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«A votar en el plebiscito» fue el mensaje principal de los obispos en los Te Deum pero algunos hablaron mejor con gestos que con palabras

Entre las crisis que vive Chile, la del episcopado no repunta, salvo pequeños signos de obispos que recién comienzan su ministerio y que abren esperanzas. En general siguen siendo discursos pronunciados desde arriba que no entusiasman ni convencen. En este siglo 21, falta sal y pimienta para dejar atrás esa iglesia acallada, invisibilizada e ignorada por la opinión pública y la feligresía.
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(SANTIAGO, 18.09.2020 – KAIRÓS NEWS).-  Las dos diócesis más innovadoras desde el punto de vista del escenario escogido fueron Santiago y San Felipe, en ambos casos estas ceremonias se realizaron en lugares abiertos, al aire libre, lo cual permitió que los invitados e invitadas alcanzaran el tope de 50 personas permitidas por las normas sanitarias.

El gobierno con la campaña de «fondéate» en Fiestas Patrias, que tiene dos acepciones, una que hace referencia a la parranda en fondas y la otra que alude al escondite en una persecución, marcó el contexto vivido por la población que en estas fiestas, de la cual una parte, una menor parte, siguiera estas tradicionales liturgias  por redes sociales.

En Santiago, se trató del segundo Te Deum en la historia del país que se realizó fuera de los muros de la Catedral Metropolitana. Esta vez tuvo lugar en el Santuario de María Inmaculada, ubicado en la cumbre del cerro San Cristóbal de la capital, con un día primaveral pero cuya visión panorámica fue empañada por una leve bruma. El anterior Te Deún no realizado en la Catedral fue el de 1973, durante el golpe militar.

En San Felipe, entre tanto, el Te Deum 2020 se realizó por primera vez fuera de la Catedral y la ceremonia litúrgica tuvo lugar en el Complejo Patrimonial El Buen Pastor, que antiguamente fue el convento de la hermanas de la congregación homónima y que hoy es un museo y un centro de espiritualidad.

Ambos obispos, Celestino Aós de Santiago y Gonzalo Bravo de San Felipe, presidieron las respectivas acciones de gracia con simples signos episcopales en su vestir.

Aós lo hizo con la sencillez del capuchino que es y Bravo con la vestimenta propia de un presbítero común. En la misma línea siguió Jorge Concha, en Osorno, franciscano, quien sin embargo presidió en su cátedra del principal templo de la ciudad. Otro sencillo en el vestir fue Sergio Pérez de Arce, de Chillán, quien realizó la oración de acción de gracias por la patria, solo acompañado de un coro en una capilla que fue transmitida por redes sociales.

Sin embargo, desde el punto de vista de los mensajes que habitualmente se transmiten en estas fiestas, el encierro físico de Pérez de Arce contrastó con su apertura en la visión de país. El obispo de Chillán, puso el foco en la falta de un proyecto para Chile que sea capaz de generar adhesión de todos los sectores para construir un futuro en base al bien común y sobre todo destacó la dimensión colectiva al señalar los desafíos en cuanto «pueblo».

Proyecto Común

«La patria es una construcción común en la que muchos aportan, en la que muchos han dado hasta su vida, y nosotros recibimos mucho de los demás». «Pero hoy —agregó— también es una buena oportunidad para mirar el país que estamos edificando y los desafíos más urgentes que enfrentamos. ¿Qué necesita Chile de nosotros hoy en día? ¿Cuáles son las tareas más esenciales a enfrentar? ¿Qué llamado nos está haciendo el Señor como pueblo? Creo que el gran desafío es caminar juntos, redescubrir la gracia y el deber de caminar juntos para construir un país de hermanos. Es bastante evidente, y así lo observan muchos, que hoy nos falta un proyecto común que nos una como país, un sueño colectivo que aúne voluntades, un propósito compartido en torno al cual nos pongamos de acuerdo», señaló en una reflexión.

Y luego Sergio Pérez de Arce (foto izq) fue al próximo plebiscito. «También tenemos una responsabilidad todos los ciudadanos, la grave responsabilidad de edificar lo común y actuar con coherencia. Es legítimo que las personas busquen su propio desarrollo, es legítimo buscar con el propio esfuerzo la realización de los anhelos personales. ¡Quién de nosotros no quiere que cada persona salga adelante y progrese en todos los sentidos! Pero no somos solo individuos, aislado cada uno de los demás, sino personas, seres en relación, llamados a caminar juntos. Eso es lo que nos ha mostrado con nitidez la pandemia, que no nos podemos salvar solos, sino juntos, pero parece que una y otra vez dejamos de aprender la lección».

«Estamos próximos a un importante plebiscito. Es una buena oportunidad para reforzar nuestro sentido colectivo, para proyectarnos como una comunidad que aborda sus desafíos más urgentes y establece un marco compartido por dónde caminar. Todo esto será posible si participamos con responsabilidad. Invitamos a votar el próximo 25 de octubre, a vencer comodidades, indolencias y temores, y aportar con nuestra opinión y compromiso a la edificación de la patria. Invitamos, sobre todo, a promover caminos de diálogo, con respeto, sin descalificaciones, sabiendo que la patria se construye en forma compartida, en base a valores esenciales que, estoy seguro, la gran mayoría del país comparte».

El tema del plebiscito fue un tema común en las diferentes homilías de los obispos en este Te deum, incluso de los prelados que renunciaron hace dos años en Roma. Lo coincidente en todos ellos fue el llamado a cumplir con la obligación cívica del Plebiscito Nacional de octubre próximo. Para esto, algunos dieron clase de imparcialidad sustentados en criterios bíblicos, teológicos y del magisterio. El problema es que la supuesta imparcialidad no garantiza mayor credibilidad en el pueblo de Dios.

Cumplir obligación cívica

Gonzalo Bravo, (foto der) quien asumió hace una mes en San Felipe, inició el tema en su Te Deum que se celebró el viernes 17. Encomendó a Dios «la consulta ciudadana referente a la carta constitucional, sabiendo que el corazón de una constitución solo tendrá impacto si es que renovamos nuestro corazón con nuevos valores. Es importante sentirse partícipes activos de la construcción de nuestra patria; desde ya invito a cumplir con la obligación cívica de ir a votar en el Plebiscito, no sin antes informarse adecuadamente. Parte importante de lo que queremos ser estará regido por la carta constitucional, que deberá marcar el camino de desarrollo humano integral», señaló.

«Pascua Lama»

Ricardo Morales (foto abajo) quién fue ordenado hace una semana y recién asume la diócesis de Copiapó, en la ceremonia de acción de gracia en esta Fiestas Patrias afirmó que celebraba «que en el día de ayer el Primer Tribunal Ambiental determinó el cierre total y definitivo del proyecto minero Pascua Lama. Se ha puesto en evidencia, una vez más, que ‘la magnitud del peligro de daño en la salud de las personas hace necesario el cierre de Pascua Lama”. Corroboramos que el esfuerzo de tantos y tantas, sobre todo en nuestra región, por frenar este proyecto, está dando frutos para el bienestar de todos. Confiamos que las instancias judiciales que vienen, ratifiquen lo manifestado ayer», afirmó.

«Necesitamos aguzar los sentidos y ensanchar el corazón, para entender que no todo es negocio, que primero están las personas, pues como nos dice el Papa Francisco, tenemos que ‘…despertar y escuchar el grito de los pobres y de nuestro planeta tan gravemente enfermo'», añadió.

Futuro Común

Y Morales, quien sí celebró en la Catedral con todos sus signos episcopales, avanzó con el tema del plebiscito: «Nuestro país el próximo mes de octubre tendrá un plebiscito donde deberemos decidir sobre si queremos tener o no una nueva Carta Fundamental, una nueva Constitución que como cuerpo normativo nos ayude a sentirnos con un pasado y futuro común, donde cada uno de nosotros pueda sentirla como propia. Es cierto que una Constitución no es la solución a los problemas más acuciantes que sufre nuestra patria, por eso el compromiso de todos los servidores públicos debe ser, con el respeto a las legítimas diferencias, propiciar el diálogo y el respeto cívico. Como nos ha dicho el Evangelio, debemos trabajar por la justicia, y también por ser constructores de paz, nunca de violencia».

Posteriormente agregó: «En octubre pasado vivimos diversas manifestaciones, que pusieron de manifiesto el profundo malestar de muchos en nuestra patria por las  condiciones de injusticia e inequidad en que nuestra sociedad se encuentra. No es posible hablar de justicia con pensiones de hambre para nuestros adultos mayores, no es posible hablar de justicia cuando la salud de calidad es privilegio de pocos, no es posible hablar de justicia cuando los trabajadores quedan sujetos a una precariedad laboral escandalosa, no es posible hablar de justicia cuando existen sectores invisibilizados, como los migrantes o las personas en situación de discapacidad. De todos se exige un compromiso responsable, pero más si nos llamamos cristianos y católicos, pues lo que nos orienta en la vida es el Evangelio, la Palabra de Jesús, que nos enseñó a ser hermanos».

Morales concluyó  diciendo: «Humildemente invito, si se decide iniciar un proceso de nueva Constitución, a todos los laicos de nuestra diócesis, constituidos en Pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo… a cumplir su propio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad’”.

En Santiago

«Trabajar para que la justicia y la verdad estén a la base de nuestros proyectos», dijo Celestino Aós desde la cumbre del San Cristóbal. «Eso implica en primer lugar participar en las instancias de elección y decisión. Participe, haga su aporte expresando su voluntad a través del voto. Participe. Para decidir bien, infórmese: que le digan las consecuencias de cada opción, pero no permita que nadie le obligue a cómo votar o que nadie decida por usted. Para informarse, además de leer, dialogar: escuchar con respeto, exponer nuestras ideas».

«Nosotros tenemos que avanzar porque seguimos empantanados en un estilo necio y contaminado: no se dialoga ya que ni se escucha al otro, ni se reflexiona, y siguen los insultos, las descalificaciones. No es el camino: si tenemos cincuenta personas y se insultan, se descalifican, se agreden, con reunir quinientas o cinco mil, pero en el mismo estilo, no lograremos sino tener un barullo mayor y una violencia más constante. Es tarea de todos, pero quienes tenemos autoridad o relevancia social debemos dar ejemplo».

Nada nuevo

En el resto de las diócesis hubo conceptos parecidos sobre todo con respecto al próximo plebiscito. El sacerdote Gonzalo Espina, (foto der) administrador apostólico de Valdivia, llamó a reflexionar sobre el país que queremos para las próximas décadas y para ello recordó diferentes criterios que surgen de las lecturas bíblicas, entre los cuales destaca la coherencia y el bien común.

El arzobispo de Puerto Montt, Fernando Ramos, habló desde su cátedra en el principal templo de la ciudad pero completamente vacío, y que fue difundido por «Facebook live», como dijo y por la radio de la iglesia. Juan González, obispo de San Bernardo, dijo que los males que estamos sufriendo son para aprender. Destacó la familia y la solidaridad y que hay miles de personas que ayudan pero que hay un «altísimo porcentaje» sin trabajo a las cuales la iglesia ha llegado solo por amor o caridad. Al concluir señaló que «no podemos ser una nación en que cada uno viva para sí mismo».

Ignacio Ducasse, arzobispo de Antofagasta, redundó en las consecuencias de la pandemia, «la violencia que paraliza la vida ciudadana» y la que se percibe en lo cotidiano y en redes sociales. Hizo referencia a que no hay razones para faltar el respeto a las autoridades y que éstas actúen de modo autoritario. Concluyó llamando la atención sobre la realidad de los migrantes. Fernando Chomalí, arzobispo de Concepción, en el mismo sentido abordó el tema de la violencia que es fruto de la situación de la droga en el país «que afecta el ejemplo social de Chile y a las nuevas generaciones», señaló.

 

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