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Ariel Rojas: “tenemos que incluir a los y las jóvenes en las decisiones de la Iglesia”

El chileno Ariel Rojas Pastor es uno de los 20 los jóvenes que estuvieron presentes en la apertura del Sínodo sobre la Sinodalidad, el 10 y 11 de octubre último, en el Vaticano. En aquella asamblea y liturgia inicial, ellos representaron a los jóvenes de todo el mundo. En esta entrevista cuenta cómo se da el trabajo en pastoral juvenil, sus logros y desafíos, y sobre todo su significado espiritual y experiencia sinodal. Feliz habla del respaldo que siente de sus pares pero no puede decir lo mismo de su propio arzobispo.

17.10.2021  |  KairósNews  | Entrevista de Aníbal Pastor N.

20jóvenes conforman un grupo que cada 3 ó 4 años son elegidos para servir de nexo entre la vida juvenil mundial y la Curia Vaticana. Ariel fue elegido en noviembre de 2019 y es uno de los 5 latinoamericanos que participa de esta instancia, creada por el Sínodo sobre los Jóvenes de 2018.

Lo que hacen en esta Comisión Juvenil del Vaticano, es dialogar sobre la realidad de ellos en distintas partes del mundo. También generan proyectos y eventos como congresos, seminarios y encuentros en diversos países y participan activamente en la Jornadas Mundiales de la Juventud.

Ariel tiene 26 años, vive en Maipú, y desde la casa de su abuelo nos cuenta que mientras ejerce su liderazgo en pastoral juvenil, donde lleva 10 años militando, y su trabajo remunerado como administrador público titulado en una repartición del Estado chileno, dirime su futuro. Dice que aún no tiene claro si se trata de una vocación laical o clerical.

REALIDADES DE PRIMERA FUENTE

“Mira, lo que nosotros hemos hecho es dialogar, dialogar mucho sobre la realidad juvenil y contrastar las distintas realidades de primera fuente de cómo viven los jóvenes en diferentes lugares del mundo”, explica sobre sus ocupaciones en el grupo de los 20.

— ¿Y qué conclusiones sacan en esos análisis?

—  Que vivimos en un mundo muy convulsionado y de mucha diversidad. Si la realidad de país es súper diversa, la realidad juvenil a nivel mundial es mucho más diversa. Es potencialmente diversa en el sentido de que todos vivimos nuestra vida de manera distinta y de acuerdo a los respectivos contextos. Por lo tanto, si tuviéramos que hacer más o menos como una afirmación general, diría que la principal característica es la extrema desigualdad en el mundo, desigualdad de oportunidades, desigualdades de vidas, de vivencia en un mundo que a nivel juvenil, si bien hay personas creyentes, muchas veces no ellas creen en la estructura que hemos preparado para acercarnos a Dios.

“Los jóvenes hemos constatado que la estructura eclesial no está al servicio de esta creencia en Dios, sino que muchas veces la impide y por ello se da que una gran cantidad de personas jóvenes salgan de la iglesia”.

—  ¿Qué podemos hacer para que los jóvenes manifiesten algún interés por la iglesia, y más que eso, manifiesten un interés por creer en Dios?

— Una de las cosas que hemos conversado en este organismo juvenil, es que cuando evangelizamos o hacemos misión, no podemos  llegar con la estructura detrás, hablando de doctrina social o simplemente queriendo enseñar. Los jóvenes hoy día nos están pidiendo acompañamiento, y ese es un aspecto clave, un punto en común en los jóvenes del mundo. Se trata de ayudar a que los jóvenes descubran a Dios en sus vidas y lo que pueden hacer ahora o en veinte años más. No es solamente una cuestión de enseñarles a vivir un estilo de vida o la fe. Vá más allá.

“Participo de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil, y percibo que las diócesis también son súper diversas; algunas súper estructuralistas, otras súper formalistas y otras que están avanzando, caminando a paso lento hacia un proceso más libre y de verdadero encuentro con Dios. Pero a su tiempo, sin forzarles, sin enseñarles cómo tiene que ser, sino que con libertad.

—  En la comisión vaticana ¿comparten fenómenos como el estallido social chileno?

— La verdad, sí. Y hay conocimiento, lo cual ya es muy importante. Se sabe que hay problemas sociales, y en general hay preocupación por nuestra realidad chilena. En Europa se ha hablado mucho más del estallido social en Chile, que lo que ha informado la prensa nacional. Allá se ve a muchos jóvenes liderando protesta y hasta vandalismo. El Vaticano también ha tomado una opción al respecto, buena o no, pero clara. Esta indica que cada realidad particular tiene que hacerse cargo de su propia realidad particular. Por tanto, delega en las diócesis, en la iglesia local, cómo tratar estos problemas y de los cuales se deben hacer cargo.

—  ¿Las diócesis se hacen cargo de los problemas?

—  No, totalmente. No se hacen cargo de la realidad juvenil. Cuando se habla de jóvenes, muy luego se les excluye diciendo eso es algo de la pastoral juvenil. Entonces, la Iglesia tiene a la pastoral juvenil para que se haga cargo de la realidad juvenil pero no es la iglesia la que asume. Esto también tiene que cambiar, porque los jóvenes somos la Iglesia.

ACOMPAÑAMIENTO

— Hablas de acompañamiento. ¿Qué entiendes por este concepto? En concreto ¿qué quieres decir?

— Pienso, por ejemplo, en hacer actividades juntos y juntas, en escuchar pero en una escucha activa, en un deseo verdadero de saber qué es lo que te está pasando en el fondo. Cuando yo pienso en acompañamiento, pienso en perspectiva hacia el mundo adulto, según lo que yo puedo pensar o percibir. Es querer estar en la realidad juvenil, ir a las plazas, ir a los lugares donde están los jóvenes, que para el adulto yo sé que es difícil.

«También, acompañamiento es querer escuchar a los jóvenes en sus realidades, en sus plazas, en sus cines, en sus campos deportivos, y en general en los lugares que se hallan, de modo que cuando decimos acompañamiento sea el adulto que se moviliza hacia esos lugares donde están los jóvenes y luego asumir la perspectiva juvenil.

«También, es duro porque de repente uno como joven quiere hacer muchas cosas y acompañar grupos de jóvenes pero no se puede porque ellos mismos no quieren ser acompañados en la misma sintonía que estoy pensando. Esto pasa porque cuando uno es parte de la Iglesia, de una u otra forma va adquiriendo un pensamiento institucional».

—  Entiendo, por lo mismo que dices de realidades diversas, que no existe un prototipo de joven, sino que lo que hay es una gran diversidad.

—  Efectivamente, no hay un prototipo de joven y de hecho hay autores que dicen que no existe la juventud, sino que hay personas en un estado de vida juvenil, personas jóvenes. Entonces, creo que eso es muy importante.

—  ¿Qué sector de jóvenes es más difícil de acompañar?

—  No sé si es más difícil acompañar una realidad, por ejemplo, de drogadicción que una de diversidad sexual como LGBTQ+. Esto tiene que ver con nuestra propia experiencia. Por ejemplo, en mi situación personal, a mí me costaría mucho ir a evangelizar a la cárcel porque no siento el desafío y si lo fuera debería prepararme.

«Hay comunidades a las cuales se les hace más fácil acompañar realidades de diversidad sexual que a las que se relacionan con política. Entonces tiene que ver con la realidad que a cada persona le corresponde.

“Además, no todos estamos hechos para acompañar todas las realidades. SI uno quiere tomar el desafío, hay que formarse, hay que aprender a escuchar y hay que aprender a estar.

“Tenemos que hacernos responsables además de lo que estamos haciendo. No es solamente acompañar por acompañar algo como un hito, que nos pesa mucho en nuestra Iglesia chilena porque somos muy de hitos. Tenemos que hacernos cargo de todo el proceso antes, durante y después. Por eso es que no es fácil”.

— ¿Y cómo se da con las diferencias geográficas que tiene Chile?

—  En Santiago se dan todas las oportunidades, para hacer cursos o vivir diversas experiencias. Sin embargo, en regiones no es lo mismo y desde la capital usamos las regiones como lugares de misión en verano e invierno. Pero ¿qué pasa con la misión en sectores urbanos, por ejemplo? Definitivamente acá en Santiago tenemos más oportunidades y más privilegios. En las regiones es más difícil. Entonces, si bien tenemos más oportunidades en algunos lugares que otro, también hay más diferencias.

CAMBIOS EN LA IGLESIA

—  Si pensáramos a cinco años plazo ¿qué cambios te gustaría ver implementados a esa fecha?

— Primero, hay que cambiar la forma en la cual estamos haciendo nuestros planes pastorales. Debemos entender que la pastoral juvenil no es hacer la confirmación. La pastoral juvenil es vivir con la juventud y prepararla para lo siguiente en sus vidas. Porque cuando uno llega a la pastoral juvenil, no espera solamente recibir un sacramento, sino que espera vivir en comunidad, saber qué es lo que quiere Dios de mí, sea que esté dentro o fuera de la iglesia.

“Luego, tenemos que tener, también, esa flexibilidad de decir: ya, me demoré un año en crear un plan pastoral pero tengo actualizarlo. Es decir, estar dispuesto a cambiarlo  después de un año o dos, porque ya no sirve, la realidad cambió.

“Y en tercer lugar, tenemos que incluir a los y las jóvenes en las decisiones de la Iglesia. En el sínodo de ahora se nos ocurría levantar un hashtag que dijera, por ejemplo: no más Sínodo sin la gente joven.

“En el fondo hay que entender que esta modalidad de caminar juntos la hacemos entre todos y todas. Entonces, creo que incluir a jóvenes y a jóvenes mujeres en la toma de decisiones es algo urgente y fundamental para nuestra iglesia.

“A cinco años plazo, me gustaría ver jóvenes, participando y decidiendo en los consejos del presbiterio. Y que a los jóvenes se nos pregunte qué queremos para la Iglesia y no solamente qué queremos para la pastoral juvenil, para así generar cambios”.

—  ¿Qué quieres de la iglesia?

— Que sea un lugar donde uno pueda encontrarse con Dios, verdaderamente. Encontrarse con Jesús, que pueda conocer a Jesús, que pueda amar a Jesús.

ENCUENTRO CON JESÚS

— ¿Y ese encuentro con Jesús no lo facilita la iglesia hoy?

—  Es difícil. Porque a veces Jesús pasa a segundo plano. A veces es más importante hacer el voluntariado. Me gustaría también más encuentros con Jesús, sea en la oración, en la eucaristía, en el servicio… tenemos que ampliar la mirada para dar más oportunidades. Abrir oportunidades a los jóvenes es algo que yo pediría a mi iglesia.

«Algo muy bueno del Concilio Vaticano II, es cuando señala que el Espíritu actúa no sólo dentro de la Iglesia sino que donde quiere, y eso puede ser, a veces, que sople más afuera de la iglesia que adentro. Nunca sabe por dónde. Por eso hay debemos estar abiertos y dispuestos a eso y acompañar esa realidad, porque uno puede decir a lo mejor en el estallido social ahí estaba Jesús. Sé que es así pero tenemos que entrar en eso».

— ¿Sentiste que el Espíritu revoloteaba en la asamblea sinodal, en Roma? ¿Lo percibiste?.

—  Creo que sí. Confío en que sí. Porque habíamos 20 jóvenes, y uno que no es parte de nuestro organismo, participó en la comisión metodológica. Era de India, de un continente que uno dice a lo mejor es poco católico. Él estaba en la comisión metodológica y participó muy, muy bien. Entonces hay signos, hay señales de que también había mujeres, y mujeres teólogas.

«También hay mucha resistencia. Pero nos falta ver a más joven en las comisiones. No vi a ninguno en la comisión litúrgica, por ejemplo. Y nos podrían haber incluido perfectamente. No sé si vi el Espíritu pero sentí que estuvo ahí y nos está pidiendo muchas cosas que tenemos que estar dispuesto a jugarnos».

NULA RELACIÓN CON ARZOBISPO

—  ¿Siendo joven cómo se da en estas instancias la relación con los adultos, obispos, cardenales, teólogos?

—  Creo que muy buena, muy horizontal. De hecho a nadie decíamos monseñor, solo nos llamábamos por nuestros nombres. Si bien cuesta, hay algunos que le gusta más, y a otros menos. Creo también que hay que dialogar, hay que tomar acuerdos porque hay algunas personas que no le es fácil pues pueden llevar 20 años diciendo monseñor. Es un acuerdo, una construcción social. Por tanto, un acuerdo que se puede romper, que se puede cambiar o que se puede mantener.

— Cómo dirigente de pastoral juvenil y con tu visión de la realidad y de la iglesia ¿sientes algún respaldo?

Sí, de Dios. Cuando uno va a estos encuentros como el sínodo, llevamos en nuestra espalda a nuestra gente, nuestras comunidades, nuestra iglesia. Ellos ciertamente comparten la alegría de que uno pueda participar… pero hay muchos desafíos. Por ejemplo, yo no conozco a mi obispo, no conozco personalmente al cardenal, todavía no lo conozco y lleva tres años siendo arzobispo de Santiago.

“He buscado en todas las instancias conocerlo. Él sabe que yo participo también en este organismo de jóvenes del Dicasterio de la Familia en el Vaticano. Él sabe que estuve en el Sínodo la semana pasada en Roma. Él también estuvo ahí, no participando del Sínodo, sino que en la misa el día domingo cuando se inauguró el Sínodo. Entonces, claro, quizás nos falta, nos falta ser más comunidad, más comunión, dialogar más. Pero… sí, yo me siento respaldado por la juventud y con ellos y ellas tuve mucha interacción por redes sociales. Las personas sentían en la voz de uno, su propia voz.

“Y nos pasa a todos los latinos porque tenemos una pastoral juvenil latinoamericana bien fuerte, bien estructurada, que se conoce mucho. Se ve en las publicaciones de mis hermanos y hermanas de otros lugares de Latinoamérica. También los jóvenes se sienten respaldados por nosotros porque lo que nos hemos propuesto, es llevar la voz juvenil de nuestras comunidades a estos espacios, no solamente nuestra voz personal, sino que la voz de las comunidades. Creo que eso es algo muy importante”.

—  Veo que valoras mucho a la comunidad.

— Sí. Mi abuelita  -pese a que murió cuando yo tenía cinco años—  me transmitió la fe. Desde niño fui acólito varios años y desde 2011 me he dedicado en exclusiva a la pastoral juvenil. Por eso digo: mi abuela me transmitió la fe y los jóvenes me la confirmaron. Los jóvenes me ayudaron a creer en sus realidades, ver —por ejemplo—  de los grupos juveniles entraban veinte y salían cinco. Y uno siempre tratando de retenerlos.

«Eso ha sido un gran desafío, no el retenerlos, sino que tratar de entender porqué ellos no encuentran a Dios ahí y lo encontraban en otros espacios. He seguido conversando con ellos y manteniendo vínculos. Eso es valioso. Mi experiencia me enseña que no hay que hacerle la cruz a alguien que no quiera estar en la iglesia. A lo mejor no es su momento, a lo mejor nunca va a serlo. Quizás, más adelante. Hay que estar abiertos a lo que el Espíritu quiere de nosotros… pero eso es difícil».

— Muchas gracias por darme esta entrevista estando aún en cuarentena de llegar al país y sobre todo por tus respuestas.

— Fue un placer. Un abrazo.

 

 

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