atrás con la ordenación sacerdotal de hombres casados

El documento clave es el emitido al final del Sínodo dice Francisco, e invita a leerlo íntegramente pero no lo cita en la exhortación. Sin embargo, cita a Pablo Neruda y evoca "cuatro grandes sueños": la lucha por los derechos de los más pobres; preservar la riqueza cultural de la Amazonía; custodiar el entorno, y que los cristianos "sean capaces de entregarse y encarnarse en la Amazonía", sostiene.
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(CIUDAD DEL VATICANO, 12.02.2020 – KAIRÓS Y RD).- Ni curas casados, ni diaconisas, ni ‘rito amazónico’ ni ‘pecado ecológico’. El Papa Francisco evitó casi todos los temas polémicos en ‘Querida Amazonía’, la esperada exhortación apostólica tras el Sínodo de la Amazonía, que se convierte en un texto paradójicamente abierto pero sin aperturas. Quizá, el documento más ‘polisémico’ de este pontificado, que deja a muchos con la sensación de que Bergoglio no se ha atrevido a ir más allá, y con el interrogante de si, finalmente, la presión de Sarah-Ratzinger para no aprobar el sacerdocio de personas casadas, ha surtido efecto.

Tal y como explica el director de los media vaticanos, Andrea Tornielli, Francisco ha querido evitar que la exhortación se convirtiera “casi en un referéndum sobre la posibilidad de ordenar a los hombres casados como sacerdotes”. Una cuestión que, admite Tornielli, el Papa, “después de haber orado y meditado, ha decidido responder no previendo cambios o nuevas posibilidades de excepciones a las ya previstas por la disciplina eclesiástica vigente, sino pidiendo volver a empezar desde lo esencial”. ¿Se podrá volver a hablar de ello en el futuro? Seguramente, aunque cuesta pensarlo después de esta exhortación.

«No quiero reemplazar el documento del Sínodo»

Porque el Papa comienza haciendo suyo el documento aprobado -por mayoría de dos tercios- por los padres sinodales, y que incluía la petición de ordenar presbíteros a hombres casados, otorgar ministerios a las mujeres, reivindicar el ‘pecado ecológico’ o instituir un ‘rito amazónico’. “No desarrollaré aquí todas las cuestiones abundantemente expuestas en el documento conclusivo. No pretendo ni reemplazarlo ni repetirlo”, apunta Francisco, que insiste en que “he preferido no citar ese documento en esta exhortación, porque invito a leerlo íntegramente”, y pide a “pastores, consagrados, consagradas y fieles laicos de la Amazonía” que “se empeñen en su aplicación”.

Celibato clerical

Sin embargo, el mismo Papa no termina de hacerlo. Es más: aunque admite que la escasez vocacional en la Amazonía “no puede dejarnos indiferentes y exige de la Iglesia una respuesta específica y valiente”, la respuesta de la exhortación deja claro que tanto la Eucaristía como el perdón de los pecados son potestad exclusiva del sacerdote.

“Ese carácter exclusivo recibido en el Orden, lo capacita sólo a él para presidir la Eucaristía. Esa es su función específica, principal e indelegable», dice el Papa, cerrando cualquier puerta a que un laico pueda consagrar o confesar. “En estos dos sacramentos está el corazón de su identidad exclusiva”.

Nota al pie insuficiente

Apenas una nota al pie, la 136, abre una rendija afirmando que “es posible, por escasez de sacerdotes, que el obispo encomiende «una participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a un diácono o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal, o a una comunidad»”, pero dejando claro que no serían sacerdotes.

Francisco sí invita a “una presencia estable de líderes laicos maduros y dotados de autoridad”, y reclama el “contundente protagonismo de los laicos”… pero sin ser ordenados sacerdotes.

No clericalizar a la mujer

En cuanto al papel de la mujer, Francisco reconoce que sin las mujeres, la Iglesia no existiría en muchos rincones del mundo, pero reclama «expandir la mirada para evitar reducir nuestra comprensión de la Iglesia a estructuras funcionales”.

“Ese reduccionismo nos llevaría a pensar que se otorgaría a las mujeres un status y una participación mayor en la Iglesia sólo si se les diera acceso al Orden sagrado”, denuncia Francisco, que sí cierra esta posibilidad -parece que de manera definitiva- para la mujer, criticando que, de hacerlo, sólo se conseguiría “clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable”.

“Comprendemos radicalmente por qué sin las mujeres ella se derrumba, como se habrían caído a pedazos tantas comunidades de la Amazonia si no hubieran estado allí las mujeres, sosteniéndolas, conteniéndolas y cuidándolas”… pero sin ministerio sacerdotal.

Sin embargo, al final sí ofrece una puerta abierta a otros ministerios: “En una Iglesia sinodal las mujeres, que de hecho desempeñan un papel central en las comunidades amazónicas, deberían poder acceder a funciones e incluso a servicios eclesiales que no requieren el Orden sagrado y permitan expresar mejor su lugar propio”.

Una de las estatuillas arrojadas al río

El resto del documento formula “cuatro grandes sueños”: que la Amazonia “luche por los derechos de los más pobres”, “preserve la riqueza cultural”, “custodie celosamente la abrumadora hermosura natural” y, por último, que las comunidades cristianas sean “capaces de entregarse y encarnarse en la Amazonia”. Su análisis podrán leerlo en otro artículo-resumen.

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