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Carmen Lora y los 50 años de Teología de la Liberación: “Después de todo, la Iglesia hoy recupera con Francisco una perspectiva evangélica muy neta”

Carmen Lora, quien ha acompañado al “padre” de la Teología de la Liberación en estos 50 años como parte del equipo editor en el Perú de Gustavo Gutiérrez, cuenta aquí como surgió el primer libro a partir de una conferencia con curas en Chimbote, y que ya ha dado varias vueltas al mundo con sus traducciones a 14 idiomas. Mañana se inicia un trascendental seminario internacional sobre este tema en el que aún es posible inscribirse.

Carmen Lora, quien ha acompañado al “padre” de la Teología de la Liberación en estos 50 años como parte del equipo editor en el Perú de Gustavo Gutiérrez, cuenta aquí como surgió el primer libro a partir de una conferencia con curas en Chimbote, y que ya ha dado varias vueltas al mundo con sus traducciones a 14 idiomas. Mañana se inicia un trascendental seminario internacional sobre este tema en el que aún es posible inscribirse.

24.10.2021  |  KairosNews

Carmen Lora, directora del Centro de Estudios y Publicaciones, es una de las tres convocantes al seminario que parte mañana y que celebrará los 50 años de las Teología de la Liberación. Son 50 años en que ella ha estado ligada al CEP, como editora y periodista. Es psicopedagoga de profesión y ha trabajado largos años con la Federación Nacional de Comedores Populares del Perú. También ha tenido un largo trabajo en la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza y ha acompañado la práctica pastoral que genera la Teología de la Liberación en estos 10 lustros.

Carmen cuenta que efectivamente tuvo participación en el primer libro de aquella edición preliminar de 1971 del libro de Gustavo Gutiérrez, “Teología de la Liberación. Perspectivas”.

“Me correspondía llevar y traer los textos para su digitalización en la composer, que era una especie de máquina de escribir, eléctrica y muy moderna para aquel tiempo, en la cual se entraba con determinados códigos y esta máquina reproducía las galeras (una matriz impresa para usar en la diagramación). Ese término los editores antiguos lo conocen. Entonces yo llevaba el material a una empresa que nos prestaba el servicio de digitalización de textos. Después compramos una de esas máquinas pero el CEP pues en ese momento, prácticamente, acababa de fundarse (marzo de 1970).

— Podemos imaginar que en ese momento no se dimensionaba el impacto y el carácter histórico de aquella edición.

– No. Sin embargo, teníamos una referencia de contexto. Sabíamos que estábamos viviendo un tiempo muy importante, con una iglesia muy fructífera. Recién terminaba el Concilio Vaticano II y enseguida vino la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano de Medellín, en 1968, que fue un campanazo.

PRIMERA EDICIÓN

– ¿Cómo se gestó el libro?

– Por un lado, se reconocían cambios en la Iglesia. Medellín no es que comience un proceso sino reconoce lo que ya estaba en marcha en la Iglesia latinoamericana. Recuerdo mucho una reunión en Melgar (Colombia), poco tiempo antes de Medellín, la cual fue muy decisiva en la comprensión de lo que era la misión.

“Entendíamos por ‘misión’ que todo era impartir el Evangelio y difundir el Evangelio. Pero esa reunión nos hizo sentir que también era importante en esa misión escuchar a la gente, conocerla, y saber cómo vive. Estábamos en ese ambiente y las congregaciones religiosas vivían un momento interesantísimo de abrirse al mundo, como diríamos hoy, iban en salida.

“En ese clima, Gustavo (Gutiérrez) había impartido varias conferencias, siendo la primera en 1968, en Chimbote, una ciudad de pescadores, al norte de Lima, sumamente desafiada por acoger la migración masiva de la sierra a la costa y de las más rápidas que se ha dado en el Perú,

“Aquella vez, Gustavo, con 40 años de edad, expuso sus ideas ante un grupo de sacerdotes de Chimbote y se abrió un debate muy importante acerca del desarrollo, un concepto que estaba muy en boga en esa época, siendo nuestros países considerados subdesarrollados.

“Aquí, Gustavo planteó una cuestión fundamental desde una perspectiva de fe. Señaló que había más desafíos que los que la palabra desarrollo podía considerar, y ante eso, optó por usar como más apropiado el concepto de liberación, en un sentido amplio, para aludir tanto a la liberación de las estructuras económicas como a la liberación de las opresiones humanas y del pecado. Finalmente, la transcripción de esta conferencia dio lugar al libro que, por cierto, nunca imaginamos su impacto”.

– ¿Se editó en Perú y luego en otros países?

– Ya en marzo de 1972 el texto lo publicó Queriniana, en Italia y meses después Ediciones Sígueme, en Salamanca, España. En 1973 lo hizo Orbis en Nueva York (Estados Unidos). En ese tiempo los libros iban por correo porque no existía internet.

– ¿Cuántas ediciones ha tenido este libro?

– Hoy es difícil contabilizarlas. Nosotros manejamos, como referencia digamos, una segunda edición importante, que se hizo en 1987-88, y que Gustavo la prologó con un texto que se titula ‘Mirar lejos’. Fue una actualización, incluyó nuevas citas e hizo una revisión completa. Esa es la que hoy tenemos como referencia en todos los idiomas y ahí puedo decir que ya vamos en la décimo tercera edición. El libro ha sido traducido a 14 idiomas.

– Si no se pueden contar las ediciones menos se sabrá la cantidad de lectores que ha tenido.

– Lo que pasa es que este libro no es manejado solo individualmente, o leído solo por una persona. Es un texto que impacta y se lee en grupos, en los movimientos, en comunidades y así se difunde de muy diversas maneras. Por ejemplo, tres años después, el sacerdote peruano Alejandro Crusianovich, que trabajaba con pastoral obrera, escribió un libro titulado ‘Nos ha liberado` y en este difundía los principales temas del libro, lo cual fue muy útil en ese momento.

“Ahora, lo que me parece que confirma la solidez de los planteamientos del libro es su vigencia. Un libro publicado hace 50 años, sigue concitado interés y siendo un libro que la gente consulta, estudia, hace tesis académicas… es impresionante. Hoy tenemos consultas de muchos investigadores que nos piden información de temas que en esa época no fueron difundidos.

“Hace un año me pidieron la traducción al árabe. También se hizo al rumano y hace unos diez años al griego. Pero para el autor este libro es muy importante porque está muy vinculado a la práctica concreta. No es un libro que teoriza únicamente. Evidentemente trabaja conceptos, pero dialoga permanentemente con la práctica concreta de los cristianos y recoge los desafíos de la gente que, no siendo cristiana, está en una perspectiva que busca un proceso de liberación, que busca una mayor justicia, y construir la paz y la fraternidad”.

TEOLOGÍA DE LA LIBERACIÓN

– Sin embargo, hay quienes sostienen que la Teología Liberación ya murió. ¿Que opina de esto?

– Primero, no podemos restringir la Teología de la Liberación a los trabajos de Gustavo, pues hay autores que han aportado mucho. Pero hay otros autores que han vinculado esta teología a sus propuestas políticas; pero en estos casos lo que cae son las propuestas históricas o ideológicas.

“Es cierto que hay un sector que habla de la muerte de la Teología de la Liberación. Gustavo, cuando le mencionan esto, responde irónicamente diciendo: ¡cómo, no me invitaron al entierro! (risas).

– También critican que la Teología de la Liberación hace referencia a los cambios sociales sin inmiscuirse en teologías específicas como la feminista, indígena, etc.

– Obviamente, en su primera formulación no estaba eso explicitado. Eran otros tiempos. Poco después de conocida esta perspectiva hubo mucho diálogo entre la Teología de la Liberación y la teología negra, de James Cone en Estados Unidos, por ejemplo y con comunidades de otras culturas, sobre todo de África y Asia. Podría recordar el nombre de Aloysius Pieris, Pero hoy hay muchos, sobre todo teólogos jóvenes, que han asumido esta tarea. Hay gente que está trabajando la relación de Teología de la Liberación con la ecología, la perspectiva feminista, el mundo indígena y afroamericano, etc.

“Y el pensar teología desde situaciones discriminatorias, como la experiencia de las mujeres o de comunidades negras, ha hecho surgir una generación de teólogos y teólogas que trabajan en profundidad esas temáticas y otras nuevas como la diversidad sexual, que también nos desafía.

“Quiero recordar que las diferentes reflexiones que nacen, son parte del método. Al final del libro, Gustavo dice que solamente se podrá tener una auténtica teología la liberación, cuando los propios actores den cuenta de ello, de su experiencia de fe y reflexionen su fe.

“Es una propuesta metodológica que está muy ligada a una experiencia espiritual porque el mismo autor siempre ha señalado que no hay que ser voz de los sin voz, sino que hay que trabajar para que los que no tienen voz, tengan su propia voz. Esto quiere decir que, cada sector que sienta que vive una experiencia discriminadora o de sufrimiento, pueda dar cuenta de ello”.

— ¿Qué pasa con el desarrollo humano propiamente tal? ¿Cómo lo aborda la Teología de la Liberación?

— Lo primero que me nace decir, más allá de editora, sino en mi compromiso como educadora en grupos populares y en movimiento sociales de mujeres, que me ha sido muy útil la manera cómo en la Teología de la Liberación, Gustavo trabaja la dimensión humana, que es diferente que la liberación económica y política.

“Esa sensibilidad que trabaja en términos de espiritualidad, de conversión, de liberación, ha sido para muchas otras personas, sobre todo las teólogas, muy útil para el campo educativo y popular. Ver cómo las mujeres de ollas comunes o comedores populares como se llaman en Chile, parten de su propia experiencia de opresión, que es muy dura, y llegan a descubrir en sí mismas potencialidades liberadoras muy fuertes. Con dos colegas hice un librito que se llamaba ‘Mujer: víctima de la opresión, portadora de liberación. En este nos inspirábamos en lo que la Teología de la Liberación planteaba para esa dimensión humana”.

PROBLEMAS CRÍTICOS

— ¿Cuál es el momento más crítico en estos 50 años de la Teología de la liberación?

— La reacción contraria a la Teología de la Liberación comienza muy temprano, pero con el tiempo, los momentos más difíciles fueron aquellos en los cuales estos sectores insistieron mucho en Roma para que el Papa condenara la Teología de la Liberación. Y aunque las Instrucción de Juan Pablo II daba pie para eso, si uno la lee con cuidado, podemos ver que de todos modos el Papa y quienes lo asesoraban se dan cuenta que en Teología de la Liberación había diferentes formulaciones y que no se podían poner todas en un mismo saco.

— Pero en el caso peruano fue muy duro.

— Sí, aquí hubo una presencia de sectores muy conservadores que no necesariamente era la jerarquía y que estaban ligados a un movimiento de laicos llamado Sodalicio, que nació en Perú y se extendió en muchos países de América Latina y España.

“También está el contexto de los años ‘70 y los ‘80, cuando muchos países de América Latina vivían dictaduras militares y surgió muy fuerte la solidaridad. Solidaridad también de muchas instituciones europeas que fueron muy importantes.

“Sin embargo, en los ‘90, algunas de estas instituciones vincularon su solidaridad más a proyectos de infraestructura y consideraban, por ejemplo, que la educación no tenía importancia porque el desarrollo individual se daba por el desarrollo de la economía.

“Ese momento fue bastante duro. Uno sentía que en la Iglesia crecían los sectores que buscaban regresar incluso a momentos preconciliares, mientras la sociedad desarrollaba una mirada con una fuerza muy grande en el individuo y no en una perspectiva de solidaridad que es la que se afirma muy fuertemente en la Teología de la Liberación».

50 AÑOS DE IGLESIA

— El CEP con su nutrida colección de publicaciones, ha recorrido y registrado momentos clave de la Iglesia en América Latina en los últimos 50 años. ¿Cómo se fue dando eso a partir de las conferencias generales del episcopado?

— Siento que ha sido un camino muy intenso tanto en la iglesia como en la sociedad.

“En Puebla, América Latina estaba muy desafiada a cómo dar cuenta a Dios, de la fe cristiana, en este continente que era masivamente católico pero donde había mucha injusticia y con restricciones democráticas. Aquí, la Iglesia tuvo un papel fundamental en términos de defensa de los más pobres. Monseñor Romero se da perfectamente cuenta. Su preocupación, su angustia son los sectores absolutamente desprotegidos. Entonces, endurece su crítica a la dictadura pero también a las propuestas alternativas que no tenían capacidad y consistencia suficiente. Fue una época donde la Iglesia vive mucho la contradicción que se daba en la sociedad.

“En Santo Domingo la mirada fue hacia atrás, hacia el año 1492 y cómo la iglesia enfrentó los desafíos de la primera evangelización. La reflexión tenía que ver con esos procesos históricos que nos habían marcado mucho como pueblos y que seguían presentes en este momento al celebrar los 500 años del encuentro cultural. Por tanto, el desafío de entonces, era entrar en una nueva evangelización en América Latina.

“Aquí, el trabajo de Gustavo sobre Bartolomé de las Casas marcó muy fuertemente porque siendo una reflexión sobre la historia, estaba conectada con la actualidad de la pastoral especialmente para comprenderla.

“Luego, Aparecida se inició un poco a contracorriente. La Iglesia estaba muy desconcertada. Algunos países del continente habían retornado a la democracia y buscaban construir procesos. La Iglesia, en términos universales, como que había perdido el sentido y la intensidad que había tenido el Vaticano II. Creo que se dio una especie de reutilización de algunos conceptos. Por ejemplo, cuando se hablaba de opción preferencial por los pobres sonaba más a una etiqueta que nada tenía que ver con una práctica concreta de la Iglesia. Por eso entramos a Aparecida un tanto desencantados, y fue la persistencia pastoral de nuestra gente de comunidades y movimientos, que en silencio mantenían el trabajo y vigorizaban la reflexión que se expresó . Eso quedó reflejado en el documento de esta conferencia.

“Aquí hay dos acciones clave. Uno es el discurso inaugural de Benedicto XVI, que es histórico porque en este, el Papa reconoce el aporte cristológico de la opción preferencial por los pobres (Mateo 25). Esto marcará el trabajo de los obispos durante toda la reunión.

“Y a eso hay que añadir la figura del cardenal Jorge Bergoglio, hoy el Papa Francisco, quien conduce el trabajo de redacción y recoge lo más auténtico y coherente que había en la Iglesia a lo largo del tiempo que va entre Santo Domingo y Aparecida. Así se produce un documento sumamente interesante, que algunos obispos lo ignoraron. Como en Perú, donde el cardenal Cipriani nunca lo difundió porque no estaba de acuerdo. Fue un documento silenciado”.

ASAMBLEA ECLESIAL

— ¿Por eso, podríamos decir que el papa Francisco convocó a la Asamblea Eclesial de noviembre próximo, pidiendo expresamente recoger los desafíos de Aparecida porque fueron silenciados al pueblo de Dios? ¿Es explicable así?

— Precisamente, creo que por el ocultamiento que hicieron muchos obispos del Documento de Aparecida, el Papa pone ahora los desafíos pendientes en la Asamblea Eclesial. Para él, Aparecida fue un momento muy importante como toma de conciencia latinoamericana.

“Pienso, además, que esta apuesta de Francisco por la Asamblea Eclesial, que a todos nos ha sorprendido porque llegó cuando nadie la esperaba, supone un desafío muy grande para nosotros como pueblo de Dios. Porque es sentir que ahora se te invita a ser parte de otra cosa. Y el proceso de preparación, habiendo sido corto y lento en medio de esta pandemia, ha sido una señal que da frutos de una riqueza muy grande.

“La Síntesis Narrativa, el documento que recoge el proceso de escucha me parece muy rico y de mucho valor. Esto ayudará a que la Iglesia encuentre su camino en esta época y se ponga en diálogo con un mundo moderno que ha avanzado tanto y donde tanto tiene para anunciar”.

— ¿Qué sentimientos genera en usted y en el padre Gustavo este proceso en que el libro cumple 50 años? ¿Libro que plasmó y desarrolló aquella charla de Chimbote del año 1968?

— Lo que más predomina hoy día es la esperanza y la alegría. En lo personal siento una gratitud porque después de todos estos años… después de todo, la Iglesia hoy recupera con Francisco una perspectiva evangélica muy neta. En ese sentido estamos viviendo un tiempo de gracia y que este Papa está permitiendo en un momento tan difícil para toda la humanidad.

“Cada día, Francisco, junto con recordarnos cosas fundamentales, nos llama, nos anima a no bajar los brazos, a no aceptar que las cosas sigan así y pensar que nunca van a cambiar. Además, con ese lenguaje que llama ‘sueños de los poetas’ a las luchas y voces de los movimientos populares.

“Gustavo siempre apuesta a la teología vinculada a la responsabilidad pastoral de la Iglesia. Entonces, en este momento él lo siente también muy gratificante sobre todo al oír voces en la Iglesia que siguen siendo proféticas.

“Pero también es muy realista. Siente que este buen clima debemos aprovecharlo. Si no sabemos tomar en nuestras manos este momento, las cosas pueden no cambiar. Gustavo es muy claro. Dice que es un momento magnífico y que ojalá tengamos la capacidad para enfrentar este momento. Con sus 93 años de edad, dice que ‘yo no veré todos los cambios, pero hay que hacerlos’. Y añade, repitiendo mucho: ‘el futuro no llega, el futuro se construye’”.   |   Entrevista de Aníbal Pastor N.-

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