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Ahora es el laicado de Portugal que exige investigación de abusos y pide a los obispos alinearse con Francisco

Casi 250 católicos portugueses pidieron en una carta enviada a la Conferencia Episcopal de Portugal (CEP), una investigación independiente sobre los abusos sexuales producidos en la Iglesia porque consideran «totalmente insuficientes» las medidas adoptadas.

11.11.2021   |   KairosNews / Agencias

«Los obispos necesitan saber escuchar mejor lo que los laicos les dicen», y al día de hoy,  «la Comisión Nacional que ellos lanzaron es importante pero no resuelve el problema de la ausencia de una investigación seria nacional e independiente sobre el enorme problema de los abusos sexuales en la iglesia», dijo Franco Caiado, promotor de la carta, en declaraciones a la agencia EFE.

El documento, enviado antes de que la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal se iniciara este lunes, se hizo público hoy e indica que los derechos de las víctimas y los valores sagrados del Evangelio infringidos son los únicos que hay que tener en cuenta.

Seguir al Papa

También apela a que la Conferencia Episcopal se alinee a las directrices del papa Francisco y se produzca una investigación nacional «rigurosa, integral y verdaderamente independiente con un lapso de 50 años».

«Tenemos que entender que esos abusos pueden haber ocurrido en Portugal y tendríamos que investigar», sostiene el promotor, que alaba la situación de Francia y lamenta que los obispos no quieran dar el paso para generar la investigación de este ‘problema sistémico'».

La Iglesia portuguesa creó hace un mes comisiones en cada una de las 21 diócesis del país para investigar y prevenir los abusos sexuales en el seno la Iglesia, aunque hay divergencias entre los obispos sobre la necesidad de investigar casos de forma retroactiva.

En la apertura de la asamblea plenaria, el presidente de la Conferencia Episcopal, José Ornelas, prometió averiguar la «verdad histórica» sobre los abusos sexuales cometidos en Portugal.

Comisión Nacional

Además, mencionó la creación de una comisión nacional para coordinar los trabajos de las 21 diócesis con procedimientos comunes, algo que el periodista Jorge Wemans, otro de los firmantes, cree insuficiente, según explicó a EFE.

«La Iglesia católica en Portugal sólo puede recuperar la credibilidad que necesita si solicita la constitución de una comisión de investigación independiente. Y si se compromete a brindar un apoyo total a este comité independiente, es decir, brindando acceso a todos los documentos y a las personas que se, deberán consultar y escuchar», sostuvo.

Para que eso sea posible, además de una investigación independiente, Franco Caiado pide «humildad» a la Iglesia a la hora de reconocer el problema y dar el paso siguiente que es «pedir ayuda a todos los laicos, católicos, a toda la comunidad, en una reflexión sobre cómo cambiar la organización de la iglesia y el modo de ejercer el poder dentro de ellas. Sin estos cambios no vamos lejos en este aspecto y en ninguno otro», opina.

Presidente del Episcopado

En su discurso de apertura de la asamblea plenaria, el presidente del CEP, José Ornelas, dijo que el tema de la protección de los menores y las personas vulnerables es «un desafío para toda la sociedad» y la Iglesia lo toma como una «prioridad». Los obispos pretenden, en estos días, “controlar los procesos en curso, articular mejor las instancias diocesanas y la coordinación nacional, a fin de ofrecer oportunidades seguras y confiables para recibir denuncias y dar seguimiento a las víctimas de abusos, esclarecer los procesos y, sobre todo, en la formación de la gente».

Dando la impresión de estar del lado de quienes defienden una investigación sobre lo que ha venido sucediendo, agregó: “Haremos todo lo posible para proteger a las víctimas , conocer la verdad histórica y prevenir estas situaciones dramáticas que destruyen a las personas y contradicen la Iglesia. ser y misión. » Y finalizó su referencia al tema citando al Papa Francisco, en un mensaje de la semana pasada a una conferencia también dedicada al tema: “La protección de los menores es, cada vez más concretamente, una prioridad ordinaria en la actividad educativa de la Iglesia, es la promoción de un servicio abierto, confiable y autorizado, en marcado contraste con cualquier forma de dominación, desfiguración de la intimidad y silencio cómplice ”.

Investigar para evitar sorpresas negativas

El primer firmante e impulsor de la iniciativa asegura que desde hace un par de años está pensando en cómo abordar este tema. “La sorpresa de los resultados de la investigación encargada por los obispos franceses y los artículos de opinión, unánimemente críticos, severamente críticos, de las reacciones al problema de los obispos portugueses me llevaron a actuar”, dice nuestro medio partner en Portugal, 7MARGENS. «No tanto como un ciudadano profundamente indignado que soy, sino como un católico perturbado por la insensibilidad de la jerarquía al problema y por la incapacidad de la Iglesia portuguesa para mirarse a sí misma».

“De ahí la iniciativa de interrogar directamente a los obispos, pidiéndoles que despierten, que piensen estratégicamente y con el corazón en Jesús, y que pongan en marcha una investigación en la misma línea” a lo ocurrido en Francia, explica Nuno Caiado.

El «marco de malestar público tiene un alto potencial para generar sentimientos anti-eclesiásticos, acelerar la separación de las personas de la vida religiosa y degradar la relación de la sociedad con la Iglesia», agrega el documento, antes de apelar «con vehemencia a la realización de esto», como una cuestión de urgencia «de» una investigación nacional rigurosa, integral y verdaderamente independiente, con una duración de 50 años, bajo la responsabilidad de un comité de expertos integrado exclusivamente por católicos laicos, no creyentes, profesionales de las ciencias sociales y de la justicia, cuya autonomía e independencia son absolutamente incuestionables, aunque eventualmente sea aconsejada por algún elemento del clero ”.

Efecto de la carta

Nuno Caiado dice que espera que la carta tenga efecto: «Es una esperanza moderada, pero la tengo, la tengo que tener, incluso contra la realidad». Su “temor es que los obispos mantengan la tradición de no escuchar las voces más incómodas dentro de la Iglesia, que es de todos”. Pero eso, agrega, «tendrá que cambiar, y mientras lo hemos estado diciendo durante décadas, la oportunidad que brinda la frescura, el realismo, la previsión y la decencia de nuestro Papa Francisco debe usarse en favor del cambio».

El texto concluye con el mismo tono de esperanza de que los firmantes sean escuchados y sus “consejos fraternos seguidos, ahora sin dudarlo”. Admitiendo también «que las posiciones tomadas por los obispos portugueses tienen buenas intenciones, con miras a proteger a la Iglesia», la carta dice que «no pueden evocar ninguna lógica teológica, moral o sociológica en la que se basen». Y luego dice: «Creemos, con nuestros obispos, que los derechos de las víctimas y los valores sagrados del Evangelio, aquí violados, son los únicos que deben ser atendidos».

Nuno Caiado agrega que “los obispos entenderán esto; si no ahora, como deberían, algún día lo será ”. Pero, añade, «quizá nos sorprendan: somos muchos los que rezamos con la convicción de que nos sorprenderán y nos quitarán el motivo de poca esperanza».

¿Sin casos de abusos?

La carta también menciona que “la respuesta a la presunción anticipada de la existencia de víctimas en el contexto de la realidad portuguesa: casi no hay casos denunciados”. Pero, agrega, este argumento no puede “ser considerado seriamente”, pues ya se ha comprendido que “este tipo de acciones, observadas en la Iglesia Católica en todas las latitudes y entornos culturales, son sistémicas y están directamente relacionadas con el ejercicio del poder en el interior y, en otro plano, con maniobras de ocultación pasivas o activas ”. Pero también se desconoce “qué razones sociológicas o de otro tipo podrían existir que protejan específicamente a la Iglesia portuguesa”, agrega el texto.

Para los firmantes, lo que está en juego es que solo la verdad “permite una relación libre y transparente con aquellos” a quienes la fe invita a servir. “Por esta razón, creemos que solo una investigación profunda e independiente puede confirmar esta eventual excepcionalidad de la Iglesia en Portugal. Si no se toma esta iniciativa, tememos que la inacción del CEP sea vista por la sociedad portuguesa como un encubrimiento ”.

Nuno Caiado destaca la aceptación que tuvo la idea, movilizando a un “número muy significativo” de personas, muchas de ellas “agradeciendo la idea y apoyándola con mucha vehemencia”.

Firmantes

Entre los firmantes se encuentran, además de los nombres ya mencionados, profesores de la Universidad Católica como Juan Ambrósio e Inês Espada Vieira, y la asesora de la respectiva rectoría, Rita Paiva y Pona.

También hay sacerdotes en la lista (António Samelo, de Coimbra, José Luzia, misionero en Mozambique, y José Serafim Alves de Sousa, sacerdote casado). También firmó el documento el jurista André Folque, miembro del Comité de Libertad Religiosa, al igual que el diputado José Manuel Pureza o el exministro Fernando Gomes da Silva.

Para los firmantes, la investigación independiente no debe ser responsabilidad del organismo que el episcopado se propone crear para coordinar las comisiones diocesanas de protección de menores y unificar procedimientos sobre el problema.

La lista incluye profesores como Adel Sidarus, Alfreda Fonseca, André Lamas Leite, Angela Barreto Xavier, Deolinda Machado, Helena Topa Valentim, Isabel Allegro de Magalhães, José Rosa, José Vieira Lourenço, Luís Mah, Luís Soares Barbosa, Manuel Brandão Alves, Manuel Pinto, Maria Luísa Ribeiro Ferreira, Maria Paula Madeira, Mendo Castro Henriques, Paula Abreu o Teresa Toldy.

También hay varios nombres de médicos (António Cardoso Ferreira, Alice Cardoso, Carlos Araújo, Cláudia Conceição, Emília Leitão, Isabel Osório, Inês Nolasco, Luís Lito, Marta Parada), artistas y periodistas (Ana Cordovil, Catarina Castel-Branco, Cláudia Alves, Jorge Wemans). Pero entre los doscientos quinientos firmantes, también hay quienes se presentan simplemente como “lector en una parroquia” (Margarida Carvalho) o “ama de casa” (Victória Corrêa de Sampaio).

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