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Álvaro Ramis: «La Constitución Política actual no garantiza un Estado laico»

Académico, especialista en ética y democracia, analiza aquí los factores clave que derivan del reciente plebiscito y su contundente aprobación por la ciudadanía, iniciando así el proceso hacia una nueva Constitución Política, redactada por un órgano completamente elegido por el pueblo.
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Álvaro Ramis, 47 años de edad, casado, dos hijos, es el actual rector de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Es teólogo formado en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde fue presidente de la FEUC (federación de estudiantes). Luego se doctoró en filosofía moral en la Universidad de Valencia (España), especializándose en ética y democracia. Es ampliamente conocido en el mundo académico pues también fue docente de la Universidad de Chile. Ha participado en la política, en las iglesias, en las ONG’s, y es uno de los editores del periódico Le Monde diplomatique – edición chilena*.

“Vivíamos en una sociedad donde pensábamos que podíamos planificar a largo plazo. Y hoy sabemos que no podemos ni siquiera planificar bien lo que va a ocurrir en marzo del próximo año”, comenta a raíz de ejercer su rectorado confinado por la pandemia.

Añade que “pensábamos que controlábamos la naturaleza como una cosa. Y lo que considerábamos una cosa, lo vemos como un organismo viviente que nos determinada y nos influye y, por lo tanto, ya no lo podemos considerar simplemente un objeto de nuestras decisiones. Más bien, nosotros somos una pequeña hoja, en este huracán llamado COVID-19, en el cual nosotros somos movidos por fuerzas mucho mayores que las del ser humano. Entonces, yo creo que refleja la impotencia, pero también la necesidad de considerarnos parte de la naturaleza, recuperando nuestra condición criatural, en el sentido biológico, de no ser destructores de la creación, sino más bien sus administradores, en el marco donde esa misma creación nos sobrepasa, nos envuelve y nos lleva a una dimensión mucho más amplia, donde nosotros somos simplemente una parte muy pequeña del universo”, afirma.

Como rector y en lo personal, confiesa que lo ha marcado Gustavo Gatica, el estudiante de su universidad que perdió la visión en sus ojos producto de balines disparados por la policía en el estallido social de hace un año. “Ha sido una experiencia muy fuerte. Pude visitarlo en las dos horas de su caída, del ataque que sufrió en Plaza Dignidad y desde ahí me he admirado de su fortaleza interior. De esa capacidad que tiene de mirar la vida con tanta transparencia y con tanta fortaleza. Para la dureza de la situación que ha vivido, ser sobreviviente es una condición muy, muy dura, que exige una reivindicación en muchas dimensiones de la vida. Y él, sin embargo, ha construido, a partir de esa experiencia traumática, de dolor y de pérdida, un mensaje de esperanza a nuestra sociedad. Y eso siempre me… me sigue emocionando…”

Cuando le planteamos si piensa postularse a la Convención Constituyente, o si aceptaría que lo propusieran, es categórico en señalar su responsabilidad con la UAHC. “Estamos en un proceso de acreditación para el año 2021, que es muy importante y de eso dependen muchas cosas para la continuidad institucional y no creo que sea compatible con una candidatura”, indica.

— ¿Y si se lo piden con insistencia?

— Tendría que ponderar. La verdad es que, en mi situación, primero está mi responsabilidad con la universidad.

— ¿Cuál es su evaluación del reciente plebiscito?

— Mira, lo primero es constatar que el resultado ha sido rotundo, demoledor de la voluntad mayoritaria por una nueva Constitución. Además, su distribución social y geográfica de los resultados, evidencia cómo durante treinta años y más, el país ha estado secuestrado por una pequeña minoría sobrerrepresentada en todos los ámbitos de la sociedad, culturales, mediáticos, políticos, económicos, minoría que ha logrado controlar una esfera de poder que no se condice con la realidad demográfica del país. Por lo tanto, el primer elemento a tener en consideración es eso, que sincera el Chile real. Creo que ahí hay una expresión del Chile real, que ha quedado claramente demostrado y que más allá de las diferencias político-partidistas. Lo que hay acá es algo muy distinto, es una expresión de un país que está unido entorno a una gran demanda de integración y de gran búsqueda de justicia social y de equidad democrática, que está muy postergada.

— Desde la ética y en la perspectiva de una nueva democracia, ¿cuáles serían los principales desafíos que se abren con este proceso constituyente?

— El principal es fundamentalmente la capacidad de llevarlo adelante pues existe plena consciencia de ello, yo creo, de todos los actores, sobre todo los políticamente especializados. Todos hacemos política social, todos los ciudadanos tomamos decisiones políticas a cada minuto, cada instante, respecto a múltiples factores, pero hay gente que es especialista en la política. Esa gente es consciente y lo sabe muy bien que lo que viene ahora exige la máxima articulación. Es decir, para su concreción y llegar a tener una Constitución democrática, el proceso demanda que se pueda arribar a las mayorías más amplias, más allá de los dos tercios, ojalá a favor de los cambios más profundos posibles.

“El país exige, por decirlo así, que el centro y la izquierda en este país tengan un acuerdo profundo, con una o dos listas para lograr la mayoría en la Convención Constituyente. No podemos tener 50 listas distintas de candidaturas en cada distrito, que fragmenten el voto y permitan que los partidarios del rechazo o los partidarios de un apruebo muy tímido, controlen la decisión final, respecto de la nueva Constitución y hagan que la racionalidad de la actual Constitución se mantenga vigente, a pesar de que sea un nuevo texto”.

— La Constitución Política de 1925, estableció la separación de la Iglesia y el Estado ¿Cómo lo evalúa usted en perspectiva de la nueva Constitución?

— Ha habido fases donde eso se ha expresado con mayor fuerza. Creo que la Constitución del ’25 tenía mayor claridad respecto de la separación de Iglesia y Estado. En la Constitución de 1980, a pesar de que planteó los mismos conceptos, hubo un peso distinto de la Iglesia, y más que una laicidad, lo que se fue dando fue una aconfesionalidad, pero no una efectiva laicidad. Así tenemos que la Constitución Política actual no garantiza un Estado laico. Lo que ha habido hasta ahora, lo que impera, es un orden político aconfesional. Es decir, el Estado no privilegia una confesión en particular sobre las demás, pero permite que las religiones interfieran en las discusiones públicas, más allá de lo que sería su rol particular. Y les financia y les permite administrar esferas de poder que les facilitan sentar su propio campo de decisiones, más allá de la esfera claramente religiosa.

“Entonces, lo que se busca ahora, es una esfera más laica, donde por ejemplo— las Iglesias y las confesiones religiosas, no incidan en espacios en los cuales no es su ámbito ejerciendo el poder de vetar, decidir o influir de manera legítima.

“Desde luego, hay espacios donde las religiones y las tradiciones rituales pueden opinar. Distinto es que puedan decidir. Por ejemplo, en el currículo escolar de nuestro sistema educacional. Por ejemplo, en temáticas referidas a la legislación sobre matrimonio, civil o la administración de ciertos espacios públicos. O respecto de la decisión de elementos de la administración de lo público, tales como las fechas clave del calendario, los elementos singularizadores de la vida del Estado, las cuales no deberían participar en esa decisión”.

— Entonces, desde el punto de vista ciudadano ¿en qué habría que poner atención o cuidado para que las iglesias o las religiones no incidan donde no les corresponde?

— Creo que a las mismas iglesias no les conviene hacerlo porque las deslegitima, les crea un peso enorme de deslegitimación y de falta de credibilidad el tener esta constante incorporación en espacios públicos de decisión que no le son competentes.

“Aquí hay una serie de elementos que las Iglesias se han autoatribuido y que se han autoasignado como responsabilidad, que son obviamente cuestionables respecto al rol de una tradición religiosa.

“En particular, por ejemplo, como siempre se ha abordado ese tema, respecto a lo que significa la decisión sobre derechos civiles y políticos de la población. Derechos de propiedad en lo productivo, sobre el rol del sistema educativo, sobre la administración de recursos públicos. Creo que todas esas áreas, a pesar de que uno podría decir bueno, las iglesias son beneficiarias de ciertos recursos públicos o de ciertos beneficios decisionales, finalmente las llevan a la deslegitimación porque obviamente que existe una fuerte tensión entre lo que la tradición religiosa piensa y lo que logra entender y plantear su propia feligresía.

“Y finalmente, eso las va arrinconando en una esfera donde quedan siempre a la defensiva, como instituciones que no logran compatibilizar su rol público en la defensa de un interés privado. De modo que ese es el elemento de separación más clara. Así, una laicidad con más rigor permitiría también que las propias iglesias pudieran enfrentar la constante deslegitimación que han tenido que sufrir en los últimos años”.

— Usted como católico ¿cuáles serían los factores centrales que habría que atender o enfatizar desde un punto de vista eclesial?

— Si tomamos las últimas dos encíclicas del Papa Francisco, tanto Laudato Si’ como Fratelli Tutti, tenemos una agenda constituyente muy, muy amplia.

“En primer lugar, hay elementos que tienen que ver con la dignidad humana. La definición que hace el Papa Francisco de dignidad humana es absolutamente aplicable a la esfera de la discusión constituyente que vamos a dar en Chile, porque no se funda en una verdad revelada sino que esa dignidad de la que habla el Papa se funda en la convicción de que es un imperativo categórico para todas las personas racionales y posible de advertir: es la igualdad fundamental de todos los seres humanos.

“Al mismo tiempo, introduce esta dimensión que combina muy bien y que complementa muy bien la igualdad, que es la fraternidad, que viene justamente de esta tradición ilustrada radical, complementando la idea de igualdad para hacerla equitativa. Es decir, la igualdad puede ser injusta si no se adecua a las diferencias de origen, a las diferencias de clase, a las diferencias de raza y de género. La fraternidad viene a complementar eso. La pura igualdad no basta para poder construir un orden político justo, si no tiene ese concepto de fraternidad detrás, que hace que exista efectiva equidad.

“El otro elemento bien relevante, es el cambio de las instituciones hacia una racionalidad basada en la sostenibilidad, que es lo que Papa Francisco nos propone. Ahí hay una agenda que es el cambio de modelo productivo, hacia una sostenibilidad y hacia un futuro donde las personas puedan considerarse fines en sí mismos, pero en un contexto de unión integral con la naturaleza. En Chile tenemos toda una experiencia sobre las zonas de sacrificio, donde el peso de la carga geográfica de los costos se agudiza porque quedan radicados en un puro contexto, en un solo lugar de nuestra sociedad, que son zonas muy dañadas”.

— El tema de “los bienes comunes” que usted ha desarrollado académicamente ¿qué aporta a la nueva Constitución?

— Bueno, es algo que tiene mucho que ver también con lo que plantea el Papa Francisco en Fratelli Tutti aunque también lo hace en Laudato Si’ pero con menos hincapié. Es la idea de que la propiedad privada, tal cual ha sido concebida, una expresión del individualismo propietario y una propiedad absoluta, despótica, de un individuo respecto a los bienes que posee, ha llevado a una crisis total social y ambiental. Por lo tanto, se necesita una administración de otro tipo, que dé lugar a lo privado de los bienes comunes; es decir, a la administración donde exista más de un propietario, donde exista la primacía del destino universal de los bienes respecto a su destino y a su usufructo, en comparación con la utilidad individual, que normalmente entra en colisión con los intereses generales.

“Acá lo que se ha instalado durante años, es la idea de que cada persona, buscando su propio fin, va a redundar eso en el interés colectivo. Y la verdad es que eso no ha sido así. Cada uno buscando su propio bien, su propio bienestar, su maximización de utilidades, lo que ha generado es una sociedad atomizada, fragmentada, que llegó a lo que ocurrió el 18 de octubre del 2019, debido a una absoluta falta de fraternidad en esta sociedad. Reconstruir la fraternidad social, por lo tanto, es lo que puede conducirnos a una paz social, a una cohesión social, que le dé a nuestro país la capacidad de sostenerse y de enfrentar los desafíos de desarrollo que tiene por delante”.

— Hoy se abren muchos apetitos por participar en la constituyente donde se espera que también haya cristianos y cristianas que hagan sus aportes. ¿Qué prevención destacaría usted, por ejemplo, para la iglesia de base?

— En este momento la generosidad política va a ser extremadamente necesaria. Cuando decimos generosidad política, decimos la capacidad efectiva de ver quiénes son las personas más adecuadas, cuáles son sus posibilidades electorales, sobre todo las competencias personales más adecuadas para lograr la meta que queremos: lograr la mayor cantidad de constituyentes por los cambios más profundos de nuestra Constitución actual.

“Eso exige, por lo tanto, deponer muchas veces una mirada cortoplacista, los egos, que son tan comunes en este momento en nuestra sociedad. Una sociedad, obviamente, muy narcisista, donde las personas muchas veces piensan esto es como una carrera personal, más que un interés por el bien común. Ese tipo de cosas son las que se deberían poner en el centro.

“Sería trágico si la Convención Constituyente se transforma en una disputa de egos y de apariciones de personas, con legítimos intereses, pero que efectivamente no son capaces de imponer el interés general al interés personal. Y eso va a ser sancionado, yo creo, por los ciudadanos y ciudadanas, en la medida en que vean justamente que no se ha abordado con la altura debida este proceso”.

 

[Entrevista de Aníbal Pastor N. / 1/11/2020.
* Declaración de intereses: el entrevistado forma parte del directorio de Kairós News].

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