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Alex Vigueras ss.cc: “La Iglesia chilena ahora tiene un piso para ponerse a caminar”

En este el Documento de Discernimiento entregado recientemente, “hay una palabra de Dios que se está manifestando en su pueblo”, afirma el teólogo Alex Vigueras.

En este el Documento de Discernimiento entregado recientemente, “hay una palabra de Dios que se está manifestando en su pueblo”, afirma el teólogo Alex Vigueras.

22.10.2021 | KairosNews

El sacerdote de los Sagrados Corazones, Alex Vigueras, vive en la comunidad de Diego de Almagro, en la diócesis de Copiapó, y fue uno de los integrantes del equipo que trabajó en sistematizar y redactar el “Informe de Resultados” que la Conferencia Episcopal entregó recientemente al pueblo de Dios como síntesis del Proceso de Discernimiento que inició en 2019.

Indica que “más que hacer una lectura objetiva de los aportes recibidos”, que fueron más de 6 mil según explica él mismo, “intentamos ver cuál era la experiencia que está en ese aporte, cuál es la emoción que está detrás, porque eso nos pareció muy relevante a la hora de recoger las respuestas. Y aparecían cosas muy interesantes, como saber qué grupo es el que respondía, si eran jóvenes o personas mayores, si eran de bailes religiosos, etc. Fue una manera de buscar lo que era relevante, por un lado, el hecho de la transversalidad para detectar los temas que van apareciendo varias veces; pero también a partir de la relevancia, buscar temas que nos parecieron especialmente significativos”.

— ¿Cómo evalúa la experiencia?

— Se dio una experiencia muy buena. Cada persona del equipo relevaba cosas diferentes, y a veces, una simple opinión nos hacía sentido para ver algo profundo que nos parecía interesante. En ese ejercicio intentamos prestar atención no solo a los la info y la paciencia clamores sino también a los susurros. Es algo más suave y discreto, pero muchas veces el profetismo proviene de ahí, como en la brisa suave en la que Dios se manifestó al profeta Elías. Creo que se acogieron bien estos aportes y ello se refleja en el documento.

— Parece interesante la inclusión de testimonios…

— Quisimos conectarlo también con algo más narrativo y por eso tiene bastantes citas. Porque es distinto decir “hay clericalismo”, a decir que «lo que pasa es que mi párroco nos trata como patrón de fundo”. Esta forma de decirlo expresa mucho más. Cuidamos ser fieles a esa expresión de la gente.

— ¿Cuál fue la mayor dificultad que se les presentó?

— Definir qué hacíamos con todo estos datos que nos habían llegado. Se nos había venido encima la Asamblea Eclesial Latinoamericana y teníamos ad portas el Sínodo de los Obispos, pero sabíamos que teníamos que recoger lo que la gente aportó. Sentíamos esa responsabilidad y la asumimos.

— Siendo un “documento de trabajo”, que no tiene fuerza magisterial, que es bastante extenso ¿qué se puede hacer para que no sea un documento más o pase inadvertido?

— Este es un documento que recoge la participación de la gente a lo largo de Chile. Pero es más que un documento o un informe. Hemos dicho que aquí hay como una confidencia, en la que la gente confió y abrió la puerta y habló. Se expresó desde su dolor y desde su esperanza.

«Es un documento transparente que deja ver la realidad y que no pasó por ningún filtro ni censura. Eso es valioso. En las palabras de cierre invitamos a – como Moisés- descalzarnos para entrar en tierra sagrada: esta confidencia del Pueblo de Dios.

«Es cierto que es un documento largo pero queremos promover que la mayor cantidad de gente lo lea y se conmueva por el dolor y la esperanza que allí aparece».

— Esperanza que el pueblo de Dios mantiene pese a las circunstancias que ha vivido.

— Los que nos metimos a trabajar en este documento, sentimos que hay mucha fe y esperanza. La gente se siente iglesia y quiere hacer algo por ella. En ese sentido, no es meramente un documento de trabajo, es conectarse con la experiencia creyente de la gente.

— ¿Al adoptar o incorporar los relatos testimoniales en el análisis ¿hace más creíble el diagnóstico?

— Sí, claro. Lo narrativo tiene la cualidad de mantenernos cercanos al otro, cercanos a la vida real. El riesgo al hacer una síntesis es que cuanto más sintético y conceptual es un informe, más corremos el riesgo de distanciarnos de la experiencia vivida en la reunión del grupo, de la emoción que allí se vivió, de la pasión con que se habló. La conceptualización puede domesticar el dolor y la rabia, quitarle fuerza a la esperanza. Además, el estilo lúdico de las reuniones ayudó a que la gente se soltara y pudiera opinar con libertad y verdad.

«Por ello, mantener algunas de las frases que aparecieron en los trabajos de los grupos nos acerca un poco a esa experiencia vivida por la gente y que está en la base de este informe».

— Es lo que hace el Papa cuando le habla a la gente…

— Así es. Uno ve esto en el Papa Francisco que es bueno para contar historias. En sus textos recurre a citas textuales, a historias vividas, conectando lo narrativo con lo imaginativo y lo racional. Un ejemplo de eso es cuando, al hablarnos sobre cómo se hace una buena homilía en Evangelii Gaudium, nos recomienda buscar siempre una idea, una imagen y una emoción. Y así su lenguaje se torna más sencillo, más vital, más evangélico.

— ¿Qué espera el equipo redactor que se genere después de leer este documento?

— Lo que esperamos es que se genere un piso de verdad desde el cual conversemos y nos pongamos a caminar. Es decir, esto de que la crisis de la iglesia y sus abusos son una exageración, que no son para tanto, que sí es verdad que hay algunos hermanos enfermos pero son pocos, y que no hay una cultura clericalista que facilita el abuso… todo eso, con este documento queda atrás.

«Asumir esta verdad es una forma de honrar a nuestras víctimas. Es decir, tomarnos la crisis en serio. No podemos seguir igual porque hemos dejado víctimas en el camino. Y desde esa realidad dolorosa, debe surgir el grito de nunca más. Esto debe marcar un antes y un después en la historia de la Iglesia en Chile».

— En la vida cotidiana de la iglesia, como su parroquia ¿qué cambios se podrían adoptar ya?

— Tengo la esperanza de que se vienen transformaciones profundas. Creo que ya se percibe un ambiente en el que hay más libertad para hablar, para expresarse, para discrepar. Es decir, al conversar sobre la Iglesia que queremos, de algún modo nos vamos transformando en eso que soñamos. Necesitamos una Iglesia distinta en la que se tome en cuenta la dignidad de cada uno como bautizado o bautizada, con la relevancia y el protagonismo que debe tener cada persona; una Iglesia más claramente volcada hacia la sociedad, en especial a los que sienten que sobran. Quizás una iglesia menos relevante en lo social, con menos poder, pero más cercana a las personas. Tan cercana que —como María en Caná— se logra dar cuenta del vino que falta para continuar la fiesta.

— ¿Lo facilitará un clero que aún tiene “sicología de élite”?

— Una de las cosas que revela este informe es lo que el Papa dijo en su carta Al Pueblo de Dios que peregrina en Chile: la sicología de élite, y que nosotros llamamos “el desencuentro”: De los obispos con su pueblo, del sacerdote con los laicos y laicas, del párroco con la gente de su parroquia, de la Iglesia con el mundo. Ha habido desencuentros y, a veces, rupturas. Creíamos que conocíamos lo que no conocíamos, interpretábamos lo que la otra persona pensaba sin haberla escuchado, creíamos y pensábamos que teníamos la verdad de lo que hay que hacer, sin conocer la realidad de la diócesis. De esta manera estamos perdidos. Una conversión verdadera deberá pasar por un encuentro en que podamos reconocernos, por un encuentro no de ideas sino de personas. Tal vez ahí está el inicio de todo: mirarnos, reconocernos en nuestra dignidad y vulnerabilidad, celebrar, reírnos, buscar juntos. Hasta que nos demos cuenta que nos necesitamos, que no podemos prescindir del otro, porque el otro me salva: del autocentramiento, del mesianismo, de la autocomplacencia, de creernos poseedores de la verdad.

— ¿Cómo invitar a sumarse a esa parte del pueblo de Dios que es detractor de este proceso sinodal al que está convocando Francisco?

— Bueno, en primer lugar hay que tomar en cuenta que el proceso de discernimiento que se está dando en la Iglesia chilena fue una respuesta a un anhelo de preguntar al pueblo de Dios. Una necesidad que surgió de la misma Conferencia Episcopal, a partir de la toma de conciencia de estar en una crisis.

«Se confió en el Pueblo de Dios y se les preguntó. Ahora ese Pueblo de Dios ha respondido. Este informe intenta recoger esa respuesta. Por tanto, no nos puede dar lo mismo lo que ese Pueblo de Dios nos dice. Más todavía: lo que Dios nos está diciendo en el Pueblo de Dios.

/ APN.

 

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